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  • Papa Doc, el tirano que usó el vudú y un ejército criminal para devastar Haití durante 14 años

    » La Nacion

    Fecha: 22/04/2026 12:16

    François Duvalier gobernó con mano dura el país caribeño entre 1957 y 1971, etapa en la que sembró el terror en el pueblo mediante la violencia y sus supuestos poderes sobrenaturales - 10 minutos de lectura' Mis enemigos no pueden conmigo. Yo soy un ser inmaterial, repetía François Duvalier. Conocido popularmente como Papa Doc, este dictador que gobernó Haití entre 1957 y 1971 utilizaba sus conocimientos de vudú para sembrar el miedo. Aseguraba que tenía poderes sobrenaturales. Pero la impronta supersticiosa fue solo un componente del largo mandato del haitiano. A eso hay que sumar una política personalista y totalitaria, la corrupción en el manejo de los fondos públicos y un ejército personal dispuesto a aniquilar cualquier disidencia. El resultado es que Papa Doc ejecutó una tiranía que sumió a la pequeña nación del Caribe en el terror y en la miseria más abyecta. Tras la muerte de François Duvalier, el 21 de abril de 1971, asumió la presidencia su hijo Jean-Claude, conocido como Baby Doc, que fue derrocado 15 años después. Ambos mandatarios fueron tan brutales y sus políticas tan devastadoras para el país que los historiadores no llegan a definir cuál de los dos fue el peor de los dictadores de la trágica historia de Haití. Nace el Papa Doc François nació el 14 de abril de 1907 en el seno de una familia de clase media de Puerto Príncipe, capital de Haití. Su padre era maestro de escuela y de su madre se sabe que padecía una enfermedad mental progresiva. Es a razón de eso, estiman los biógrafos, que el futuro líder haitiano se decidió por el estudio de la medicina. Y se graduó como médico en la Universidad de Haití en 1934. Luego de trabajar casi una década en hospitales de su ciudad, el joven Duvalier puso su interés en la salud pública. En 1943 estudió esta área de la medicina en la Universidad de Michigan, en los Estados Unidos, y se dedicó a temas relacionados con la erradicación de enfermedades. De regreso a su país, el médico se dedicó a recorrer su nación, aun los rincones más recónditos, con el fin de combatir enfermedades del trópico como la malaria y el tifus. Su accionar más reconocido fue en la lucha contra el pian, una patología bacteriana que en aquel momento estaba haciendo estragos. Era una dolencia que comenzaba con una afección cutánea pero podía derivar en deformaciones o discapacidades. En los recorridos por la isla (Haití ocupa la mitad occidental de la isla La Española, en la otra mitad está República Dominicana), Duvalier fue tratando los casos mediante el uso de la penicilina. Su actividad sanitaria fue sumamente efectiva. Por ello se ganó, entre los pobladores, la fama de sanador y un apodo que le quedaría para el resto de su vida: Papa Doc. A su vez, en la experiencia en los ámbitos rurales, el médico descubrió la gran influencia que tenía en esas zonas las prácticas y rituales del vudú. Y se interiorizó en esta creencia originada en África, que impactaba a los locales. Así, tras notar la eficacia de sus curaciones, realizadas gracias a la ciencia, el hombre las atribuía a la magia y la religión. Dominio de Estados Unidos y caos político A la par que ejercía la medicina, Duvalier se interesaba por la militancia política. Se unió a un movimiento local llamado noirismo, que abogaba por el empoderamiento de la población negra de Haití (las elites solían ser mulatas) y el rechazo a toda influencia extranjera. En este punto cabe recordar que el país estuvo entre 1915 y 1934 bajo dominio directo de los Estados Unidos. En este período, los estadounidenses realizaron algunas obras de infraestructura, pero el recuerdo que quedó es que gobernaron con muy poco respeto hacia los locales, menospreciando sus capacidades. Luego de esta intervención, la mayoría de los sucesivos mandatarios recibieron mucha influencia y directivas del país del norte. Pero lo central fue que reinó la inestabilidad política, con gobiernos civiles débiles, mucho poder de los militares y líderes con tendencias autoritarias. En ese contexto, Duvalier ocupó distintos cargos menores en administraciones de su país. A mediados de los 40 llegó a ser ministro de Salud, en la presidencia de Dumarsis Estimé, pero un nuevo derrocamiento lo obligó a abandonar su cargo y recluirse por fuera de la política. Duvalier presidente Pero en 1957, con el país al borde de la guerra civil por otra de sus crisis gubernamentales, hubo un llamado a elecciones y Papá Doc se postuló. Gracias a la buena imagen que tenía entre la población y al apoyo de sectores del ejército, el triunfo del médico en esas elecciones fue aplastante. Los historiadores del país caribeño afirman que esa fue la primera y última vez que Duvalier ganó una contienda electoral sin recurrir al fraude. La figura del nuevo presidente, que aparecía como amigo de los más humildes y defensor de la causa de las mayorías negras, traía grandes esperanzas a la población. Pero pronto las fantasías de prosperidad terminaron y el líder recién electo comenzó a mostrar los dientes. Una de las primeras medidas que tomó el flamante mandatario fue la de purgar el ejército. Tenía miedo de ser víctima él mismo de una tentativa de golpe de Estado. Para una mayor seguridad de su liderazgo, él mismo formó unas nuevas milicias particulares, los Voluntarios para la Seguridad Nacional. Los Tonton Macoute, crímenes, violaciones y torturas Para los pobladores, este grupo paramilitar pasaría a llamarse Tonton Macoute, que era como llamaban en el idioma criollo de la isla a el hombre de la bolsa, un personaje imaginario de la mitología popular utilizado para asustar a los niños que se pasaban de díscolos. Los hombres de esta milicia, ataviados con sombreros de cowboys, camisas azules y anteojos negros, portando en sus manos un machete o algún arma de fuego, mantenían a raya a la población a pura violencia. Perseguían y detenían a cualquier sospechoso de hacer sombra al poder de Papá Doc. A partir de ahí, las víctimas de estos agentes del mal podían sufrir torturas, abusos sexuales o asesinatos. O las tres cosas juntas. Cualquier opositor o disidente podía ser juguete de los arbitrios de esta banda de criminales uniformados. Si no adherían al discurso oficial, los periodistas también podían sufrir el rigor de este salvaje terrorismo de Estado. Los tontons podían apedrear o quemar vivas a las personas y luego exhibían los cadáveres en paseos públicos con el fin de amedrentar cualquier desobediencia. Se dice que el mismo Papa Doc se divertía torturando en su propio palacio de gobierno a los opositores detenidos. Continuidad presidencial con el 100% de los votos Por causa de esta pesadilla de violencia, durante los primeros años del mandato de Papa Doc, muchas de las familias acomodadas de la isla decidieron marchar al exilio. Preferían perder sus propiedades a perder sus vidas. Astuto y estratega, Duvalier aprovechó el contexto de la Guerra Fría para mostrar una actitud severamente anticomunista. Como los Estados Unidos temían la creación en Haití de una nueva Cuba, inyectaron al gobierno de Papá Doc ingentes cantidades de dinero que el líder se dedicó pulcramente a amarrocar o dilapidar en sus propios gustos. A principios de los años 60, cuando los norteamericanos descubrieron estas actitudes del tirano, cortaron drásticamente su apoyo económico. Sin embargo, eso no hizo mella en el poder del líder. Su personalismo crecía mientras el pueblo haitiano continuaba sobreviviendo en la pobreza. En 1961, Duvalier organizó un referéndum para ver si el pueblo le permitía ser presidente por seis años más. El resultado fue que el 100% de los 1.320.748 electores votaron por el sí a su continuidad. América Latina fue testigo de muchas elecciones fraudulentas en su historia, pero ninguna fue tan escandalosa como la que acaba de suceder en Haití, decía un artículo de The New York Times entonces. Pero denunciar el fraude era lo mismo que autodictarse una sentencia de muerte en manos de los Tontons Macoutte. Presidente vitalicio En el año 1964, y para asegurar su continuidad al frente del país sin necesidad de recurrir a las elecciones, el líder modificó la Constitución y se autodeclaró como presidente vitalicio. Distintos artículos de la época señalan que el presidente se había dado los siguientes -y extravagantes- títulos: Protector del Pueblo, Máximo Jefe de la Revolución, Apóstol de la Unidad Nacional, Electrificador de las Almas, Gran Patrón del Comercio y la Industria, Benefactor de los Pobres. En la misma revista se decía que, en materia económica, Papá Doc solía desviar para sus arcas personales el 50% de todo lo que recaudaba y recibía el Estado haitiano por distintos medios. En esa publicación decían que, en 1965, habían ingresado en las cuentas que el dictador tenía en Estados Unidos y Suiza unos 22 millones de dólares. Sacerdote vudú Mientras tanto, el dictador continuaba exaltando su costado personalista. Se autoproclamaba Baron Samedí, una especie de sacerdote vudú, un espíritu que media entre la vida y la muerte. Este personaje es frecuentemente representado con frac negro, sombrero de copa, anteojos negros y un algodón en cada fosa nasal. Según la revista Time, el tirano imitaba la mirada fija, el habla susurrada y los movimientos extremadamente lentos que los haitianos reconocían como señales de cercanía con los espíritus vudú. Y daba a entender que tenía poderes sobrenaturales al asegurar que sus enemigos no podían tocarlo porque él era un ser inmaterial. Desde ese lugar impuso el vudú como práctica de estado y atemorizaba con los conocimientos de ese culto. En él, según las creencias populares, se puede sanar o hacer daño a la distancia, manipulando muñecos, sacrificando animales, danzando, recitando hechizos o elaborando distintas pócimas. Su obsesión con esta religión africana fue tan grande que reescribió en parte el Padre Nuestro y la convirtió en una oración llamada Nuestro Doc en la que él era el protagonista con dotes de divinidad. La muerte del dictador Además de ese costado místico, el tirano se jactaba de ser un gran estadista, igual o mejor que Charles de Gaulle, y llevaba gente frente al palacio de gobierno para que le cantaran himnos de alabanza. Si bien vivía recluido en su residencia, de vez en cuando circulaba por las calles de Puerto Príncipe con su limusina Mercedes 600 blindada y esparcía dinero entre la multitud que lo rodeaba para mostrarse cercano al pueblo. Un artículo de la época presenta una síntesis de todo el mal que se reunía en el gobierno de Papá Doc: Hasta ahora consiguió ser más sanguinario que Stalin, más duradero que Hitler, más temido que Mussolini y, posiblemente, más rico que todos ellos juntos. Finalmente fue cierto, como él declamaba, que sus enemigos no pudieron tocarlo. Hubo varios intentos, locales y de la CIA, para derrocarlo que una y otra vez fallaron. Pero lo que no pudieron hacer los hombres lo hizo su propio cuerpo. El líder, que sufría dolencias crónicas como la diabetes o cardiopatías, falleció de un infarto el 21 de abril de 1971. Tenía 64 años. Se estima que bajo su mandato fueron asesinadas por la represión de los hombres de Duvalier entre 30.000 y 60.000 personas. Lamentablemente, la muerte de Papá Doc no significaría el alivio para los padecimientos del pueblo haitiano. Con apenas 19 años, y como lo establecía la nueva Constitución del país, el que asumió el poder de Haití fue Jean Claude Duvalier, el hijo del dictador. Este joven, que sería conocido como Baby Doc, dejó en claro desde el principio que seguiría las políticas de su padre y predecesor. Para zanjar cualquier duda, se autoproclamó président-à-vie, que significa presidente de por vida o presidente vitalicio. Pero esa ya es otra historia. O peor, la continuación de la misma historia.

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