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  • Cómo es el pueblo más alto de Europa: preserva una cultura ancestral en un país que es tendencia en turismo

    » Clarin

    Fecha: 23/04/2026 10:14

    En lo profundo de la región de Alta Svanetia, en Georgia, entre las espectaculares y abruptas montañas del Cáucaso y caminos que muchas veces se vuelven intransitables en invierno, aparece Ushguli: un conjunto de aldeas que no solo parecen detenidas en el tiempo, sino que ostentan un récord singular. Es que, a más de 2.100 metros sobre el nivel del mar, Ushguli es considerado el asentamiento habitado de forma permanente más alto de Europa. No es un pueblo único sino una comunidad de pequeñas aldeas que conservan una fisonomía medieval casi intacta, cada una con su propio nombre, como una localidad con distintos barrios: Chakhashi, Chviani, Zhiviani y Murkmeli. Entre todos suman unas 60 familias que viven en las alturas de las montañas con sus animales, como desde hace siglos. Aunque desde hace un tiempo la vida viene cambiando, especialmente por el turismo: Georgia es un país de moda, cada vez más visitado, y por ello hay muchos más turistas llegando a Ushguli, donde han abierto hospedajes en casas de familia y también hoteles y bares, y los jóvenes comenzaron a hablar en inglés para recibir a los visitantes. Las torres de los cuidadores de la montaña Entre las características distintivas de la zona, hay un elemento arquitectónico que se destaca: las torres de piedra familiares (Torres Svan), construidas entre los siglos IX y XVIII como estructuras defensivas, todo un sello del paisaje. Estas torres, junto con el conjunto arquitectónico, forman parte central del conjunto que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996. Entre casas de piedra, callejones estrechos y vacas o burros que caminan libremente, la vida en la zona sigue un ritmo lento, ancestral, cuya identidad bien puede sintetizarse en la Iglesia de la Madre de Dios, o iglesia de Lamaria, uno de los puntos más emblemáticos. Allí coexiste una mezcla de tradiciones cristianas y creencias paganas, una característica propia de la cultura local. Es que esta zona del Cáucaso, llamada Svanetia (o Svaneti), está habitada por los esvanos, un subgrupo de la población georgiana que desde siempre fue el encargado de proteger los pasos de montaña. Los esvanos (o svans) hablan su propio idioma (esvano), además del georgiano, y pertenecen a la Iglesia ortodoxa y apostólica georgiana. Cristianizados en el siglo IVV, debido en gran parte a su aislada ubicación, los esvanos mantuvieron sin embargo creencias del paganismo local, en un particular sincretismo en el que San Jorge, santo patrón de Georgia, sea su santo más respetado. La cultura propia -o mejor dicho, con un desarrollo propio debido a su ubicación geográfica que propició un escaso contacto con el resto del país- se manifiesta también en su vestimenta, similar a la georgiana pero con sus particularidades, y especialmente en su música, sus danzas y sus canciones polifónicas, más complejas que las de otras zonas del país. Y, más allá de la historia y sus particularidades, algo que define a Ushguli, como a muchos sitios, es su gente. La hospitalidad georgiana no es un cliché y aquí, al igual que en otros puntos del país, se traduce en alojamientos familiares, comidas caseras compartidas y una cercanía difícil de encontrar en destinos masivos. Esquiar sin red Lejos del lujo y la postal típica de los centros de esquí de moda cada invierno, se podría decir que este rincón de Georgia seduce justamente por lo contrario: su crudeza. No hay medios de elevación ni infraestructura de resort. Lo que hay es nieve virgen, un silencio profundo y una experiencia que exige esfuerzo, pero paga con autenticidad. El esquí que se practica en la zona es de travesía, ideal para niveles intermedios y avanzados. Se lo suele calificar como un destino de esquí salvaje, sin telesillas ni servicios de alta gama pero con itinerarios imperdibles para los amantes de este deporte. Además, de la zona se puede ver cerca la cumbre del pico Shkhara, de 5.193 metros, que es la cumbre más alta de Georgia y la tercera del Cáucaso, con un glaciar en las alturas. El gran atractivo invernal de Ushguli es, paradójicamente, lo que no tiene. Sin aerosillas ni pistas señalizadas, el esquí acá es sin intermediarios. Esquiar significa subir la montaña con pieles, elegir la línea según las condiciones del día y bajar por pendientes intactas. La experiencia, coinciden los guías de la zona, va más allá del deporte: implica una inmersión cultural. No se trata solo de deslizarse por la nieve, sino de hacerlo en un entorno donde la vida tradicional sigue vigente y el esquí de travesía fue desde siempre, y en casos sigue siéndolo, un medio de transporte. La antesala: Mestia El viaje hacia Ushguli indefectiblemente comienza en Mestia, el principal centro urbano de Svanetia. Allí muchos viajeros eligen pasar unos días para aclimatarse y hacer una primera toma de contacto con la montaña y la cultura local, para lo cual es recomendable visitar el Museo de Etnografía de Svaneti, en Mestia. Muy cerca de esta localidad está el centro de esquí Hatsvali, una opción más convencional que la de Ushguli, ya que cuenta con telesillas, pistas y alojamientos de montaña, y permite calentar motores antes de adentrarse en terrenos más exigentes. Desde sus laderas se obtienen grandes vistas del monte Ushba, una cumbre icónica del Cáucaso conocida como el Matterhorn de la región. El tramo de carretera entre Miesta y Ushguli es toda una experiencia. Normalmente lleva entre dos y dos horas y media, aunque el tiempo puede variar mucho según el clima y en invierno puede demandar hasta 4 horas, e incluso en ocasiones la nieve puede aislar completamente la zona, lo que refuerza su carácter remoto. Una vez en Ushguli, el ritmo cambia, como si se atravesara un portal temporal. No hay apuros, no hay multitudes. Solo montaña, historia y una forma distinta de entender el viaje y, quizás, la vida. El país de moda En los últimos años, el turismo en Georgia viene creciendo, y particularmente desde el fin de la pandemia, todas las guías sobre el tema lo recomiendan por ser un destino con mucha historia y una gran naturaleza, y por ser económico y seguro, con hoteles y restaurantes de buen nivel a precios accesibles. Por su política de visas, que permite a ciudadanos de gran parte del mundo permanecer hasta un año sin trámites adicionales, Georgia se ha convertido en un "hub" para trabajadores remotos o "nómadas digitales". Además de la interesante Tiflis (Tbilisi, en georgiano), capital del país, con su mezcla de arquitectura antigua, art decó y soviética, y desde el fin del comunismo con nuevos y modernos cafés, locales nocturnos y hoteles, el país ofrece una cultura y paisajes impresionantes, de los valles y montañas del Cáucaso a la región vinícola de Kakheti o ciudades excavadas en la roca, como en Capadocia. También se destaca por su gastronomía, compuesta por platos únicos como el khachapuri (pan con queso) o los khinkali (dumplings georgianos), acompañados de una milenaria tradición vitivinícola. Cómo llegar A Tiflis (capital de Georgia) hay vuelos desde más de 60 destinos internacionales, incluyendo ciudades europeas como Estambul, París, Londres, Viena o Múnich, además de conexiones con Asia y Medio Oriente. Desde Argentina, las opciones más directas suelen ser las de Lufthansa y Qatar Airways. Por Lufthansa, con escalas en Frankfurt y Múnich, desde US$ 2.572,10 ida y vuelta. Qatar Airways, con escalas en San Pablo y Qatar, desde US$ 3.507. De Tiflis hay vuelos a Mestia operados por Vanilla Sky desde el aeropuerto de Natakhtari. Duran 1h 30' y cuestan desde 23 dólares por tramo. Por tierra son entre 8 y 10 horas. De Mestia a Ushguli en 4x4, de 2 a 3 horas, entre US$ 20 y US$ 25 por persona. Dónde alojarse Hay habitaciones simples con calefacción y en muchos casos desayuno y cena, en casas de familia. Se consigue alojamiento desde US$ 13 por persona. En hoteles, desde US$ 55 la habitación doble. Cuándo ir - Invierno (diciembre a marzo): es ideal para esquí, pero con riesgo de aislamiento por nieve. - En primavera y verano (abril a septiembre) los caminos están despejados y es el momento para el trekking y las actividades culturales y de montaña. Claves para programar el viaje - Siempre contratar guía local: el terreno y el clima pueden cambiar rápido. - Llevar efectivo: no hay cajeros automáticos en Ushguli. La moneda georgiana es el Lari, que cotiza a 2,68 por cada dólar. - Prepararse para una desconexión al menos parcial: la señal de teléfono e internet es limitada y los servicios, básicos. - No es un destino para esquiadores principiantes; hay que tener experiencia previa en esquí de travesía. Sobre la firma Newsletter Clarín

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