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  • El dilema de Sabrina: seguir el legado de su padre o abandonar 70.000 mariposas únicas

    » TN

    Fecha: 18/04/2026 05:31

    Un museo único en el mundo se esconde entre las casas de San Miguel desde hace casi 30 años. Se trata del primer museo de mariposas del mundo. Su colección de 70.000 ejemplares representa la pasión de Andrés Eugenio Varga, el entomólogo que lo creó y lo sostuvo hasta el final. Hoy sus hijos continúan su trabajo. Mejoraron la experiencia con nuevas tecnologías y añadieron sectores, pero enfrentan un problema concreto: el espacio ya no alcanza. Leé también: La planta más elegida por las mariposas que sí o sí debés tener en tu jardín Sabrina Varga (53) reconstruyó la historia de su padre, todos los viajes que hizo y el desafío de mantener en pie un proyecto tan único como frágil. La mariposa que lo cambió todo La idea del museo surgió cuando Andrés encontró una mariposa en particular: una Urania de alas negras y patrones coloridos. Cuando la vio, pensó en una sola cosa: no estaba en ningún lado. Desde ese momento empezó a recorrer el mundo. Quería hacer un museo solo de mariposas, relató Sabrina. El objetivo era ambicioso y había un límite: no dañar la biodiversidad. Andrés planificó sus viajes para no dañar el ambiente y creó un jardín para cada especie. En cada destino montaba un criadero y un mariposario; allí obtenía los ejemplares, los estudiaba y compartía ese conocimiento. Durante décadas, Andrés visitó distintos países en búsqueda de mariposas. Una vez que terminó sus expediciones, lo fundó: el primer museo especializado en mariposas a nivel mundial. Después de 30 años de trabajo, abrió sus puertas el 9 de mayo de 1996. La inauguración sorprendió a los vecinos y contó con invitados especiales, entre ellos el intendente de San Miguel, Chiche Duhalde madrina del museo y el embajador de Noruega. Leé también: La enredadera que florece todo el verano y atrae mariposas: por qué es una de las más elegidas La apertura fue solo el comienzo. Andrés siguió sumando mariposas y la última fue incorporada en 2010, poco antes de su muerte. Desde entonces, sus hijos están al frente del museo y continúan su trabajo. Una herencia inesperada Sabrina, actual directora del museo, no sabía que heredaría el trabajo de toda la vida de su papá: Yo era muy joven y todavía no tomaba conciencia. Él me solía decir: Ya te vas a dar cuenta de que mi sacrificio es para dejarles un legado. Después entendí que no era sólo para mí y mis hermanos, sino también una herencia para la humanidad. Cuando mi papá se enferma de grande, me doy cuenta de que tengo que seguir con su trabajo, Sabrina aceptó que iba a seguir los pasos de su papá. Eligió ser entomóloga al igual que él: Me transmitió esa pasión, doy clases y hago las visitas guiadas. Además, me llena de orgullo porque lo que hizo mi papá es único en el mundo. Ella y sus tres hermanos, Andrés, Ingrid y Liz, se reparten las tareas: desde agendar visitas guiadas para escuelas hasta pincelar cada mariposa para protegerlas del polvo y de pequeños insectos. Con el tiempo, la experiencia tuvo muchas mejoras. A cada visitante le dan una lupa para que pueda ver los detalles de los ejemplares y cuentan con códigos QR para escanear y obtener más información junto a modelos 3D. Sabrina vive pendiente del museo: Estoy todo el día pensando cómo mejorarlo. Lo más nuevo que implementamos fue un microscopio digital y un sector de ámbares de la prehistoria, ahora estamos pensando en armar una sección con la historia de papá. Además del museo, Andrés participó en revistas científicas y programas documentales. Su trabajo quedó registrado en muchos espacios, pero Sabrina no llegó a ver todo: Mi papá estuvo en muchas cosas, pero no me alcanzó el tiempo para hablar con él. Hoy daría todo por tenerlo acá y poder preguntarle mil cosas, destacó. Un museo muy deseado que está en peligro Cuando Sabrina se pone a pensar en el futuro, tiene una respuesta dudosa: De acá a unos años no lo sé, porque no damos abasto. Necesitamos un lugar más grande. Tuvimos muchas propuestas para mudarnos. Algunos de los interesados en trasladar el museo fueron los embajadores de Panamá, Arabia Saudita y Estados Unidos. A pesar de la llamativa propuesta, ella quiere dejar el legado de su papá en la Argentina: No me gustaría irme porque este es el lugar que eligió papá. Y en el museo, cada mariposa no es solo un insecto pinchado y listo. Cada una tiene su historia. Pensamos mucho las cosas para no equivocarnos, cualquier error tira a la basura 70 años de sacrificio de papá, explicó Sabrina. Casi tres décadas después de su inauguración, el museo es la prueba de que esta pasión no se terminó con su creador, sino que sigue sostenido por una familia que entendió que no heredaba solo un trabajo, sino una historia. Leé también: Su hermana murió, le dejó su refugio de mariposas y él lo convirtió en una comunidad: Ella siempre está El futuro abre caminos, pero también obliga a elegir. Crecer puede significar alejarse del lugar donde todo empezó. En esa tensión, Sabrina y sus hermanos no miden solo el espacio: miden el valor de cada ejemplar y los años que hay detrás. En ese museo no hay piezas quietas. Hay historias. Y mientras alguien siga limpiando, explicando y cuidando cada mariposa, el legado de Andrés Varga va a seguir vivo.

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