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  • El asesinato del coronel Waldino de Urquiza

    Concordia » El Heraldo

    Fecha: 18/04/2026 16:37

    El 11 de abril de 1870, mientras el general Justo José de Urquiza era asesinado en el Palacio San José, en pleno ejercicio de la gobernación de nuestra provincia, otros hechos trágicos sacudían simultáneamente a la ciudad de Concordia. Ese mismo día fueron también asesinados sus hijos, los Coroneles Waldino y Justo Carmelo de Urquiza. En el archivo del Museo conservamos un relato del Centro Historiográfico Concordiense, basado en una selección de la obra La tragedia de Entre Ríos de 1870 del historiador Wenceslao Gadea, publicada en 1943. A continuación compartimos una síntesis de los sucesos ocurridos en Concordia. Gadea señala que la vivienda del Coronel Waldino de Urquiza, jefe militar del Departamento Concordia, se ubicaba en la primera manzana al Este de la ciudad, en la esquina formada por las actuales calles Carlos Pellegrini (al Oeste, frente a la Plaza San Martín) y 1° de Mayo (al Sur). En ese solar, hacia fines de la década de 1880, Federico Zorraquín figura destacada de la vida social y comercial local y primer presidente municipal construyó el edificio que hoy ocupa el Hotel Colón. Contigua a la antigua casa de Waldino se encontraba, como aún hoy, la Jefatura de Policía, separada entonces por una pared baja. La vivienda del coronel era modesta, de una sola planta y tenía techos de azotea, con su entrada principal orientada hacia la plaza. En las primeras horas de la noche del 11 de abril, el coronel Waldino descansaba mientras compartía un momento afectuoso con su pequeño hijo también llamado Waldino cuando ruidos y voces provenientes de la calle llamaron la atención de la familia. El Coronel se incorporó rápidamente, se cubrió con la capa que solía usar en sus salidas nocturnas la noche era fría y húmeda y salió a la calle para averiguar qué ocurría. Al preguntar a un grupo de personas que pasaba apresuradamente, recibió una respuesta escueta: Siga, Coronel, si quiere saber lo que pasa. Alarmado, caminó apenas unos pasos hasta la cercana Jefatura de Policía, donde encontró a don Mariano Querencio, quien le informó que en Concepción del Uruguay había estallado un movimiento contra su padre y que su hermano, el Coronel Justo Carmelo Urquiza, jefe de Policía de Concordia, había partido de inmediato con los hombres disponibles. Fuera por convicción o por presión de Querencio y de quienes controlaban la situación, lo cierto es que Waldino fue recluido en una habitación destinada a detenidos de cierta consideración. Allí permaneció caminando de un lado a otro, de modo que el sonido de sus pasos producido por los tacos de su calzado llegaba hasta su esposa, doña Ciriaca Britos. Estos datos fueron transmitidos por su hija, Ciriaca Urquiza de Valenzuela, quien conservó el recuerdo familiar. La angustia llevó a la esposa y a sus hijos todos pequeños, salvo una joven de 15 o 16 años llamada Diógenes, quien luego sería la señora Diógenes de Urquiza de Robles a dirigirse a la Jefatura. Desde una ventana entreabierta, la muchacha llamó repetidamente a su padre con voz desesperada. Ocurrió entonces un hecho extraño, nunca explicado: el propio coronel Waldino, según les pareció, cerró silenciosamente la ventana. Madre e hija intentaron ingresar para llegar hasta la habitación donde estaba detenido, pero se les impidió el paso. La joven Diógenes, de carácter firme, increpó a los presentes muchos de ellos conocidos, amigos o subordinados de su padre con palabras duras: ¡Ustedes, los amigos de mi padre, resultan ser sus peores enemigos!. Querencio intervino y les advirtió: No insistan. Los ánimos están muy agitados y podría ocurrirles algo desagradable. Les ruego que se retiren. De regreso en su casa, la familia supo que Waldino había solicitado permiso para despedirse de ellos y recoger ropa para el viaje a Concepción del Uruguay, pero su pedido fue terminantemente rechazado. Poco después, los acordes de la banda de música de la policía anunciaron que un grupo salía desde la Jefatura. Entre ellos iba el Coronel Waldino. Más tarde, su esposa supo que había sido asesinado brutalmente por quienes lo conducían, una vez que atravesaron los suburbios de Concordia. Cuando solicitó el cuerpo para darle sepultura digna, sus ruegos fueron inútiles. Según relató Ciriaca Urquiza de Valenzuela, ese mismo día por la tarde un hombre protegido por su padre había pedido dinero para recuperar una daga empeñada. La familia sólo disponía de una libra esterlina, que la esposa de Waldino hizo cambiar para ayudarlo. Tiempo después supo que aquel hombre había sido uno de los ejecutores del crimen. El Coronel Waldino de Urquiza fue ultimado en las inmediaciones del arroyo Yuquerí y el Cementerio Viejo. Las versiones sobre el destino de su cuerpo nunca fueron concluyentes: algunas afirmaban que fue arrastrado hasta las cercanías del cementerio y enterrado allí; otras, que fue arrojado al arroyo, como habría ocurrido con su hermano Justo Carmelo. Años más tarde, sus restos fueron trasladados a Concepción del Uruguay y depositados en el Cementerio Público, donde aún reposan, en un mausoleo ubicado sobre la calle central, a mano izquierda. El monumento una columna de mármol del escultor Victorio Tiscornia lleva la inscripción dedicada a Doña Cruz López, fallecida en 1858, y en su base un cenotafio con la lápida que recuerda: CORONEL WALDINO DE URQUIZA Q.E.P.D. ASESINADO EN LA CIUDAD DE CONCORDIA EL 11 DE ABRIL DE 1870 Nos reencontraremos en una semana para seguir descubriendo más historias de Concordia y la región. Museo Regional Palacio Arruabarrena, dirección: Entre Ríos y Ramírez. Horario de atención: de lunes a viernes de 7:30 a 13. Visitas guiadas de lunes a viernes de 8 a 12. Museo Regional Palacio Arruabarrena

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