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» tn24
Fecha: 25/04/2026 04:42
Las situaciones de violencia hacia niños, niñas y adolescentes pueden presentarse de distintas formas. Algunas son evidentes, pero muchas otras permanecen ocultas. El castigo físico como método de crianza, la violencia psicológica, la desvalorización constante o la falta de cuidados adecuados forman parte de prácticas que, en numerosos casos, se naturalizan dentro del ámbito familiar. Según datos difundidos por la Organización Mundial de la Salud en noviembre de 2024, seis de cada diez niños menores de cinco años en el mundo -unos 400 millones- sufren regularmente castigos corporales o violencia psicológica por parte de sus cuidadores. Además, una de cada cinco mujeres y uno de cada siete hombres declararon haber sufrido abusos sexuales durante la infancia. En Argentina no existe aún un sistema integral de datos oficiales que permita medir con precisión la magnitud total del fenómeno. Sin embargo, algunos registros reflejan su gravedad. De acuerdo con la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, durante 2023 se registraron 5.391 niñas, niños y adolescentes afectados por situaciones de violencia doméstica. En el 80% de los casos, las personas denunciadas fueron familiares directos, lo que evidencia la complejidad de una violencia que ocurre dentro de los entornos que deberían brindar protección. Los datos también muestran la diversidad de agresiones sufridas: el 96% padeció maltrato psicológico o emocional, el 34% abusos físicos y el 9% violencia sexual. Además, el 59% atravesaba episodios de violencia diaria o semanalmente. Especialistas advierten que las consecuencias del maltrato infantil pueden extenderse durante toda la vida, afectando la salud física y mental, el rendimiento escolar, la inserción laboral y los vínculos sociales. También existe riesgo de reproducción intergeneracional de la violencia, cuando quienes fueron víctimas en su niñez repiten esas conductas en la adultez. Frente a este panorama, la prevención aparece como eje central. El acompañamiento a las familias, la capacitación de docentes y adultos responsables, el fortalecimiento de los sistemas de protección y la generación de espacios seguros donde niños y adolescentes puedan expresarse son herramientas fundamentales. En este marco, distintas organizaciones sociales renovaron su llamado a reforzar políticas públicas sostenidas que prioricen el bienestar integral de las infancias y garanticen entornos libres de violencia.
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