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» La Nacion
Fecha: 24/04/2026 12:20
Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo. Karim Crucce, boxeador argentino: Ojalá pueda superar lo que hizo mi viejo Su padre, Walter, fue figura del pugilismo nacional a mediados de los 90; su mamá peleó por el título mundial hace más de una década; él se ilusiona con dejar una huella entre los pesados: Hoy el boxeo es mi estilo de vida - 9 minutos de lectura' Es la misma mirada y el mismo espíritu; es el mismo apellido y hasta el mismo nombre. Son las mismas ilusiones, pero en otros tiempos. Desde aquel Walter Javier Crucce convertido campeón panamericano en Mar del Plata 1995 hasta este joven Walter Karim Crucce que hoy emerge como una potencial esperanza del boxeo argentino, transcurrieron más de 30 años. Sin embargo, en ese puente de coincidencias y diferencias que une el pasado glorioso del padre con el promisorio presente del hijo, hay un sueño familiar que se mantiene inalterable. Y aunque todavía es prematuro hacer conjeturas, lo que va pasando en cada una de las presentaciones de Karim invita a mirarlo con atención. Como alguna vez pasó con su papá A los 20 años, este joven de cuerpo gigante, mirada mansa y gesto amable, nacido en la ciudad de Las Flores, provincia de Buenos Aires, se ha transformado en una grata aparición para el entumecido presente del boxeo argentino, más allá de su apellido. Con su 1,85 metro, sus casi 100 kilos y un estilo efectivo y contundente como el de su papá en sus mejores tiempos, acumula ocho peleas ganadas por KO y un total de 11 rounds disputados, en poco más de un año como boxeador profesional. Ojalá pueda superar lo que hizo mi viejo, le dice Karim a LA NACION, apenas comienza a reflejar su historia en el espejo de su padre. Yo lo vi pelear muy poco a mi papá. En el final de su carrera, cuando más disfrutó boxear. Pero me gusta mirar sus peleas de la mejor época por YouTube y aprender de las condiciones técnicas que tenía. Creo que si no llegó a campeón del mundo, fue por cuestiones extraboxísticas. Y en eso me aconseja mucho y me escucha mucho, porque no quiere que yo cometa sus errores ni él cometer errores conmigo, se sincera, despejando cualquier peso que le puede significar ser el hijo de: Ahora yo quiero escribir mi propia historia, lo mío es diferente. Lejos de esa tradición familiar que inició su abuelo Marcelo y continuó su papá Walter -y que, paradójicamente, se convirtió en una carga para su carrera-, Karim empezó en el boxeo más por una necesidad física que por un principio deportivo: con sólo 15 años llegó a pesar 130 kilos. La pandemia me ayudó un montón a cambiar mi vida, porque comencé a entrenar boxeo con mi papá y mi abuelo en el gimnasio municipal con la urgencia de bajar de peso y me fui enganchando cada vez más, se sincera. Eso derivó en la decisión de hacerse profesional después de una errante pero fructífera campaña amateur. Hoy el boxeo es mi estilo de vida, repite satisfecho Karim, que actualmente ocupa el cuarto escalafón en el ranking argentino de la categoría pesado. De la piel para afuera, Karim está muy tranquilo, sereno, tratando de explicar -y explicarse- este momento esperanzador. Quién sabe los sentimientos que lo rodean en los rincones de su intimidad, allí donde nadie más que él puede adivinar los latidos y las sensaciones que corren por sus venas después de lo vivido y ante la posibilidad de disputar próximamente el título argentino y romper el récord que, nada más y nada menos, Ringo Bonavena estableció en 1965, cuando con 22 años se convirtió en el campeón nacional pesado más joven de la historia tras vencer por puntos a Goyo Peralta, en el Luna Park. Cuando empecé con esto, a medida que se fueron dando los resultados, lo primero que me propuse fue quedar en el historia del boxeo argentino como campeón, sin pensar que podía superar algo logrado por un grande como Ringo Bonavena. Obviamente, es una gran motivación, porque Ringo es un personaje que está más allá de la historia del boxeo. Sería fantástico que lo pueda disputar y ganar contra alguno de los rankeados, se anima a contar tímidamente, sin dejarse llevar por la emoción ni minimizar la sombra de una leyenda como Ringo. Más allá del contexto y el nivel de rivales que ofrece la actualidad de los pesos pesados en el país, los impactantes números y el muy buen estilo de Crucce junior lo hacen merecedor de esta atención. Sobre todo, porque en Argentina no abundan boxeadores en esta categoría con su biotipo y su habilidad técnica. Por ahora, mi objetivo es pelear con los mejores de acá, como Chiquito Bracamonte, Leandro Robutti, Víctor Ramírez, Ringo Juárez, Jonatan Vergara o Emiliano Mendoza, y ver para qué estoy. En mayo voy por el título argentino pesado contra algunos de ellos y después veré, advierte, divisando muy consciente lo posible. Lo otro, eso de pedir a los mejores pesados del mundo, es una quimera por ahora. Aunque pensar que Karim sea quien salde la deuda histórica del boxeo nacional y se convierta en un futuro en nuestro primer campeón mundial pesado es una apuesta sin sustento. Algo que ni a él mismo se le cruza por la cabeza. Físicamente soy muy chico para los monstruos de afuera. La idea es hacer mi carrera internacional en peso crucero (90.72 kg) o en peso bridger (101.6kg), que es la nueva categoría intermedia, dice Karim. Algo que su papá Walter refuerza con una opinión concluyente: Tampoco está al nivel de Usyk. Tiene mucho por seguir aprendiendo. Crucce junior es un pibe que sustenta buena parte de su presente en los objetivos que tiene fijado, lo que no habla de otra cosa que de la enorme seguridad en sí mismo. Barbero de profesión y confeso admirador de Muhammad Ali, también aspira a cumplir otras metas más allá del ring. Este año espero poder terminar la secundaria, ya que con el tema de los entrenamientos tuve que abandonar, y estudiar algo relacionado a la informática, que es otra de las cosas que me apasiona, comenta. La vida de Karim, antes de este presente, no escapaba a la de cualquier pibe de 14 años que crecía en medio de la tranquilidad de una ciudad de 30.000 habitantes como Las Flores. Era escuela por la mañana y algún picadito por la tarde. Era juntarse con amigos en el boulevard de la avenida principal y disfrutar de unos mates viendo la gente pasar. La famosa vuelta al perro, que se dice en el interior. Eso de ser el grandote del grupo lo ayudó mucho a no sufrir bullying. Aunque siempre había alguno que tenía que ubicar, no me afectaba demasiado. Pero llegó un momento que comencé a sentirme incómodo con mi cuerpo y no podía jugar al fútbol, que era lo que más me gustaba.. Mi mamá era la que más preocupada estaba, rememora. Su mamá es Roxana Laborde, también exboxeadora, que disputó el título mundial ligero FIB ante la rosarina Victoria Bustos en 2013, cuando Karim apenas tenía ocho años. Ella está constantemente encima con el tema de la comida y los cuidados previos a cada pelea. Trata inculcarme el mismo profesionalismo que ella tuvo y que, a lo mejor, le faltó a mi viejo, cuenta. La franqueza de su decir expone sus convicciones: sabe lo que quiere y tiene claro lo que debe hacer si quiere triunfar. Karim tiene el mejor espejo para su carrera. Si quiere triunfar, no debe repetir mis errores. A mí me hizo muy mal ganar el oro panamericano en Mar del plata. Se volvió una presión, no se me permitía pelear mal, perder, cuenta su papá. Dentro del cambio generacional que el boxeo nacional sufrió a fines de los noventa, el nombre de Walter Crucce estaba llamado a ser uno de los sucesores de la gloriosa camada integrada por Locomotora Castro, Látigo Coggi y Julio César Vásquez. Las batallas con Kojak Silva y Paulo Sánchez lo rebautizaron el Golden Boy Argentino. Pero la holgada derrota por puntos ante el italiano Michele Piccirillo, el 20 de mayo de 2000, en Italia, produjo su estancamiento profesional. Me faltó más profesionalismo, algo que a él le sobra. Es muy responsable. Mi gran problema siempre fue el peso, admite Welter, que en sus más de 18 años de profesional hilvanó un récord de 50 triunfos (37 ko) y 13 derrotas. Lo que antes generaba Walter con el preciosismo de su estilo y su carisma, ahora lo irradia Karin con el bailotear de sus piernas y la contundencia de su pegada. Sin embargo, más allá de los estilos, hay otros factores que diferencian el proceso de formación de uno y otro que ilusionan al padre con un final distinto. Él no tiene las presiones que tuve yo. Yo soy su técnico, pero ante todo su padre. Con mi viejo, por no saber manejar esto y, otro poco por mi rebeldía, chocábamos mucho y las cosas no salieron bien. Lo de Karim es distinto, él decidió este camino y yo lo acompaño. Sus días están forjados en ilusiones y en la búsqueda de una identidad boxística que permita concretarlas. No se define como un estilista ni un pegador, aunque confiesa que no tiene problemas en intercambiar golpes e ir a las cuerdas si es necesario. Soy un boxeador con buenos movimientos de piernas y manos justas. Tengo cosas del estilo de mi viejo pero somos diferentes, explica Karim. Él boxea mejor que yo, porque combina técnicas y actitud. Algo que a mí faltó, sentencia Walter, sin ocultar ese brillo particular que le genera hablar con orgullo de su hijo. Y allí, en medio de esa telaraña de susurros que despierta su presente, nacen algunas comparaciones inútiles con lo que fue en sus inicios la figura de su papá Walter y lo que es hoy Karim. Él tomó al boxeo como medio de vida, yo por mi salud; él arrancó a pelear en ligero y terminó en medio pesado, yo arranqué en pesado y quiero bajar a crucero; lo de él ya pasó y lo mío recién comienza. Espero llegar lejos, asume con toda su carga de despreocupación, consciente de que eso no le significa ningún peso porque tiene claro su norte. Un preciado bagaje para quien quiere transitar el mundo del boxeo profesional en busca de un sueño: quedar en la historia.
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