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  • Entre Ríos, Argentina

  • Robar libros no es romántico

    » Clarin

    Fecha: 20/04/2026 06:24

    Alguna vez he robado libros que quería leer, pero nunca en librerías pequeñas, me contó hace poco un escritor amigo. Y aunque su gesto pueda sonar romántico (era joven, no podía comprarlos), lo cierto es que en Madrid la red de bibliotecas públicas garantiza a los lectores títulos variadísimos sin desembolsar un billete. Salvo los casos de bibliocleptomanía que puedan acreditar los profesionales, no es peregrino afirmar que quien roba libros en esta ciudad lo hace a pedido o para revenderlos en algún portal, nuevos y por una pizca de su valor. El recuerdo de la confesión de aquel autor sobre sus hurtos juveniles me asalta en medio de una escena digna de las parodias de Gasalla, llena de ruido y burocracia. Somos muchos en el pasillo del juzgado 38 entre denunciados, víctimas, abogados y funcionarios. Hay alguien que atropelló a una persona con un monopatín eléctrico, un taxista acusado también de lesiones y nosotros, que venimos como testigos y damnificados por un hurto que a poco estuvo de convertirse en dos. Que el culpable vuelve al lugar del crimen parece una frase de novela hasta que te encontrás con el mismo hombretón que el sábado, en medio de una andanada de gente y aprovechando el barullo, robó sin que te enteraras una pila de libros caros, volviendo por más el domingo. Los escondió entre su ropa, como el personaje de Dylan Moran en la película "Notting Hill". Con lo que el caco no contaba era con que, entre sus dos visitas, los libreros hubiéramos visto tres horas de grabaciones de seguridad hasta ubicarlo y hecho la denuncia correspondiente. Cuando entró a completar el botín del día anterior (para la segunda ronda llevaba ya apartados títulos por más de 400 euros), avisamos a la policía y marchó preso. En el piso 6 de los juzgados de Plaza de Castilla, la fiscal no quiere arreglar con la abogada del ladrón porque él ya tiene algo andado en esto de vivir de lo ajeno y una condena en suspenso. Como es reincidente, citan para una fecha de mayo en la que nosotros ratificaremos lo dicho y él defenderá que es inocente, aunque los videos lo muestren en actitud sospechosa, moviendo ejemplares de anaquel en anaquel hasta el rincón oportuno, entrando al baño donde presuntamente arrancó las últimas estampillas magnéticas de la alarma y saliendo de la librería media hora después sin comprar nada. La moneda está en el aire y habrá que ver qué toca cuando caiga. Entretanto, le tomamos prestado a Manuel Puig un título que, recreado, vale como advertencia: Maldición eterna a quien robe estas páginas. Los ladrones de libros atentan contra la existencia de las librerías independientes. Conmigo no cuenten para celebrarles la gracia de llevarse alguno sin pasar por caja. Sobre la firma Newsletter Clarín

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