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  • El descubrimiento que hizo Harvard sobre la vejez que obliga a cambiar la mirada sobre esta etapa de la vida

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    Fecha: 23/04/2026 09:44

    Durante mucho tiempo, la vejez estuvo asociada casi de manera automática con la idea de declive inevitable. Menos fuerza, menos autonomía, menos deseo y menos participación. Pero esa mirada empezó a quedar vieja. No porque envejecer no traiga desafíos, sino porque hoy se vive más, con trayectorias mucho más diversas y con evidencia cada vez más clara de que no todas las personas envejecen de la misma manera. Desde Harvard advierten que repensar qué significa ser viejo se volvió urgente en una época en la que crece la expectativa de vida, pero también la necesidad de revisar prejuicios culturales, modelos de atención y formas de participación social. Según Harvard, un estadounidense nacido en 2024 puede esperar vivir hasta los 79 años, la cifra más alta registrada en ese país. Pero también marca una diferencia clave: vivir más no es lo mismo que vivir bien. Entre los mayores de 65 años, el 93 % tiene al menos una enfermedad crónica y, después de los 55, alrededor del 42 % desarrolla demencia. Aun así, también hay un grupo cada vez más visible de personas que logra llegar a edades avanzadas con buena salud y sin deterioro cognitivo importante. El riesgo de pensar la vejez como fragilidad Uno de los aportes más interesantes de Harvard pasa por mostrar cómo ciertas ideas sobre la edad pueden afectar incluso la atención médica. Maud Jansen, historiadora de la ciencia y candidata a doctora en medicina en Harvard, contó que durante sus rotaciones clínicas le incomodaba escuchar a algunos médicos hablar de pacientes mayores como si ciertos malos desenlaces fueran inevitables. Frente a esa mirada, lanzó una pregunta incómoda: Es un tema espinoso, porque en cierto modo tenemos que aceptar que la gente envejece y puede tener consecuencias negativas. Pero, ¿estamos seguros?. Para Jansen, pensar a una persona mayor solo como frágil puede naturalizar malos resultados y frenar intervenciones útiles. De hecho, sostiene que la concepción cultural de las personas como frágiles puede naturalizar los malos resultados como inevitables. No todo depende de la suerte William Mair, profesor de metabolismo molecular en la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard, asegura que quienes llegan con buena salud a edades muy avanzadas no son simplemente afortunados. Algunas personas gozan de una salud increíble: centenarios o personas muy activas hasta los noventa y tantos años. Eso no es solo cuestión de suerte, afirma. Según Mair, hay varios factores que parecen influir en la velocidad con la que envejece el cuerpo: - actividad física - buena alimentación - sueño adecuado - vínculos sociales - ingresos y educación - el lugar donde se vive Mair incluso pone un ejemplo muy gráfico: en Boston hay una diferencia de 23 años en esperanza de vida entre dos barrios separados por apenas un par de kilómetros. Es decir, también se envejece según las condiciones sociales y económicas. El aislamiento, uno de los grandes enemigos Nancy Donovan, psiquiatra y profesora asociada de la Facultad de Medicina de Harvard, advierte que muchas personas mayores, al notar señales de deterioro físico o cognitivo, reaccionan achicando su vida cotidiana: salen menos, dejan actividades y se aíslan. Y ahí puede empezar otro problema. Las personas comienzan a deteriorarse y luego se aíslan, señala. Y agrega: El aislamiento puede precipitar un mayor deterioro. Su recomendación apunta a resistir ese repliegue: - aumentar la actividad física - cuidar los hábitos de salud - mantener la curiosidad - seguir conectados con el mundo Lejos de una visión sombría, Donovan también rescata algo valioso de esta etapa: si la salud acompaña, puede ser un tiempo de más libertad, hobbies, viajes y sentido personal. Incluso dice que los años previos a los 75 u 80 pueden ser la mejor época de la vida. Leé también: Como vivir mas de 90 años con salud segun uno de los mayores expertos en longevidad del mundo En el fondo, esa parece ser la gran discusión que abre Harvard: dejar de pensar la vejez como una categoría única, cerrada y necesariamente triste. Porque envejecer existe, claro. Pero cada vez hay más evidencia de que no significa lo mismo para todos ni obliga a aceptar sin más una historia de deterioro. La pregunta ya no es solo cuánto se vive, sino también cómo se vive ese tiempo. ,

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