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» Clarin
Fecha: 18/04/2026 11:02
Diez días antes de que Fernando De la Rúa ganara las elecciones de 1999, el equipo económico de Carlos Menem cerró una operación financiera que por un lado fue una novedad pero que más tarde se transformaría en una pesadilla: el Banco Mundial otorgó su primera operación de garantías, con el objetivo de facilitar el acceso de Argentina a los mercados internacionales en un contexto de spreads elevados post crisis mexicana (1995), asiática (1998) y brasileña (1999). El país obtenía financiamiento gracias a que los inversores ponían dinero sabiendo que el Banco Mundial cubría el pago del vencimiento en caso de default. Y efectivamente, a fines de 1999, la Argentina enfrentaba dificultades para acceder a los mercados internacionales de capitales. El país venía golpeado por el efecto contagio de las crisis de los mercados emergentes y, muy especialmente por la devaluación del real en Brasil en enero. La economía estaba estancada, había deflación y dudas sobre si alcanzaban los dólares para afrontar vencimientos y al mismo tiempo mantener el tipo de cambio $ 1 = US$1 como imponía el régimen de convertibilidad. El objetivo de esta operación financiera en el último minuto del gobierno de Menem fue permitir que Argentina captara fondos a tasas razonables cuando el mercado estaba prácticamente cerrado. Argentina emitió un bono por US$1.500 millones dividido en 6 series (A a la F) de US$250 millones cada una. No pagaba intereses periódicos, sino que se emitían con descuento y pagaban el total al vencimiento. La garantía del banco fue de hasta US$250 millones. La exposición máxima del Banco Mundial era US$250 millones, generando un efecto de apalancamiento cercano a 4,6 veces sobre el financiamiento obtenido, recordó esta semana Miguel Kiguel, entonces subsecretario de Financiamiento de aquel equipo económico liderado por Roque Fernández. La operación aquella de 1999 para Kiguel resulta un antecedente de la que anunció Luis Caputo esta semana en Washington, en el marco de la Asamblea de Primavera del FMI. El Gobierno negocia garantías por alrededor de US$3.000 millones del Banco Mundial (BM), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la CAF, para conseguir préstamos con bancos privados. El Banco Mundial confirmó avales por US$2.000 millones, sujetos a la aprobación del directorio. A diferencia de un préstamo tradicional donde el Banco Mundial entrega el dinero directamente, en aquella operación de 1999 el organismo actuó con la Argentina como un avalista parcial de la deuda que el país emitió frente a inversores privados (bancos o fondos de inversión). Caputo dijo que esta vez el Banco Mundial actuaría como una suerte de broker frente a fondos. Aquella vez, el Banco Mundial garantizó inicialmente la serie A (la primera en vencer). Si Argentina pagaba la serie A a tiempo, la garantía del Banco Mundial se trasladaba automáticamente a la serie B. Si pagaba la B, pasaba a la C, y así sucesivamente. Si Argentina entraba en default en cualquiera de las series, el Banco Mundial pagaba esa serie garantizada y desaparecía para las siguientes. Fue lo que pasó en 2002 con el default tras la caída de la convertibilidad (una de las series cayó en default). Roque Fernández logró una tasa de corte cercana al 9,73% anual, un nivel mucho más bajo de lo que el mercado le exigía por riesgo país puro en ese momento. Debido a la garantía, el bono tuvo calificación AAA, mientras que las series posteriores (con garantía potencial) tenían una calificación menor, pero superior a la de un bono argentino estándar. Fue el intento del Banco Mundial de actuar como catalizador para que los países en desarrollo volvieran a los mercados privados, en vez de prestarles dinero directamente, explicó Kiguel. ¿Lo de Caputo es lo mismo? Para Argentina, representó un alivio temporal de caja de unos US$1.200 millones en medio de un clima financiero volátil pero donde, a diferencia de hoy, la Argentina ya estaba inserta en los mercados. También es verdad que el país tenía el apoyo de un presidente de Estados Unidos que ya no podría reelegir y que de hecho, su sucesor, significó un gran cambio en las condiciones de acceso de mercado de los emergentes y la mirada de los organismos internacionales. Bill Clinton fue reemplazado por George W. Bush y una mirada mucho menos complaciente con la ayuda de los organismos multilaterales a países como Argentina. En octubre de 1998, durante la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en Washington, Clinton elogió públicamente la gestión de Menem. El estadounidense presentó a la Argentina como un ejemplo a seguir para los mercados emergentes por su disciplina fiscal y el plan de convertibilidad. Llegó a decir que el liderazgo de Menem había sido fundamental para la estabilidad de la región, justo cuando el mundo sufría el impacto de la crisis rusa y la volatilidad financiera. En 1998 un fondo de inversión ideado por un grupo de economistas que habían recibido el Premio Nobel (LTMC) perdió en un solo día US$500.000 millones. La Reserva tuvo que diseñar y organizar un rescate de US$3.625 millones financiado por un consorcio de 14 bancos de Wall Street. El default argentino fue también una lección para los organismos y el tipo de garantías que le brindó a la Argentina. Sobre la firma Newsletter Clarín
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