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Fecha: 22/04/2026 05:12
En la madrugada del 20 de septiembre de 2017, un violento hecho ocurrió dentro de una casa ubicada en la ciudad de Everett, en el estado de Washington. En un momento, alguien tocó la puerta mientras los tres hijos de Kevin Lewis y Amanda Canales dormían. La tía de los chicos, Alisha Canales-McGuire, era quien los cuidaba esa noche, así fue quien se acercó a abrir. Antes de que pudiera reaccionar, recibió varios disparos y murió en el acto. En la escena, no hubo forcejeos ni señales de robo. Todo indicaba que no se trataba de un hecho al azar. Horas después, todo empezaría a reconstruirse como parte de una trama mucho más compleja: un plan de asesinato por encargo que tenía otro objetivo, pero que terminó de la peor manera. La investigación apuntó rápidamente a una hipótesis: el ataque no estaba dirigido a Alisha. Según determinaron después, la persona a la que buscaban matar era Amanda, su hermana. Y detrás de ese plan estaba su expareja, Kevin Lewis. Una separación violenta Amanda y Lewis habían estado juntos durante casi una década y tenían tres hijos en común. Según contó ella misma después, durante su matrimonio sufrió episodios de maltrato emocional que con el tiempo escalaron a violencia física. Por este motivo, la separación no fue fácil. Meses antes del crimen, Amanda había denunciado una agresión brutal. Fue atacada al llegar a su casa y terminó con lesiones graves. Si bien en ese momento no pudo identificar formalmente a los responsables, siempre sospechó de su exmarido. Luego, pidió una orden de restricción contra él. De acuerdo con su testimonio, Lewis no aceptaba el final del vínculo. La hostigaba, intentaba retomar la relación y hasta llegó a amenazarla. En ese contexto, los investigadores creen que comenzó a gestarse el plan que terminaría en tragedia. El ataque y un error fatal Según la reconstrucción de la fiscalía, Lewis contactó a dos jóvenes -su primo y la novia de él- y les ofreció dinero para matar a su exesposa. El pago habría sido de unos 2400 dólares. Los sospechosos viajaron desde Spokane hasta el condado de Snohomish el día del crimen. Llegaron hasta la casa de Amanda durante la madrugada y esperaron. Sin embargo, ella no estaba porque había viajado por trabajo. En su lugar, quien abrió la puerta fue su hermana. Los atacantes dispararon sin verificar la identidad de la persona. Incluso, más tarde se supo que estaban dispuestos a atacar a quien respondiera. Así, el plan falló, pero el resultado fue letal. Leé también: Una camioneta al costado de la ruta, un macabro hallazgo y un crimen anunciado: el caso de Nubia Barahona Las primeras pistas y el giro en la causa Durante meses, el caso no tuvo avances claros. La escena no mostraba signos de robo y la víctima no tenía conflictos conocidos que explicaran el ataque. Pese a ello, una pista inesperada cambió el rumbo de la investigación. Una denuncia anónima alertó a la policía sobre comentarios que una joven había hecho de su entorno: aseguraba haber participado en un crimen por encargo. A partir de ese dato, los investigadores llegaron hasta los dos sospechosos. El análisis de los teléfonos fue clave. Los registros ubicaban a ambos en el recorrido desde Spokane hasta Everett en el horario del crimen. También detectaron actividad en redes sociales: uno de ellos había publicado imágenes mostrando dinero pocas horas después del asesinato, mientras que la adolescente se había jactado ante conocidos de haber sido contratada para matar a alguien. Con esas pruebas, la fiscalía reconstruyó el vínculo con Lewis, ya que el chico era su primo, y determinaron que él había sido quien ideó el plan. La detención y el juicio Para cuando fue formalmente acusado, Lewis ya estaba detenido por otro hecho: había sido condenado por la agresión previa contra Amanda. En abril de 2019, fue aprehendido nuevamente, esta vez imputado por homicidio agravado, conspiración e incitación al crimen. Los dos jóvenes, identificados como Jerradon Phelps y Alexis Hale, también fueron detenidos y acusados como autores materiales. Con el avance de la causa, ambos terminaron admitiendo su participación. En 2021, la Justicia dictó las condenas: Phelps recibió casi 32 años de prisión, mientras que Hale fue sentenciada a 15 años. Kevin Lewis, por su parte, se declaró inocente y enfrentó un juicio que se extendió varias semanas. Finalmente, fue declarado culpable y condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Leé también: Conoció a su marido en una iglesia y años después descubrió que tenía secuestrada a una pareja en el sótano Para Amanda, el caso dejó una marca imposible de borrar. La mujer sostuvo desde el inicio que su exmarido era el responsable y, tras la condena, dijo sentir alivio porque se conociera la verdad. Sin embargo, también expresó el dolor por la pérdida de su hermana. Alisha, que tenía tan solo 24 años, era una presencia constante en su vida y en la de sus hijos, ya que los cuidaba cada vez que su madre no podía quedarse con ellos. Quiero que la recuerden, dijo Canales en una entrevista donde la describió como una persona cercana, comprometida con su familia y muy querida por todos los que la conocían.
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