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  • Escuchando hablar a Beatriz de Maura

    » Clarin

    Fecha: 25/04/2026 06:55

    Murió Beatriz de Moura, a los 86 años, en Barcelona, seis años después de que comenzara a sentirse ajena al mundo, alegre con los suyos, a los que no llegaba a reconocer, extrañada de su propio ser, ausente. Dirigió durante cuarenta años una de las grandes editoriales del mundo, Tusquets, cuya gestión fue siempre suya, potente, severa y apasionada. Su sucesor, Juan Cerezo, fue su amigo siempre, también en la penumbra de los años oscurecidos de esta mujer inolvidable. En la gran época de la editorial plenamente suya, fue asistida muy de cerca por quien fuera su marido, Toni López, que le regaló alegría y pasión por lo que ella misma sabía hacer: revolver la historia a favor de la literatura. La entrevisté muchas veces, y en una ocasión para mi inolvidable la entrevista se convirtió en libro cuyo título, Por el gusto de leer, publicado por sus propios editores, Juan Cerezo, Josep María Ventosa, es para mí un legado y una reliquia. Nos vimos tantas veces Era dura y sabia, tranquila, risueña y condolida, pero también era una muchacha que no dejó de serlo tampoco cuando ya no nos conocía. No la vi nunca en ese estado, aunque en esos raros duermevelas de los últimos años, antes de su derrumbe, sí la encontré (quizá como yo ahora mismo) expresando con rabia el camino sin fin de la partida. La entrevisté, ya digo, muchas veces, en Madrid o en Barcelona, o en Frankfort, adonde iba cada año a explicarle al mundo del libro cuáles eran sus pasiones de lectura y de vida, los libros que hacía, los libros que seguían pendientes, sus mejores libros por hacer, españoles o extranjeros. Escribir de ella se me hace como un nudo en la garganta. Cuando supe que Beatriz acababa de morir, el viernes 17 de abril, yo acababa de bajar de un avión en La Orotava, Tenerife. Los compañeros de El País me pedían una crónica que subrayara su paso por la tierra, y en ese momento, esa tarde, yo sólo tenía en mi memoria la misma capacidad de recuerdo que tantas veces tuvo ella misma en los últimos años antes del final de su lucidez. Llamé a mi mujer y ella estuvo rebuscando en la casa las palabras que yo mismo le fui escuchando a Beatriz a lo largo de los años, como si esos renglones me acercaran a ella. Y es así, ella me acerca a los recuerdos del tiempo, cuando yo le preguntaba, cuando ella respondía, y cuando para preguntarle de nuevo yo tenía que redoblar, si podía, la pasión por escucharla hablar. Esas conversaciones fueron amplias y tranquilas; Beatriz no hablaba por hablar, y todo lo que decía era a la vez claro y hondo como un testamento. Aquí recojo algunos de esos encuentros, que ahora vuelven a mi memoria como si la estuviera escuchando de nuevo, y eso es imposible. Y eso es imposible, no hay dolor que lo remedie, Beatriz no está. He aquí, ahora, aquello de lo que hablábamos No hay fecha, hay tiempo dentro de estas palabras, por tanto hay pasado, ahí lo dejo, en las palabras de Beatriz. --Decías que Jorge Semprún no había recibido el reconocimiento que debería tener en este país ¿Lo comentaste con él? --No, jamás, tampoco él nunca expresó nada en ese sentido. Sus mejores y más importantes libros no fueron los escritos por él en español; los escritos en francés tenían un rigor absoluto Sus experiencias en el campo de concentración los escribió en francés y no tienen ese intento de camaradería que él imprimía a sus textos en español, más laxos y menos rigurosos, en los que casi desaparecía esa parte personal y muy íntima de sus libros en francés --Hablas del fuerte dolor oculto que llevaba consigo --El mismo lo quiso imponer en relación con su periodo en el campo de concentración. Y su salida, que no debió de ser fácil, no la cuenta por ningún lado. Leyendo textos de otras personas que estuvieron en campos y salieron, compruebas que casi todos se ven imposibilitados para explicarlo. Jorge era muy pudoroso, con las palabras también, y hay que tener en cuenta que es más directo, más duro, oír algo en español que en francés, el francés se va por las ramas y los españoles vamos al grano hablando y escribiendo, al menos la generación de la posguerra. Él no tenía palabras que le parecieran adecuadas para explicar ni la más mínima anécdota sobre el campo de concentración. --En [tu] correspondencia hay muchas cartas de intercambio de Almudena Grandes y Toni López. ¿Cómo fue esa relación editorial tuya con Almudena? --Almudena es muy seria en su trabajo, no he visto a ninguna otra mujer trabajar así. Quizá otra que trabaje tan a fondo sus textos es Cristina Fernández Cubas, no le sobra ni una palabra, es una de las grandes al nivel de Almudena, pero por otros motivos El trabajo de Almudena además es profuso, por carácter y por curiosidad. Su curiosidad no tiene fin, se impone esta disciplina que no es propia de una mujer. No conozco grandes escritoras que tengan el mismo rigor en la escritura y en la percepción histórica de un hecho. Ella va a la profundidad desde la base de un hecho histórico, un poco a la manera del Maigret de Georges Simenon, con la misma severa mirada, pero sus personajes no están desquiciados En la primera novela de su serie histórica describe a la mujer que se va de una casa bien a caballo; es una mujer muy echada para adelante, es posible que fuera a caballo como ella imagina. Un día se lo pregunté a Almudena y me dijo: Es que una no se lanza a una aventura como la que voy a explicar si no es por un acto romántico. Se remite a la historia de la literatura romántica en una época que linda con el inicio de la guerra civil y con esa clase de mujeres de la historia de España que luego hemos conocido, condesas y este tipo, que se desprenden de las familias y se van por ahí como un personaje romántico --El esfuerzo es curioso En la carta que te envía Almudena empieza diciendo ¡Uf!, como que el libro le estaba costando mucho ¿Cómo es la correspondencia con Almudena? --En una novela anterior volví a Barcelona pensando que íbamos a perder a una gran autora por mi culpa. No sé si en esa carta se refiere a esa novela --No, hay paz entre ustedes, habla de un libro nuevo que está corrigiendo y que la tiene sobrepasada de trabajo, por eso exclama ¡Uf! ¿Cómo era ella desde el punto de vista de la correspondencia? --Conmigo casi no existió. Toni hablaba con ella por teléfono, también mantenían grandes conversaciones en almuerzos en Madrid. Aquel día en que volví de Madrid le dije a Toni que yo, como mujer editora, no podría intervenir Fue cuando le pasé las lecturas a Juan Cerezo, le conté lo que había pasado y le dije: Mejor que lo hagas tú porque a ella le gustan los hombres. Mantiene conversaciones serias (lo que ella llama serias) con hombres, y con las mujeres de cosas que no pesan. --¿Cómo fueron las primeras cartas con Luis Landero? --Me escribe la primera vez en 1990 y yo le contesto. A partir de ahí todo fue coser y cantar porque prácticamente en sus construcciones, novelas o cuentos, no había nada que objetar, nunca hubo un conflicto, siempre fue lealtad mutua, sin problema. Sí me entusiasmé con Juegos de la edad tardía, su primera novela. Yo sabía por él que varios lectores la habían leído antes en otras editoriales, es lo único que me cabreó, que se la hubiera dado a otros. --¿Por qué apostaste tanto por él? --Porque ya en la primera novela vi que era un escritor como la copa de un pino. Juegos de la edad tardía está tan ajustadamente escrita que no hay desencuentros: no había imperfección Luego hay más entrevistas, más pasión literaria, más Beatriz yendo al centro de su historia como editora. Cuando supe que había muerto sentí que el mundo que ella nos regaló, el discurso, la pasión, sus palabras, estarían siempre en estos papeles que ahora me miran como si ella me los estuviera trayendo del tiempo que no acaba. Sobre la firma Newsletter Clarín

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