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  • Guillermo Kuitca: A esta altura me tengo que acostumbrar a que mi obra me lleve por donde quiera y no al revés

    » La Nacion

    Fecha: 22/04/2026 18:02

    Guillermo Kuitca: A esta altura me tengo que acostumbrar a que mi obra me lleve por donde quiera y no al revés El próximo martes se inaugura en Arthaus la exposición que reúne los Diarios del artista, una serie de 45 piezas redondas y una mesa donde hasta ayer registraba su vida en el taller - 13 minutos de lectura' Es el último día que la mesa redonda está en el centro del taller de Guillermo Kuitca y todavía tiene la última pintura engrampada. Pronto, el diario de estos días, que el artista dibujó y pintó sobre la tela que la reviste, estará colgado en Arthaus, en una muestra muy esperada: Guillermo Kuitca, Diarios 2000-2025. Reúne por primera vez 45 piezas que fueron testigo y huella de la vida del pintor en su lugar de trabajo, donde pasó horas sentado con un libro, una computadora o garabateando mientras hablaba por teléfono. Solo después de una intensa vida cotidiana, las mesas se transformaban en obra. Y esta es la última, porque decidió no hacer más este ejercicio. Pero todavía es una mesa, y ahí nos sentamos a conversar mientras él pasa su mano por la superficie como si acariciara el lomo de un animal. Está despidiéndose de una gran compañera. Todo comenzó cuando llevó de la casa de sus padres al taller una mesa redonda de jardín. En 1994 le puso un cartón para evitar que los lápices se cayeran al piso por las hendiduras entre las tablas de madera y en esa superficie empezó a trazar una cartografía de sus jornadas. La primera presentación pública la hizo en la Fundación Cartier de París en 2000. Después, un conjunto integró la retrospectiva Guillermo Kuitca. Obras 19822002 organizada por el Museo Reina Sofía de Madrid y el Malba, en 2003. En 2007, la monumental instalación de los Diarios se presentó en el Arsenale de la 52º Bienal de Venecia con la curaduría de Robert Storr. Siguieron girando en muestras internacionales como la individual de 2012 en The Drawing Center de Nueva York y museos de Michigan, Denver, San Pablo y Suiza. Los primeros Diarios, de 1994 a 2000, se conservan hoy en el Musée dArt Contemporain de Luxembourg (Mudam). Un conjunto posterior (20002005), integrado por 19 partes, fue incorporado en 2009 a la colección del célebre filántropo Paul G. Allen (cofundador de Apple) y subastado en la histórica venta de su colección en Christies, Nueva York, en 2022, donde se vendieron a precio récord. Desde el martes 28, se reúnen con los 26 posteriores, en un conjunto de 45 piezas que ya no va a separarse. Cada parte tiene por título la fecha de cuando empezó y terminó de ser mesa. -Un largo camino para estos Diarios. -Yo empecé con los diarios en el año 94 y a partir del año 2000-2025 se consolidaron en una única obra de 45 partes que es lo que se va a ver en Arthaus con un dispositivo que diseñamos específicamente para mostrarlos. Han viajado por todos lados. Empezaron en la Fundación Cartier en París. Tenían 6 años y eran 19 obras, y ese grupo quedó en el museo de Luxemburgo, que es donde se conservan. Y yo seguí la práctica de los diarios, sin modificar la estructura, que fue siempre la mesa, y cada diario fue distinto porque cada día, cada momento, es diferente. Siempre estuvo en mi taller, en la planta alta o en la planta baja. Siempre cerca mío. Y mucho del tiempo que dediqué al resto de mi obra, lo pasé sentado en esta mesa, haciendo lo que yo hago cuando tengo un lápiz en la mano o un pincel. Son el encuentro de cosas muy diversas, completamente superpuestas y probablemente caóticas. Creo que eso refleja un poco el bochinche que es la cabeza de uno, pero también su riqueza. No es solo confusión. -¿Y un poco de la vida cotidiana también? -Sí, refleja la vida cotidiana de un pintor, que no es la que contaría un diario del estilo querido diario. Pero da cuenta de la cotidianeidad en tanto a las marcas, las imágenes y, a veces, los datos. Los Diarios que se van a ver, sobre todo los del año 2000, donde todavía los dispositivos no tomaban completamente la información de uno, tienen números de teléfono, direcciones de e-mail, medidas, cuentas. ¡Hay de todo ahí! Porque de algún modo estas mesas para mí no eran solo el lugar donde yo hacía marcas, sino donde anotaba información. Hoy es muy raro que uno tenga la necesidad de anotar un número telefónico, por ejemplo, porque sería muy artificial sacarlo del dispositivo, escribirlo, para volver a meterlo. Yo no quise falsear la información. Pero en los Diarios que se van a ver de los primeros años, hay muchos nombres, muchas direcciones. Hay muchas palabras también. -Acá se lee ¿detalle?, ¿remera? -Los últimos Diarios tienen menos palabras. Este es el último. Y además decidí exponer la mesa por primera vez. Ni siquiera cuando estuvieron en Venecia, que fue un gran momento, mostré la mesa; quedó en mi taller y de algún modo seguía registrando el tiempo. Pero esta vuelta le di un cierre a esta serie. Los Diarios terminan acá, en esta mesa. Y por eso vamos a mostrar la mesa y la silla. -¿Y qué va a pasar cuando se vaya esta mesa de acá? ¿Comprarás otra? -Vendrán otras cosas. Curiosamente, en el taller de la planta baja hay una , pero que tiene objetos, más que marcas. Cosas colgando. Casi como si te dijera que los diarios entre el 2000 y el 2025 son bidimensionales, y las nuevas mesas, que ya no son diarios, parecerían tener cosas, objetos. Esto que empiezo ahora no tengo la menor idea de qué es. -¿Teatrinos? -También, sí. Construcciones. Mi obra me está llevando cada tanto a un lugar tridimensional. Como pintor, tengo un registro propio de una vida muy bidimensional. Sin embargo, cada tanto me veo pintando espacios tridimensionales o haciendo esculturas. Como te decía, la obra pide algún tipo de volumen que a veces está dado por la representación de los espacios que hago en los cuadros. Y a veces esos espacios cobran dimensiones y se vuelven objetos o esculturas. Supongo que a esta altura me tengo que acostumbrar a que mi obra me lleve a mí por donde quiera y no al revés. No me pide permiso. Me hace hacer lo que ella quiere y creo que ya acordamos que así debe ser. -En las mesas, siempre queda este espacio medio vacío en el medio: ¿qué es? Es el fantasma de las cosas que estuvieron sobre las mesas. Siempre que trabajé en los Diarios había una pila de libros o de botellas o de tazas. Cosas de trabajo, una paleta inclusive. Entonces a veces lo que ves en los Diarios es una forma bastante arbitraria: el lugar donde se nucleaban estas superposiciones es en los huecos que quedaron vacíos porque no había nada apoyado ahí. Y en general, suelen tener como un hueco en el medio porque había pilas de cuadernos, de latas con pinceles, lo típico de encontrar en un taller. Un parlantito, una compu. Verla así limpia es raro. Está lista para ser embalada y llevada a Arthaus. Es lo que pasa con las obras en el taller. En mi taller soy cuidadoso con mi obra, pero no soy tan puntilloso como para usar guantes blancos. Son cosas que están y que conviven conmigo. Cuando atraviesan la puerta se convierten en objetos que están regulados por el seguro, por quién las lleva, cómo. Es curioso. O sea, un metro más acá, nada, es una cosa que uno mueve de un lado al otro. Yo la toco, me apoyo y probablemente mañana, cuando se la lleven, ya no pueda hacer esto. Esa frontera, que a veces no es más que meramente administrativa, hace que después la obra, de algún modo, cargue con este peso de tener valor, tener que ser cuidada. Y está bien que así sea, pero también está bien que dentro del taller sea un objeto que está vivo. Y estas en especial, ¿han sido registro de la vida del taller? Los Diarios reflejan el movimiento del taller, son como el eco de lo que pasa acá. Hay como un revuelo en el aire y la mesa es el depositario de todo esto. Hay un dato que creo que es fundamental en los Diarios, y es que todos parten de una obra que yo no pude darle una continuidad y no pude llevarla a ese lugar un poco oficial, si se quiere, que es el cuadro que uno firma. No parten de un descarte, pero sí de una obra que quedó sin poder resolverse. Y ese es el fondo sobre el cual después escribo. -¿Nunca es un lienzo en blanco? -Solamente una vez. Entonces hay uno de los diarios que parte de un fondo en blanco porque en ese momento se ve que no tenía otra obra disponible para poner. Si no, son todas obras a las que yo quise darles una segunda oportunidad. Y en tanto Diario cobraron una vida que no tenían. Era un cuadro que se había chocado contra una pared y no iba a ningún lado. Y para mí es importante haber encontrado este modo de dar un lugar a eso que no había llegado a ser obra. Por eso son tan distintos. Todas parten de esta matriz, es una tela que está engrampada en esta mesa. Pero son todas tremendamente distintas. Y reflejan series de distintas épocas como planos de departamentos, teatros, espacios dramáticos, mapas, árbol genealógico Es una mini retrospectiva. Una obra que se hizo en los márgenes de mi trabajo. Cuando empecé a hacer los Diarios no tenía la menor idea si algún día los iba a mostrar. Y se convirtieron en algo muy central. De hecho, muchas de las muestras grandes que hice tuvieron un sector donde estaban los Diarios o fueron solamente de los Diarios. Así que se fueron haciendo el lugar. -¿Es muy atractivo asomarse a la vida privada de un artista? -Creo que lo que cuenta es parte del caos y desorden. También tiene que ver con la complejidad, quizás, de lo que significa pensar en imágenes. Es decir, un pensamiento, por supuesto, menos organizado. Las palabras van por un lado, pueden tener estructuras muy complejas. Pero las imágenes parten de lugares muy mixtos y atraviesan muchos lugares hasta llegar a las obras sin saber muy bien de dónde vienen. Hay una linda genealogía de muchos artistas argentinos. Encuentro ecos en los grafismos y escrituras de León Ferrari, Sarah Grilo, Alberto Greco y también de Víctor Grippo, que hizo su mesa tan linda. Y me pareció interesante que esta obra tuviera a estos maestros dando vueltas, sin que fueran referencias directas. Me gusta también pensar mi obra en el contexto de la historia argentina. Me parece que es hora de que nos hagamos cargo y que nos veamos entre nuestros artistas. Si bien, obviamente, el mundo para mí no empieza y termina acá, me gusta cuando las referencias son más cercanas. -Otro conjunto grande de obras tuyas vuelve al país, las de la Colección Daros adquiridas por Costantini. -¡Son como cien obras! Hay 80 dibujos y 20 pinturas muy importantes. Daros era la más grande colección de obras mía. No sabía que había sido ofrecida, no tenía la menor idea. Sí que sus fundadores habían muerto, y la colección estaba en un limbo. Eso fue una sorpresa. -Vuelven a Malba, un museo donde cada veinte años hacés una exposición. No habrá que esperar dos décadas para verlos, ¿no? -No lo sé. Pero, mirá, estoy pensando algo raro. Este es el segundo año consecutivo que hago una muestra en Buenos Aires. Es muchísimo. Eso es rarísimo. Se ve que la experiencia que me ha dado fue muy buena. Quedé muy contento. La respuesta de los artistas, de los colegas, del público fue realmente buena. Y me quedé con ganas de seguir haciendo muestras. Es un momento de la vida, en realidad, que me siento cómodo. Es un mundo del arte distinto. Hay mucha variedad, muchas voces, muchos artistas. Hay mucha gente que piensa, que escribe. En fin, es un lugar muy rico. Y en muchos lugares es otro paisaje. El solo hecho de que Arthaus es relativamente reciente y tiene una cantidad de público muy grande, con entrada libre, por ejemplo. Volví a tener más frecuencia con el público. Y esta obra no puede ser más distinta de que lo que mostré. Es la continuación de la última de Malba, que llegaba hasta 1986. Después hay un gran bote de silencio. Justo mucho de la obra de Daros es de esa época, así que eso quedará cubierto. -¿Estos últimos veinte años estuviste mucho tiempo alrededor de esta mesa? -Muchísimos viajes hice. Iba mucho a Nueva York, ahora a París. A Madrid, por ejemplo, voy seguido últimamente. Voy a empezar a estar más presente en Brasil a partir del año próximo, tengo una muestra en San Pablo, un ecosistema también muy grande. Mi carrera casi empezó en Brasil al mismo tiempo que acá. Entonces quiero volver a encontrarme con todo eso. Pero la mesa en el taller es un testigo. Porque, aun cuando yo no estaba, sentía que este objeto seguía registrando el espacio alrededor, casi como un dispositivo de grabación. -Leí que los Diarios son como la vandalización de un pupitre. -Es una imagen que uno puede relacionar muy bien. Por ejemplo, encontré un número de vuelo y el horario. Me pasó de haber tenido que ir alguna vez, hace mucho, a buscar en los Diarios alguna información que no tenía en otro lado. Cosas de plata, por ejemplo: pagué tanto, debo tanto, expresado ¿en qué moneda? Una tenía un cartel que decía a la ensalada le falta mayonesa, por ejemplo. Era una nota que había dejado una señora que venía hace mucho, que había cocinado, y quedó ahí y yo la pegué. Normalmente no es una obra donde yo haya invitado a colaborar y tampoco pegar cosas, pero hay un blister de ibuprofeno que está pegado. ¿Y alguien te escribió algo ahí? Una sola vez, y todavía creo que está. Alguien vino de visita y se ve que se habrá confundido de cuáles eran las pautas de la obra y escribió: Great visit (gran visita). Me pareció una pelotudez tan grande que lo dejé. Para agendar Guillermo Kuitca, Diarios 2000-2025. Inaugura el 28 de abril, en Arthaus, Bartolomé Mitre 434; de martes a domingo de 13 a 20. Gratis.

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