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» La Nacion
Fecha: 19/04/2026 11:34
Accidentes con aviones, trenes y colectivos: el hombre que burló a la muerte 7 veces y al final de su vida ganó la lotería Cualquier alumno de la primaria e incluso de la secundaria supone que la vida personal de sus maestros es llana y aburrida. Frane Selak, profesor de música croata, no fue le caso. Su vida no fue una mera existencia, sino un desafío, uno que él no eligió: fue un protagonista de tragedias que, por alguna razón metafísica, siempre lo dejaban de pie. Durante décadas, estuvo asociado a una paradoja cruel: ¿era el hombre con más suerte de la Tierra o el más desgraciado? Nunca pensé que fuera afortunado por sobrevivir; pensaba que tenía mala suerte por estar en esos accidentes, confesó años después, según The Telegraph. La palabra insólito es sinónimo de su historia. El primer cruce con la parca: un río helado En 1962, cuando Selak tenía 33 años, comenzaron sus desgracias. Todo comenzó en un viaje de rutina desde Sarajevo hacia Dubrovnik. El tren en el que viajaba Selak descarriló y se precipitó directamente a las aguas congeladas de un río. El vagón, encajado en el agua, estaba hundiéndose y el agua helada lo inundaba todo, centímetro a centímetro. La desesperación primaba: 17 personas habían muerto en el acto. Selak, en medio del shock y sufriendo una hipotermia severa, logró escapar del vagón y nadar con un brazo roto hasta la orilla. El segundo milagro Apenas un año después, Selak protagonizó otro evento particular y desafiante. En su primer y único vuelo en avión, un viaje pacífico se convirtió en una aventura con la muerte cuando una puerta defectuosa se soltó y lo succionó al vacío, eyectándolo del avión. Minutos después, la aeronave se estrelló y tomó 19 vidas. Selak, como si lo hubiese planeado todo, caía todavía al vacío y, en una señal de buena fortuna, su caída no fue a la tierra, sobre una roca o sobre un techo, por ejemplo, sino en un suave pajar que amortiguó al croata, quien despertó horas más tarde en un hospital con heridas menores. Otra vez el transporte público: el tercer milagro En 1966, tres años después del accidente en el avión, Selak viajaba en un colectivo que derrapó y cayó a un río. En esta ocasión, cuatro pasajeros fallecieron. Selak, ya un experto en naufragios terrestres, nadó hacia la orilla y sufrió únicamente cortes y moretones. A partir de ese momento, el mundo empezó a mirar con recelo su presencia en cualquier vehículo y él mismo comenzó a creerse la idea de su mala suerte. Intento de escape infructífero: el cuarto y quinto milagro Decidido a no usar más transporte público, Selak pensó que un auto propio sería la solución. Se equivocó. En 1970, su vehículo comenzó a arder mientras manejaba por la autopista. Logró lanzarse fuera del auto apenas segundos antes de que el tanque de combustible explotara. Tres años más tarde, en 1973, otro incidente automovilístico casi lo mata de forma grotesca: la bomba de combustible del auto tuvo un desperfecto por el que roció nafta sobre el motor, lo que hizo que, con el calor, el combustible ardiera y que ráfagas de fuego pasaran a través de las rejillas de ventilación al habitáculo. Selak sobrevivió, aunque perdió gran parte de su cabello y sufrió quemaduras en la cabeza. La ciudad y la montaña: las dos últimas burlas a la muerte Tras un largo período de calma, la muerte volvió a buscarlo en su vejez. En 1995, fue atropellado por un colectivo en las calles de Zagreb. Increíblemente, se levantó casi ileso. Sin embargo, el final de su mala racha llegaría en 1996, en una ruta de montaña. Al tomar una curva, se encontró de frente con un camión de las Naciones Unidas. Su pequeño Skoda atravesó la barrera de seguridad y quedó suspendido al borde de un precipicio de 90 metros. No es caricatura, sino una historia real: Selak saltó del auto en el último instante, agarrándose de un árbol desde donde vio cómo su vehículo explotaba al chocar con el fondo del precipicio. El último giro: el premio mayor y la redención En 2003, tras siete encuentros cercanos con el final, el destino decidió cambiar de cara. Con el primer ticket de lotería que compró en su vida, Selak ganó 800.000 euros. Lo que siguió fue un ejercicio de sabiduría: tras un breve paso por el lujo, donde gastó gran parte de su fortuna, Selak vendió muchas pertenencias -como su nueva mansión- y le regaló su fortuna a familiares y amigos. Volvió a aparecer años después, cuando animadores estadounidenses publicaron un video de su vida: Los estadounidenses no tienen idea, comentó Selak. Me dibujaron con bigote y mezclaron todos mis accidentes. Tal vez ganen mucho dinero, mientras yo sobrevivo con mi pensión. Al menos podrían enviarme unos cuantos miles de dólares, expresó a medios locales que la BBC citó más tarde. Se retiró a su modesta casa en Petrinja con su quinta esposa, Katarina. Lo que necesito a esta edad es a mi Katarina. El dinero no puede cambiar nada, dijo.
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