18/04/2026 08:07
18/04/2026 08:04
18/04/2026 08:04
18/04/2026 08:03
18/04/2026 08:03
18/04/2026 08:03
18/04/2026 08:02
18/04/2026 08:02
18/04/2026 08:01
18/04/2026 08:01
» Clarin
Fecha: 18/04/2026 06:27
Era 1998. Marino Santa María había dejado el cargo de rector de la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón e impulsaba la creación del Instituto Universitario de Arte, hoy Universidad Nacional de las Artes (UNA). Pero desde poco tiempo atrás, cuando había visitado el Museo Guggenheim de Bilbao, quería crear una obra importante para el espacio público de su barrio: Barracas. Es que el Guggenheim de Bilbao, del arquitecto Frank Gehry, cuyo diseño evoca un barco plateado frente al río Nervión, revitalizó a Bilbao y se convirtió en su símbolo a nivel global. Ayudó a redefinir la relación entre ciudad, cultura y desarrollo y resultó tan inspirador que se empezó a hablar del "efecto Guggenheim". Santa María (1949) arrancó por casa. Empezó por armar fotomontajes de su vivienda-taller de Lanín 33, donde nació y aún vive, intervenida con obras suyas. "De chico jugaba al fútbol en esta calle. Quizás manché tanto estas paredes con pelotazos que de alguna manera quise limpiarlas", recordó a Clarín. Alguna vez Santa María habló de Caminito, la mayor creación de Quinquela Martín en La Boca, como un antecedente clave del Pasaje Lanín. Pero fue con apoyo de Pérez Celis -quien venía de pintar los murales en la cancha de Boca-, el Banco Ciudad y el Gobierno Nacional, que Santa María y unos 20 ayudantes -quienes trabajaron ad honorem durante 2 años- empezaron a pintar los frentes de las 40 casas del Pasaje Lanín. Hace justo 25 años inauguraron la obra. Y claro que el Pasaje Lanín no es el Guggenheim. Pero esa zona humilde y gris se convirtió en una galería de arte abstracto a cielo abierto y, por eso, en un punto de referencia del sur de la Ciudad de Buenos Aires. El Pasaje Lanín es una fija, por ejemplo, en La Noche de Los Museos. Se hicieron talleres con escuelas. Y fue declarado Sitio de Interés Cultural. Y lo googlean turistas para ir de visita. Con la intervención, mejoró esa callecita, 3 cuadras entre Suárez, Brandsen, las vías del Roca y Feijoó. Arreglaron las veredas. Pusieron luces LED. Y, por supuesto, falta. Santa María trabaja para pasar la pintura de las fachadas a mosaicos, que son más duraderos, inspirado por Antoni Gaudí, otro ícono de una ciudad, Barcelona, que pudo completar en un 25 por ciento. "Este año tuve apoyo a través de Mecenazgo y del Banco Santander pero no cuento con una financiación permanente", explica. Así que hay mucho en el Pasaje Lanín para celebrar. Este domingo 19 de abril junto a vecinos harán un almuerzo "a la canasta", con visitas de artistas, talleres de mosaico para chicos, shows y propuestas gastronómicas, con apoyo del Gobierno porteño. Será entre las 12 y las 16, gratis. Ya en 2025, para los 24 años del Pasaje Lanín, Santa María y vecinos llevaron algo para compartir sentados a una mesa larga que armaron en la calle. "Elegí esta forma de festejar porque durante mi infancia, una vez al año, se hacía un encuentro similar de todos los vecinos. Me interesa conservar esta tradición". El alma de barrio. Un Pasaje en el tiempo Ojo: Santa María no es nostálgico. Cada vez que recuerda cómo nació el Pasaje Lanín, habla de cómo se "revolucionó" la zona, en varios sentidos. Cuenta que el vecino de al lado de su casa primero y otros y otros después fueron pidiéndole que transformara los frentes de sus viviendas. "Creo que porque la obra transmite alegría", dice. Y recuerda un pasacalles que le regalaron hace unos años y que resume casi todo. "Gracias por revivir Lanín", decía. "Nací y crecí acá. Esta era una calle fantasma para los que vivían a cinco o seis cuadras. Es un orgullo haber colaborado para que se convierta en parte de la identidad de la zona y una mejora para la calidad de vida", marca. "Los vecinos que llegan hoy muestran un gran respeto por la obra", agrega Santa Marina. En ese sentido, Santa María cuenta que viene golpeado. A comienzos de marzo sacaron sus obras de las columnas del hall de la estación Plaza Italia del subte D. Evocaban la vida en el Botánico y en el Ecoparque, paseos clave de Palermo, para las que el Gobierno de la Ciudad lo convocó hace poco más de 10 años. Donde había color todo es gris. Y Santa María se enteró de casualidad, porque su hija pasó por ahí. "Fue como un golpe a traición que todavía me cuesta entender. Unos meses atrás me habían felicitado por mis obras en el espacio público y de repente la destruyen, desaparece. Al día de hoy no tuve ningún tipo de propuesta para reponerla", dice a Clarín. Desde Sbase, la empresa de la Ciudad a cargo de los subtes, dijeron a este diario que las columnas estaban muy deterioradas y que lograron conservar 5, que mantienen en guarda en el Museo del Subte de Caballito hasta poder exponerlas en un evento. Respetar para crear Volviendo al Pasaje Lanín, ¿qué más cambió? "Creo que la gran ruptura fue poner obras abstractas en un Barracas de tradición obrera, tanguera y portuaria", señala. Diferente a lo que él mismo hizo en Abasto, donde homenajeó a Gardel. "Acá, en el Pasaje Lanín, quise ir a contrapelo de lo típico. Mostrar otro Barracas, la posibilidad del cambio; es decir, respetando los legados, las fachadas de cada casa, aportar algo nuevo". Más adelante, ¿va a cambiar algo del Pasaje Lanín? Santa María no duda: "No me imagino grandes modificaciones en el Pasaje pero sí, en el entorno, porque necesita desarrollo comercial. Y para eso el Lanín va a servir". Sobre la firma Newsletter Clarín
Ver noticia original