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» TN
Fecha: 25/04/2026 05:46
La escuela va hacia los chicos. Esa es la idea que guía a Julio Pereyra, docente y creador de un proyecto con el que recorre comunidades vulnerables del norte argentino para dar educación, salud básica y acompañamiento social en provincias como Misiones, Santiago del Estero y Tucumán. Todo empezó en un basural. Entre montañas de residuos, Pereyra se encontró con chicos que vivían, comían y trabajaban ahí, al margen de la escuela y de cualquier cuidado básico. Esa imagen fue un quiebre que lo obligó a escuchar, hacer y quedarse en el terreno. Leé también: Una campaña que visibiliza historias que cambian vidas en todo el país a través de la enseñanza Al principio, la urgencia marcó el camino. Enseñó hábitos de higiene y prevención de enfermedades, lo más inmediato para ese contexto. Pero con cada regreso comprendió que lo que veía era apenas una parte: detrás había analfabetismo, abandono escolar y chicos con discapacidad sin ningún tipo de acompañamiento. Enseñar también es denunciar A mí me enseñaron que era un derecho que los chicos vayan a la escuela. Yo aprendí que es una obligación que la escuela vaya a los chicos, confesó a TN. De esa convicción nació Caminos de Tiza, una iniciativa que no solo busca acercar la educación, sino también visibilizar lo que muchas veces permanece oculto. En ese sentido, el proyecto se convierte también en una forma de denuncia: pone nombre, rostro e historia a realidades que suelen quedar fuera del mapa. El docente comprendió que su desafío iba mucho más allá de la enseñanza tradicional. En zonas rurales y comunidades indígenas, los chicos enfrentan múltiples barreras para desarrollarse: desde la falta de asistencia médica hasta la ausencia de recursos y acompañamiento. Por eso, el proyecto dejó de ser una escuelita fija y se convirtió en itinerante, y lleva educación y salud directamente a cada comunidad. Leé también: La discapacidad y el futuro que todavía no pensamos La diferencia con la escuela convencional es evidente: Caminos de Tiza no se limita a seguir los contenidos escolares habituales, sino que acompaña a los chicos en su desarrollo integral. Trabajamos en habilidades, conocimiento del entorno y orientación social, siempre adaptándonos a lo que cada comunidad necesita, explicó el docente. También abordan la discapacidad con herramientas concretas, desde el uso de tecnologías asistivas hasta comunicación alternativa. El objetivo no es certificar saberes, sino mejorar la vida cotidiana. Condiciones extremas y falta de apoyo Sostener el trabajo no es fácil. Pereyra enfrenta calor extremo, mosquitos y enfermedades. Tuvo dengue. Además, se mueve en zonas en las que hay narcotráfico, trata de personas y pobreza estructural. El riesgo es constante. No cobra por lo que hace, y eso tiene un costo. El cuerpo pasa factura, dice. Su vida personal y laboral también se ve afectada. A eso se suma la falta de apoyo. El proyecto funciona de manera casi independiente, con muy pocas personas que cubren todas las tareas: desde dar clases hasta reparar prótesis o gestionar donaciones. También enfrentan resistencia institucional. Nos ven como una amenaza por lo que mostramos, explicó Pereyra. El trabajo dice se realiza en gran parte desde el anonimato. Historias duras y cambios reales Las historias que encuentra son duras. Hay chicos con enfermedades sin tratar hasta situaciones de abandono extremo. El docente participó en el rescate de muchos nenes, pero recuerda sobre todo a quienes murieron. Sin embargo, también hay cambios. En algunas comunidades lograron reducir el analfabetismo, mejorar el acceso a la salud y bajar la mortalidad infantil. Leé también: Tiene 19 años, detectó una falta de propuestas en educación y creó su propio proyecto En Misiones, por ejemplo, construyeron una escuela y lograron que decenas de chicos ingresen al sistema educativo. También impulsaron bibliotecas itinerantes, roperos solidarios y becas. Para Pereyra, las familias son una parte central del proceso. El trabajo no se limita a los chicos, sino que incluye a todo el entorno. Se enseña en la vida diaria, en lo cotidiano, muchas veces son las propias familias las que expresan qué necesitan aprender. Después de años en el territorio, su motivación sigue intacta. Cuando me preguntan de qué lado de la grieta estoy, digo que estoy adentro, sacando a los que cayeron, reveló. Su objetivo es claro: denunciar, visibilizar y actuar frente a una realidad que según sostiene, muchas veces mata en silencio.
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