23/04/2026 10:32
23/04/2026 10:30
23/04/2026 10:30
23/04/2026 10:29
23/04/2026 10:29
23/04/2026 10:29
23/04/2026 10:29
23/04/2026 10:28
23/04/2026 10:28
23/04/2026 10:28
» TN
Fecha: 23/04/2026 08:48
En el corazón de la cuenca lechera santafesina, la tecnología dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad medible. En Rafaela, un equipo de investigación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) viene trabajando desde hace más de diez años en la validación de un sistema de ordeñe robotizado que no solo redefine la productividad, sino que también plantea una nueva forma de entender el trabajo dentro del tambo. Leé también: La Justicia dispuso la quiebra de Sancor, la emblemática cooperativa láctea El modelo se basa en la automatización del ordeñe, un proceso históricamente asociado a rutinas rígidas y alta demanda física. En este esquema, las vacas se ordeñan de manera voluntaria, guiadas por su propio ritmo y necesidades fisiológicas, mientras un sistema inteligente registra cada variable productiva y sanitaria en tiempo real. Leé también: Europa revisa su ley ambiental mientras crece la presión del campo por cambios urgentes Los resultados son contundentes. La producción individual promedio alcanzó los 32 litros por vaca, con picos de hasta 37 litros en los momentos de mayor rendimiento. Este salto permitió consolidar un dato clave: la producción por hectárea se estabilizó en torno a los 30.000 litros anuales, un nivel que triplica los promedios tradicionales tanto a escala provincial como nacional. Más datos, más eficiencia Detrás de estos números hay un cambio estructural en la forma de gestionar el sistema productivo. La integración de robótica, sensores y plataformas de análisis de datos permitió monitorear en tiempo real indicadores productivos, operativos y del rodeo. Según explicó el investigador Miguel Taverna, del INTA Rafaela, este enfoque posibilita sostener altos niveles de producción al mismo tiempo que optimiza el uso del tiempo y mejora las condiciones de trabajo. El sistema registra, por ejemplo, la frecuencia de ordeñe que promedia 2,3 veces por vaca al día, el consumo de alimento y los parámetros sanitarios de cada animal. Leé también: La carne de guanaco también se plantea como una alternativa para el consumo En términos operativos, el robot alcanza un promedio de 146 ordeños diarios, con más de seis ordeños por hora, lo que evidencia un uso intensivo y eficiente del equipamiento. Este rendimiento también está vinculado a la adaptación del rodeo al sistema voluntario, un factor clave para sostener la productividad sin generar estrés en los animales. La alimentación también forma parte del esquema de precisión. Con dietas diseñadas para alcanzar los 40 litros diarios, el consumo promedio se ubica en torno a los 25 kilos de materia seca por vaca, lo que permite ajustar la relación entre insumos y producción con mayor exactitud. Bienestar y trabajo Uno de los aspectos más destacados del sistema es su impacto en el bienestar animal. La incorporación de un galpón con sistema de cama fría permitió mitigar los efectos del estrés térmico, especialmente durante los meses de altas temperaturas. Este cambio se reflejó en una menor frecuencia respiratoria y en una condición corporal estable en el 84 % del rodeo. En paralelo, los indicadores sanitarios mostraron mejoras significativas. La mastitis clínica, una de las principales enfermedades que afectan a los tambos, se mantuvo en niveles bajos, entre el 4 % y el 8 %, gracias al monitoreo permanente que ofrece la tecnología. Leé también:Anunciaron una inversión de US$2000 millones para crear una planta de celulosa en Corrientes El uso eficiente de los recursos también forma parte del modelo. En el caso del agua, el sistema logró una relación de 6,7 litros por cada litro de leche producido, con un recupero cercano al 80 % mediante la captación de agua de lluvia y el tratamiento de efluentes. Estos datos no solo reflejan eficiencia, sino también una mayor sostenibilidad del proceso productivo. Pero el cambio más profundo tal vez no esté en los números, sino en las personas. La automatización transformó la organización del trabajo dentro del tambo. Las tareas físicas repetitivas, tradicionalmente asociadas al ordeñe, fueron reemplazadas por actividades de monitoreo, análisis y toma de decisiones. Leé también: Del discurso a las decisiones: el carbono empieza a medirse en el campo, para más productividad sustentable Este nuevo esquema introduce una lógica distinta: el operario deja de ser un ejecutor de tareas para convertirse en un gestor del sistema. La jornada laboral gana en flexibilidad, y el entorno de trabajo mejora en términos de ergonomía y calidad de vida. Además, este tipo de modelos abre la puerta a nuevos perfiles laborales, vinculados al manejo de datos, la tecnología y la gestión integral del establecimiento. En un contexto donde el recambio generacional es uno de los desafíos del sector lechero, este aspecto cobra especial relevancia. Leé también: Lanzan una nueva plataforma para vender y comprar activos ambientales del campo A lo largo de la década analizada, el sistema atravesó distintos escenarios productivos, incluyendo períodos de estrés climático y variabilidad en la producción de pasto. Estas situaciones obligaron a realizar ajustes y permitieron identificar puntos críticos, fortaleciendo la capacidad de respuesta del modelo. Hoy, el tambo robotizado del INTA Rafaela se posiciona como una referencia en la generación de conocimiento aplicado. Más allá de los resultados productivos, su principal aporte radica en mostrar que la innovación tecnológica puede integrarse de manera eficiente al sistema agropecuario, generando beneficios que trascienden lo económico. En un sector atravesado por desafíos estructurales, la experiencia deja una señal clara: producir más no necesariamente implica exigir más, sino hacerlo mejor.
Ver noticia original