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Fecha: 21/04/2026 11:04
En un contexto donde la eficiencia en el uso de nutrientes se vuelve cada vez más determinante para la rentabilidad y la sustentabilidad, los cultivos de cobertura empiezan a mostrar resultados concretos en los sistemas agrícolas. Una serie de ensayos realizados por el Instituto Nacional Tecnología Agropecuaria (INTA) Oliveros, en Santa Fe, confirmó que la inclusión de leguminosas en secuencias con maíz modifica la dinámica del nitrógeno y mejora su disponibilidad para el cultivo siguiente. Leé también: Pastizales: una señal global para producir más sin perder biodiversidad El dato no es menor: el nitrógeno es uno de los insumos más costosos dentro del esquema productivo y, al mismo tiempo, uno de los más difíciles de gestionar. En ese escenario, las leguminosas como la vicia aportan una ventaja diferencial al sistema, ya que son capaces de fijar biológicamente este nutriente y transferirlo al suelo. Leé también: El INTA suma genética a la colza con 2 nuevos cultivares de alto rendimiento En secuencias con maíz, la inclusión de leguminosas como cultivos de cobertura cumple un rol clave en el manejo del nitrógeno, al modificar su dinámica dentro del sistema, explicó José Araujo, especialista en manejo de cultivos, suelo y agua del INTA Oliveros. Según detalló, este aporte se produce principalmente a través de la fijación biológica, lo que permite mejorar la oferta del nutriente sin depender exclusivamente de fertilizantes. Mezclas que hacen la diferencia El trabajo del INTA no se limitó a analizar especies de manera aislada, sino que avanzó sobre un aspecto clave: las combinaciones. En los sistemas reales, el comportamiento de los cultivos de cobertura depende en gran medida de cómo se integran distintas especies y de las proporciones utilizadas. En ese sentido, las gramíneas como el centeno y las brasicáceas como el nabo forrajero cumplen un rol complementario. Pueden contribuir a reducir las pérdidas de nitrógeno del suelo por lixiviación, señaló Araujo. De esta manera, mientras las leguminosas aportan nitrógeno, otras especies ayudan a conservarlo dentro del sistema. Leé también: Lanzan una nueva plataforma para vender y comprar activos ambientales del campo Los ensayos se enfocaron en distintas combinaciones de vicia villosa, centeno y nabo forrajero, con el objetivo de identificar qué proporciones permiten maximizar tanto la producción de biomasa como la disponibilidad de nitrógeno para el maíz. En una primera etapa, se definieron densidades óptimas en cultivos puros: 65 plantas por metro cuadrado para vicia, 200 para centeno y 75 para nabo. Con esos parámetros, se lograron producciones de materia seca de hasta 6300 kilogramos por hectárea en el caso del centeno, mientras que la vicia alcanzó los 5400 y el nabo los 4900 kilogramos. A partir de allí, se evaluaron 16 combinaciones en diferentes proporciones. Leé también: Nuevos arándanos argentinos conquistan mercados: más sabor, tamaño y exportación Los resultados fueron contundentes: las mayores producciones de biomasa se registraron cuando la participación de vicia y/o centeno superó el 50% en la mezcla. En maíz temprano, los valores oscilaron entre 4000 y 5000 kilogramos por hectárea, mientras que en maíz tardío se extendieron hasta 7500 kilogramos. Ajuste fino y eficiencia Más allá de la producción de biomasa, uno de los puntos centrales del estudio fue el impacto sobre el cultivo siguiente. Allí, el manejo fino de las mezclas mostró su mayor potencial. La elección de especies, densidad y proporción son aspectos clave para optimizar el balance de nitrógeno en el maíz, subrayó Araujo. En maíz temprano, la combinación más eficiente incluyó un 70% de vicia y un 30% de centeno. Este esquema permitió reducir la necesidad de fertilización nitrogenada, manteniendo buenos niveles de rendimiento. En términos prácticos, esto se traduce en al menos 45 plantas por metro cuadrado de vicia y no más de 60 de centeno. Leé también: Nuevos arándanos argentinos conquistan mercados: más sabor, tamaño y exportación En cambio, en maíz tardío, la proporción óptima se equilibró en un 50% de cada especie, con ajustes en densidad que permitieron sostener la productividad. En ambos casos, la inclusión de nabo forrajero aportó flexibilidad al sistema, permitiendo reemplazar parcialmente al centeno sin afectar los resultados. Otro aspecto relevante fue el consumo de agua. El centeno mostró los mayores niveles, mientras que la vicia y el nabo registraron valores más bajos. Las mezclas, por su parte, se ubicaron en un punto intermedio. Este factor resulta clave en regiones donde la disponibilidad hídrica condiciona el rendimiento. En cuanto a la respuesta del maíz a la fertilización, los ensayos evidenciaron incrementos significativos en rendimiento. En maíz temprano, las dosis óptimas de nitrógeno oscilaron entre 90 y 154 kg por hectárea, con aumentos de entre 22% y 51%. En maíz tardío, las dosis fueron algo superiores, pero con respuestas también positivas. Leé también:Una red de cooperativas santafesinas certifica prácticas laborales sostenibles en el agro No obstante, el estudio también advirtió sobre las limitaciones. La probabilidad de recarga hídrica del perfil es menor en maíz temprano, lo que puede penalizar su rendimiento frente a un barbecho sin cobertura, explicó el especialista. Esto refuerza la idea de que no existen recetas únicas y que cada sistema debe ajustarse según sus condiciones. En la región pampeana, donde las superificies agrícolas suelen quedar descubiertos durante buena parte del año, la incorporación de cultivos de cobertura permite mantener los suelos activos y mejorar su funcionamiento. En ese marco, el ajuste de mezclas aparece como una herramienta concreta para avanzar hacia sistemas más eficientes. Leé también: Del discurso a las decisiones: el carbono empieza a medirse en el campo, para más productividad sustentable La importancia de esta temática también se refleja en la agenda técnica. Este martes 21 de abril se realizará un conversatorio virtual sobre manejo de cultivos de cobertura, con foco en especies como vicia y crotalaria, y su rol como antecesores del maíz. El encuentro contará con la participación de especialistas del INTA y buscará profundizar en estrategias de manejo adaptadas a los sistemas productivos de la región. En definitiva, los resultados confirman una tendencia que gana fuerza: la agricultura del futuro no solo dependerá de insumos, sino también de decisiones de manejo más precisas. En ese camino, las leguminosas y el diseño de mezclas aparecen como aliados clave para mejorar la eficiencia, reducir costos y sostener la productividad a largo plazo.
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