25/04/2026 07:20
25/04/2026 07:20
25/04/2026 07:20
25/04/2026 07:20
25/04/2026 07:17
25/04/2026 07:12
25/04/2026 07:12
25/04/2026 07:07
25/04/2026 07:05
25/04/2026 07:03
» TN
Fecha: 25/04/2026 05:46
Susana (54) reconoce que la vida, a veces, te obliga a frenar en seco. Hace 64 dÃas que un nervio ciático rebelde la mantiene lejos de su rutina hiperactiva como personal trainer. Pero en esa quietud forzada, no hay soledad. A su lado está Raúl, que a los 91 años se mueve con la vitalidad de quien ha desafiado cada ley de la biologÃa y, sobre todo, cada prejuicio social. Su historia no es la de un flechazo convencional, sino la de una construcción que empezó con un desafÃo deportivo y terminó rompiendo todas las estructuras de una familia tradicional. Leé también: Ella tiene 25, él 68 y se conocieron en un hotel: cuentan cómo es el matrimonio con 43 años de diferencia Todo comenzó en febrero de 1994, en una pista de atletismo. Susana tenÃa 21 años y un objetivo entre ceja y ceja: entrar al Instituto Superior de Educación FÃsica. El examen era brutal; las mujeres debÃan completar once dominadas en la barra, una prueba de fuerza que parecÃa imposible. Raúl, que por entonces tenÃa 59 años y ya era un reconocido profesor de gimnasia, la vio frustrada junto a otra compañera. El instructor a cargo le pidió una opinión: ¿Qué me decÃs de esto, profe?. Raúl, con la seguridad de quien conoce el cuerpo humano como la palma de su mano, les hizo una promesa: Si vienen a mi gimnasio, yo les aseguro que hacen las once repeticiones. Susana, con la picardÃa de la juventud, le retrucó: Profesor, si usted logra eso, yo le regalo un kilo de dulce de leche de San Ramón. Ese kilo de dulce de leche fue el contrato simbólico de una relación que empezó como maestro y alumna. Susana viajaba tres horas desde su pueblo natal, levantándose a las tres y media de la mañana para estar en la puerta del gimnasio a las seis. Raúl vio en ella una disciplina inquebrantable. Un año después, el maestro se dio cuenta de que lo que sentÃa ya no cabÃa en un manual de entrenamiento. Creo que estoy enamorado de vos, le dijo. Ella, con honestidad brutal, respondió: Profe, te quiero muchÃsimo, pero no te amo. Lejos de rendirse o presionar, Raúl eligió la paciencia estoica. Siguió siendo su guÃa, su mentor emocional en grupos de reflexión donde aprendÃan a mirar hacia adentro. Fue esa constancia, esa mirada auténtica que no pedÃa nada a cambio, lo que finalmente conquistó a Susana cuando cumplió los 23. Al poco tiempo, decidieron mudarse a un monoambiente: cocina, baño y un futuro incierto pero deseado. Raúl fue muy auténtico y consecuente. Tuvo mucha paciencia, nada de apurate que necesito que me contestes. Ese año fue de mucho autocrecimiento para mÃ. Empezamos a trabajar en un grupo de coordinación emocional y él me aportó mucho para mirar hacia adentro, explicó Susana a TN. Ambos son uruguayos y hoy viven en Montevideo, una ciudad que a mediados de los 90 no estaba preparada para verlos caminar de la mano. Los prejuicios llovÃan desde todos los frentes. A Raúl, sus amigos le decÃan viejo verde o le advertÃan que le estaba arruinando la vida a una joven. Yo ya estaba buscando excusas, pensaba que por la diferencia de edad ella podrÃa ser mi nieta. Pero lo que sentÃamos era muy fuerte. Para nosotros, el amor era dar todo lo mejor de uno hacia el otro sin pedir nada. Se fue naturalizando hasta que nos dimos cuenta de que éramos una sola cosa, éramos nosotros, dijo Raúl. Yo vengo de una familia súper estructurada, nadie estaba separado. Que yo saliera con un hombre 38 años mayor impactó a todos. Mamá no lo entendió. La única que me dijo mi hijita, si estás enamorada, dale para adelante fue mi abuela materna, contó Susana. Contra el mundo y los prejuicios Cuando la relación se hizo pública, el entorno social reaccionó con dureza. Raúl recordó los comentarios sin filtro: Todos pensaban lo peor. Mis amigos me decÃan ella quiere tu plata. Los más veteranos me acusaban de arruinarle la vida. Susana añadió que, lejos de esconderse, decidieron usar el humor como escudo: Cuando Ãbamos a un boliche y nos preguntaban si yo era su hija, Raúl hacÃa bromas. DecÃa sÃ, es mi nieta, y todos se lo creÃan. Empezamos a jugar con eso y nos dio más fuerza. Cada vez que el mundo nos decÃa que no, nosotros tenÃamos más ganas. Hoy, tras 32 años juntos, la pareja no solo comparte un hogar, sino también una hija de 22 años, SofÃa, que estudia nutrición, es modelo y jugadora de hockey. La diferencia de edad, que para muchos era una sentencia de muerte para la relación, se convirtió en su mayor activo. Raúl, quien a los 80 años se consagró campeón del mundo en decatlón y salto con garrocha, es un testimonio viviente de que el tiempo es relativo cuando hay un propósito. En sus redes sociales, donde se presentan con honestidad poniendo sus edades de frente, buscan derribar mitos. No lo hacen por fama, sino por servicio. Tenemos una experiencia que le puede servir a muchos, precisó Susana. Para ellos, el amor fue un proceso intelectual y emocional que se naturalizó con el tiempo. Estudian juntos neurociencia y bienestar. Cada vez que el mundo dice que no, nosotros tenemos más ganas y decimos que sÃ, resume Raúl.
Ver noticia original