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Paraná » Confirmado.ar
Fecha: 23/04/2026 14:49
La reciente decisión del intendente Pablo Javkin de izar la bandera de un Estado extranjero en el mástil mayor del Monumento Nacional a la Bandera no es solo un gesto político polémico; es, ante todo, una afrenta a la simbología patriótica y una violación flagrante del carácter sagrado de nuestro máximo altar civil. El Monumento a la Bandera en Rosario no es un centro de convenciones, ni la pared de un comité, ni mucho menos una extensión de la política exterior del municipio. Es el sitio donde Manuel Belgrano izó por primera vez los colores que nos dan identidad. Es un espacio que pertenece a todos los argentinos y que, por ley y tradición, debe estar reservado exclusivamente para la enseña nacional. Al colocar la bandera de Israel o la de cualquier otra nación, independientemente de la causa que se pretenda abrazar en el lugar más alto de nuestra soberanía local, la intendencia rompe con el protocolo de neutralidad y respeto que el cargo exige. La política internacional es competencia exclusiva del Poder Ejecutivo Nacional, no de un intendente que busca posicionarse ideológicamente a costa de la desnaturalización de un hito histórico. ¿En qué momento se decidió que el patrimonio de los rosarinos podía ser utilizado como una pizarra de anuncios para los conflictos geopolíticos del mundo? La solidaridad ante tragedias o conflictos internacionales puede manifestarse de mil maneras: iluminando edificios, emitiendo comunicados o realizando actos en espacios públicos. Pero el mástil del Monumento es intocable. Es el eje de nuestra nacionalidad. Esta decisión sienta un precedente peligroso. Si hoy se iza una bandera por una causa, ¿qué impedirá que mañana se haga por otra, convirtiendo nuestro Monumento en un campo de batalla simbólico de intereses ajenos? Gobernar Rosario requiere, entre otras cosas, entender que hay símbolos que están por encima de la coyuntura y de las afinidades personales del gobernante de turno. Izar otra bandera allí donde solo debe flamear la celeste y blanca no es un acto de valentía política; es un acto de profunda ignorancia histórica y un desprecio por la solemnidad que ese mástil representa para los 45 millones de argentinos. La bandera argentina no necesita compañía en su monumento. El intendente debe recordar que su despacho está en el Palacio de los Leones, pero el Monumento es de la Patria. Menos gestos para la tribuna internacional y más respeto por nuestra propia historia.
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