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  • A los 80 años, murió Luis Puenzo, el director de La Historia Oficial

    Parana » Cuestion Entrerriana

    Fecha: 21/04/2026 13:56

    El director cinematográfico Luis Puenzo murió este martes 21 de abril de 2026 en Buenos Aires, a los 80 años, y deja como legado una de las filmografías más influyentes del cine argentino, con la película que le dio al país su primer Premio Oscar. Su obra más emblemática, La historia oficial, obtuvo el Oscar a Mejor Película Extranjera en 1986, en un hito histórico para la Argentina y para la proyección internacional de la cinematografía nacional. A lo largo de su carrera, Puenzo también dirigió títulos de alcance internacional como Gringo viejo y La peste, y cerró su etapa como realizador con La puta y la ballena, consolidando una trayectoria diversa, comprometida y reconocida en todo el mundo. Desde Argentores despidieron al cineasta con un mensaje cargado de emoción. Con profundo pesar despedimos al destacado guionista, director, productor y socio de nuestra entidad Luis Puenzo, quien falleció hoy, en la ciudad de Buenos Aires, a los 80 años de edad, expresaron al enviar sus condolencias a familiares, amigos y colegas. En ese marco, la entidad dejó entrever que se despedía a una figura clave de la cultura argentina, con un legado que marcó a generaciones y dejó huella en el cine nacional. Hace exactamente 40 años, el 24 de marzo de 1986, La historia oficial obtenía el Oscar de la Academia de Hollywood a la mejor película hablada en idioma extranjero, como se conocía entonces al premio que hoy se entrega a la mejor película internacional. El camino hacia el Oscar El debut de Luis Puenzo como director y guionista fue en 1973 con Luces de mis zapatos, una película infantil protagonizada por Norman Briski. Más tarde participó en la dirección del segmento Cinco años de vida, dentro del filme colectivo Las sorpresas (1975). Con Norma Aleandro, Héctor Alterio, Chunchuna Villafañe, Hugo Arana, Patricio Contreras y Chela Ruiz en los roles centrales, más la niña Analía Castro y Pablo Rago, La historia oficial se alzó con el premio más importante al que podía aspirar el cine argentino por primera vez en toda su historia. Pablo Rago quedaría además en la historia como el único actor que participó en las dos películas argentinas ganadoras del Oscar, ya que también integró el elenco de El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella. Puenzo venía del mundo de la publicidad: dirigió comerciales para Peugeot 505 en París, para Cinzano y en 1976 una recordada pieza para la tienda La Favorita, de Rosario, con Adriana Aguirre. Cuando subió al escenario del Dorothy Chandler Pavilion aquel 24 de marzo de 1986 acababa de cumplir 40 años. Con anteojos, bigote, barbita y moñito negro, Puenzo tras abrazar a Aleandro pronunció un discurso que también quedó grabado en la memoria colectiva. Al mismo tiempo que estoy aquí, sobre este escenario, aceptando este honor, no puedo dejar de recordar que otro 24 de marzo, hace hoy diez años sufrimos el último golpe militar en nuestro país. Nunca olvidaremos esta pesadilla, pero ahora estamos empezando a tener nuevos sueños. Gracias, dijo entonces. Norma Aleandro y una decisión marcada por el miedo Para el papel protagónico de La historia oficial, Puenzo buscó una actriz de carácter y la elección recayó en Norma Aleandro, a quien había conocido durante el rodaje de Las sorpresas y que acababa de regresar de un exilio de seis años en España. Estaba dirigiendo una obra en el teatro Liceo y un día Luis me invita a tomar café en un bar de enfrente del teatro y me cuenta su idea y su propuesta de ser la protagonista. Sentí una emoción enorme, pero yo acababa de venir del exilio y todavía estaba la dictadura militar y estaba aterrada, recordó Aleandro en una charla con Clarín. Le llevó bastante tiempo que aceptara; yo lloraba cada vez que me contaba el argumento y me parecía maravilloso hacerlo, pero rechacé la idea varias veces por miedo, admitió la actriz. En aquella inolvidable ceremonia del Oscar, Puenzo y Aída Bortnik recibieron además la nominación en la categoría de Mejor Guion Original. El filme fue premiado en el Festival de Cannes, ganó el Globo de Oro a Mejor Película en Lengua No Inglesa y obtuvo el Premio Cóndor de Plata de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina. La película de Puenzo se impuso a títulos y cineastas ya consagrados ante la crítica y el público: Amarga cosecha, de Agnieszka Holland, que representaba a Alemania Occidental; Papá salió en viaje de negocios, de Emir Kusturica, por la entonces Yugoslavia; la comedia Tres hombres y un biberón, de Coline Serreau (Francia), y Coronel Redl, de István Szabó, por Hungría. Una filmografía internacional y compromiso con la política audiovisual Luego de La historia oficial, Puenzo continuó su carrera con otros títulos de relieve. En 1989 dirigió Gringo viejo, adaptación de la novela del escritor Carlos Fuentes, una producción internacional con Jane Fonda, Gregory Peck y Jimmy Smits, ambientada en los años de la Revolución Mexicana. Le siguió La peste (1992), basada en la novela homónima de Albert Camus, donde Puenzo adaptó el guion y dirigió a un elenco encabezado por William Hurt, Robert Duvall y Raúl Juliá. Más tarde llegaría La puta y la ballena (2004), largometraje rodado entre Argentina y España, protagonizado por Leonardo Sbaraglia y Aitana Sánchez-Gijón. Más allá de su rol como autor y realizador, Puenzo tuvo una participación activa en la política audiovisual argentina. Fue presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) desde diciembre de 2019 hasta abril de 2022, etapa en la que intervino en la definición de políticas para el sector. En los años siguientes se volcó con más fuerza a su rol como productor en varias películas argentinas dirigidas por sus hijos Lucía Puenzo Wakolda, El niño pez, XXY y Nicolás Puenzo Los últimos, acompañando así a una nueva generación de cineastas. Infancia, vocación temprana y primeros pasos Luis Puenzo había nacido en el barrio porteño de Floresta el 19 de febrero de 1946. Desde chico se interesó por el séptimo arte y sus padres alimentaron esa vocación al regalarle una cámara de 16 mm para uno de sus cumpleaños. Tras ser expulsado de la escuela militar, comenzó a trabajar en una empresa de publicidad como dibujante, un ámbito en el que se formó detrás de cámara y que sería la plataforma desde la cual saltaría al cine.

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