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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 22/04/2026 09:33
La emoción dominó el escenario del programa Es mi sueño cuando Carlos Rubén Pérez, con 71 años y una vida entera dedicada al canto, logró conmover tanto al jurado como al público. Su llegada al programa de Guido Kaczka no fue una simple participación: se trató de un verdadero homenaje a su historia personal y a la mujer que ha estado a su lado durante cinco décadas. Animado por el deseo de cumplir un anhelo largamente postergado, el intérprete de Pilar relató que la música es mucho más que una pasión: Todo lo que me pasa lo pongo en el canto; es la alegría de mi vida y la razón por la que quiero vivir, compartió. La presentación se transformó en un acto de entrega total, donde cada palabra y cada nota estuvieron marcadas por una profunda autenticidad. Un homenaje a una vida compartida La dedicatoria de su interpretación de La barca, la clásica canción compuesta por Roberto Cantoral y popularizada por Luis Miguel, fue para su esposa Griselda, con quien pronto cumplirá 50 años de casados. Esta decisión no pasó desapercibida para el jurado y, en especial, para Carlos Baute, quien expresó su sorpresa al conocer la duración de la relación: Estoy muy contento, la quiero muchísimo, afirmó, resaltando el valor de una historia de amor tan extensa. El gesto más emotivo de la noche llegó cuando Griselda subió al escenario. Allí, la pareja compartió un instante único: el participante le cantó unos versos, provocando un ambiente de ternura y complicidad que logró emocionar a todos los presentes, incluido el jurado. La escena dejó en claro que para Carlos Rubén Pérez, la música y el amor son dos fuerzas inseparables. Su actuación no fue solo una competencia, sino el reflejo de toda una vida de entrega y afecto. El sueño de una infancia No fue la primera vez que el participante buscó un escenario. Recordó con detalle su debut a los diez años, cuando deseaba cantar en un programa de la radio LT 17. Quería participar en ese programa, pero no tenía cómo llegar, así que tomé prestada la bicicleta de mi papá y fui. Cuando llegué, ya había terminado. El director me dijo que cantara igual, y así gané el premio, narró Carlos, evocando una escena de su niñez que marcó el inicio de su recorrido artístico. Ese primer intento, impulsado por la determinación y la pasión por la música, anticipó el espíritu con el que llegó al programa de televisión. A pesar de los años, el entusiasmo por el canto y la convicción de seguir persiguiendo sus sueños permanecen intactos. El relato de su infancia y la anécdota de la bicicleta se entrelazaron con el presente, mostrando que el deseo de cantar nunca se apagó, más allá de las circunstancias y el paso del tiempo. Al interpretar La barca, Carlos Rubén Pérez consiguió lo que pocos logran: los cuatro miembros del jurado accionaron sus palancas verdes, otorgándole el pase directo al palco del Teatro Ópera. Este reconocimiento no solo validó su talento vocal, sino también la autenticidad y entrega con la que compartió su historia. El programa Es mi sueño se convirtió, para él, en mucho más que una competencia. Fue el escenario donde pudo mostrar que los sueños no tienen fecha de vencimiento y que la emoción verdadera puede trascender cualquier expectativa. En ese contexto, la historia de Carlos Rubén Pérez responde a la pregunta de por qué su presentación fue tan significativa: un hombre de 71 años, impulsado por la música y el amor de su vida, emocionó al jurado con una dedicatoria sincera y una interpretación impecable, consiguiendo el pase al siguiente nivel del certamen.
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