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Fecha: 19/04/2026 06:17
Se le atribuye a José Stalin haber preguntado hacia el final de la Segunda Guerra Mundial cuántas divisiones tiene el papa como una manera de desconocerles poder real a los pontífices porque él medía el poderío en términos militares. Pero la historia demostró durante la Guerra Fría la influencia moral y religiosa que puede tener un Sucesor de Pedro como fue el caso de Juan Pablo II en el desmembramiento del imperio soviético. Pese a un omnímodo -y extremadamente cruel- poder, Stalin no descalificó a ninguno de los dos pontífices -Pío XI y Pío XII- que reinaron durante los más de 30 años en que condujo los destinos de la URSS. Como tampoco lo hicieron otros líderes en la historia moderna. Hasta que irrumpió esta semana Donald Trump con una sucesión de críticas severas en términos personales a un papa, curiosamente el primero nacido en su país. Porque el presidente estadounidense no se ciñó a contraponerle al pontífice argumentos de por qué creía que la vía armada era la única posible para acabar con el régimen tiránico de Irán -que anhela la aniquilación de Israel (con armas nucleares reales o potenciales) e impulsa el terrorismo-, lo que habría sido parte de un legítimo debate sobre la resolución del conflicto. Sino que lo vapuleó por oponerse a la guerra. En una primera intervención en su red Truht Social, lo acusó de ser débil en materia de delincuencia -en alusión a la crítica papal a su política migratoria- y pésimo en política exterior, dijo no querer un papa que piense que está bien que Irán tenga armas nucleares y busque complacer a la izquierda radical y consideró que le está haciendo mucho daño a la Iglesia católica al actuar como un político. El mandatario había completado su interrupción con una imagen hecha con inteligencia artificial en que aparecía con una vestimenta con túnicas que se asemejaba a Jesús imponiendo las manos a un enfermo, lo que provocó el repudio incluso de exponentes evangélicos y católicos más conservadores que lo apoyan y que llegaron a considerar la representación como una blasfemia o, al menos, idolátrica. Al día siguiente, en vuelo de Italia hacia Argelia, León XIV sorprendió cuando fue consultado por los periodistas ante los dichos de Trump porque dejó de lado el estilo conciliador que lo venía caracterizando y les respondió que no le tiene miedo al gobierno norteamericano y que la Iglesia tiene la obligación moral de ir contra la guerra dado que el Evangelio es claro en ese aspecto. El inédito cruce, la polvareda que levantó y el deseo del papa de no querer entrar en un debate con el mandatario, pareció aplacar las cosas. Pero tres días después Trump volvió a la carga con otro mensaje: ¿Podría alguien decirle al papa León XIV que Irán mató al menos a 42 mil manifestantes inocentes y que el hecho de que tenga una bomba nuclear es absolutamente inaceptable?. Leé también: El papa León XIV dio un fuerte discurso en Camerún y lanzó una dura indirecta contra Trump Como si todo eso no fuese suficiente, Trump acompañó nuevamente su mensaje con otra imagen ultra polémica en la que aparece abrazado por Jesús con una bandera estadounidense de fondo. Puede que a los lunáticos de la izquierda radical no les guste, pero creo que es bastante linda, escribió. No hace falta decir que se alzó otra ola de críticas desde el cristianismo. Se sumó su vice, JD Vance, quien opinó que el papa se equivoca al decir que los cristianos nunca están del lado de quienes empuñaron la espada y hoy lanzan bombas porque estaba Dios del lado de los estadounidenses que liberaron a Francia de los nazis, por lo que consideró muy importante que León XIV sea cuidadoso cuando habla de asuntos de teología. En realidad, Trump comenzó a incubar su enojo con León XIV hace varios meses cuando el papa empezó a criticar su política migratoria, caracterizada por las redadas y las deportaciones masivas. Si alguien dice que está en contra del aborto, pero de acuerdo con el trato inhumano que reciben los inmigrantes en EE.UU., no sé si eso es provida, disparó filoso el pontífice. Después, Robert Prevost criticó a los que ridiculizan a quienes hablan del calentamiento global, un cuestionamiento del que no puede escapar Trump porque el sayo le cabe perfectamente porque había desacreditado el fenómeno como la mayor estafa jamás perpetrada contra el mundo (en sus dos presidencias retiró a su país del Acuerdo de París). Tras manifestar su desacuerdo con EE.UU. por el hundimiento de embarcaciones vinculadas al narcotráfico frente a las costas de Venezuela porque con la violencia no vamos a ganar, León XIV lamentó ante el cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede que la guerra vuelve a estar de moda en medio de la captura de Nicolás Maduro. Luego de que por la intervención de Washington se cortara el envío de petróleo venezolano a Cuba, expresó su preocupación por el agravamiento de la crisis económica y consecuentemente social en la isla. Invitó a un diálogo () para evitar la violencia y cualquier acción que pueda aumentar el sufrimiento del querido pueblo cubano, dijo. Leé también: En medio de su enfrentamiento con Trump, el Papa condenó a quienes manipulan la religión y el nombre de Dios En medio de la ofensiva norteamericana-israelí en Irán y el sur del Líbano, la amenaza de Trump de aniquilar toda una civilización -por la persa- si el régimen no cumplía perentoriamente con sus exigencias, llevó a León XIV a pronunciar la crítica más dura al decir que semejante advertencia era verdaderamente inaceptable. El pontífice tampoco pasó por alto los ruegos en los Estados Unidos para que las fuerzas norteamericanas se impongan en la guerra, al señalar que Dios no escucha las oraciones de quienes hacen la guerra, sino que las rechaza y citó al profeta Isaías: Aunque multipliquen sus oraciones, no las escucharé; sus manos están llenas de sangre. En fin, tampoco León XIV quiso integrar el Consejo de Paz de Trump y ni bien llegó al límite de edad reemplazó como arzobispo de Nueva York al cardenal Timothy Dolan, gran amigo del republicano, y puso en su lugar a un clérigo preocupado por los migrantes. Dicen que lo que detonó la explosión verbal de Trump fue que tres cardenales lo criticaron en el principal programa político de TV de Estados Unidos: 60 Minutos. En su furia, Trump llegó a decir que León XIV debería estar agradecido con él porque no era candidato a papa, pero que los cardenales lo eligieron porque pensaron que sería la mejor manera de lidiar con él. Al fin y al cabo, nadie podría decirle que era un latinoamericano anticapitalista resentido con EE.UU. como parte de la derecha norteamericana acusaba a Jorge Bergoglio. Más allá de los méritos de Robert Prevost, ¿su elección no fue en ese sentido una genialidad geopolítica de Francisco, que era su gran impulsor? ¿Fue su última travesura? ¿En qué medida esta pelea con el papa perjudicará a Trump especialmente en la derecha religiosa que lo venía apoyando? ¿Será el principio del fin político de Trump? ¿O los papas son inofensivos como creía Stalin?
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