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  • La trampa de la batalla cultural: por qué echar a todos los periodistas de la Rosada no le hace bien a nadie

    » TN

    Fecha: 24/04/2026 21:32

    El odio no es una linda emoción. Está comprobado que odiar hace mal. Sin embargo, el Presidente insiste con una frase que repite como parte de la batalla cultural: No odiamos lo suficiente a los periodistas. ¡Qué obsesión! Desde el punto de vista político, la batalla cultural contra el periodismo tiene cierto sentido. Muchas veces dijimos, desde este humilde lugar, que este oficio está desprestigiado en Argentina: por operaciones, por malas lecturas de la realidad, o por errores propios. De hecho, hay números que le dan la razón al Gobierno. Según la última encuesta de la consultora Pulso, el 14,2% de los argentinos tiene confianza alta en el periodismo, el 33,8% tiene confianza media, el 50,6% tiene confianza baja y el 4,9% no sabe. Acá somos los primeros en decir que el periodismo argentino tiene muchas cosas para mejorar. Ahora bien, cuánto mejor sería si el Gobierno tuviera la misma energía, la misma obsesión, la misma sagacidad y la misma pasión para otras cosas. Bien podría decir el Gobierno: No odiamos lo suficiente a los corruptos. O a los coimeros. O a los narcos. O a los ñoquis que nos dejó La Cámpora. O a los mafiosos que manejan la AFA. O a los fondos reservados de la SIDE. Quiero ser absolutamente justo con lo que siento. El Presidente de la Nación tiene todo el derecho del mundo a defenderse y a responder cuando un periodista, un político, un economista o un empresario lo ofende, miente, difama u opera. Vale responder. Vale corregir. Vale calentarse. Ahora bien, las generalizaciones arbitrarias de echar a todos los periodistas de la Casa Rosada no le hacen bien a nadie. Por supuesto que en el periodismo hay de todo: gente mediocre, operadores, profesionales excelentes, laburantes, maestros, extorsionadores, gente que se disfraza de periodista. Como en todas las profesiones. Lo mismo ocurre con los economistas, con los empresarios, con los jueces, con la policía y con los políticos. No hay profesiones benditas ni profesiones malditas. El problema es que no se puede perder tanto tiempo y tanta energía en esto, porque hay muchas cosas serias en este país que no están resueltas. La pobreza infantil no está resuelta. De hecho, 6 de cada 10 chicos son pobres, según la UCA. La inflación no está resuelta. De hecho, todavía está en 3,4% mensual. El deterioro educativo no está resuelto. Según las pruebas PISA, solo 1 de cada 4 chicos de 15 años puede resolver una regla de tres simple. El poder adquisitivo de los jubilados no está resuelto. La jubilación mínima es de $450.000 y la canasta básica está en $1.800.000. Hay mucho para resolver en Argentina. ¿Parece razonable que el tema sea la guerra santa contra el periodismo? El problema es confundir las cosas. No se puede confundir lo que pudo haber sido el error de un periodista joven y audaz con una operación siniestra de espionaje. Si hubo periodistas contratados por agencias rusas para generar fake news, que paguen. Si hay periodistas que en realidad son mercenarios del micrófono que se dedicaron a inventar noticias financiados por el gobierno de Putin, que se arreglen con el Código Penal. Si hay periodistas que avisan de antemano que su función es voltear a un gobierno, también que se arreglen con el Código Penal. Leé también: El juez Rafecas cerró la causa por el viaje de la esposa de Adorni a EE.UU. en el avión presidencial Es el caso de Roberto Navarro, quien llegó a declarar abiertamente en su programa que su objetivo era derribar a un gobierno. Eso da bronca, y es entendible. Porque eso no es periodismo: es militancia disfrazada. Pero de ahí a pensar que un chico con unos anteojos con cámara busca voltear a un gobierno, hay una distancia sideral. La pregunta de fondo debería ser más profunda: ¿qué buscan con esto? ¿Qué ganan? ¿Por qué pierden tanto tiempo? ¿Hay alguien en el Gobierno que le diga al Presidente: Che, es por otro lado. Peléate con la mafia. Peléate con los corruptos. Peléate con Massa. Peléate con los ñoquis. Peléate con Insfrán. Peléate con Tapia. Peléate con Grabois? ¿Hay alguien en ese Gobierno que se atreva a contradecir al Presidente? ¿O todos le tienen terror? Por supuesto que el kirchnerismo busca capitalizar esta decisión de Milei. Pablo Duggan y Fernando Borroni ya salieron a celebrarla. Y a esto hay que sumarle lo que dijo el gobernador Axel Kicillof: El Gobierno nacional se dedica a prohibir el ingreso a la Casa Rosada de los periodistas acreditados, y que se trata de una decisión gravísima y absolutamente incompatible con la libertad de la que tanto le gusta hablar a Milei. Esto sí que no lo vimos venir: el kirchnerismo dando lecciones sobre libertad de expresión y libertad de prensa. El kirchnerismo fue el gobierno democrático que más persiguió al periodismo profesional en toda la historia argentina. Son los que provocaron la caída de una antena de Radio Mega para presionar a Hadad a vender sus medios. Los que rompieron un diario en vivo y en directo. Los que mandaron gendarmería al Grupo Clarín. Los que sacaron una ley de medios para obligar a vender TN y Canal 13. Los que ponían afiches de Magdalena Ruiz Guiñazú y Mirtha Legrand para ser escupidos por nenes en la Plaza de Mayo. Los que pidieron la cabeza de Nelson Castro en Radio del Plata. Los que mandaron a echar a Juan Micheli de la TV Pública porque cuestionó que La Cámpora usara pecheras en una inundación. Los que hacían informes todos los días en 678 para fusilar a cualquiera que pensara diferente. Los que llamaban a Coto para que dejara de poner auspicios en diarios o programas incómodos. Los que inventaron NODIO para perseguir periodistas. Leé también: El kirchnerismo encontró a su nuevo Alberto Fernández: por qué Kicillof está condenado a repetir la historia ¿En serio el kirchnerismo se cree en condiciones morales de dar cátedra sobre libertad de prensa? Esta gente persiguió sistemáticamente al periodismo durante 20 años. No puede hablar del tema. A los que están ahora en Casa Rosada se les recomienda, con mucha humildad, que no sigan este camino. Uno entiende la bronca. Uno entiende que el periodismo no es un coro de ángeles. Uno entiende que hay operaciones. Pero no entren en la misma obsesión que tuvo el kirchnerismo. Mucho más cuando este país sigue roto. No repitan los errores del pasado. Gobernar no es discutir con los micrófonos. La historia premia a los que resuelven. Opiniones libres; hechos sagrados.

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