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» La Nacion
Fecha: 17/04/2026 20:51
Trabajó toda la vida de psicóloga, se jubiló y se convirtió en la DJ que revoluciona los geriátricos Fue terapeuta, martillera y hoy encontró su verdadera pasión detrás de una consola; en diálogo con LA NACION, Diana Rumbo contó cómo se convirtió en la DJ abuela viral - 7 minutos de lectura' Con 69 años, Diana Rumbo no solo hace música con su consola, sino que transmite una energía inigualable, una alegría que quiere contagiar y que lo logra. Detrás de su equipo y con varios diplomas en su haber, se mostró lista para la entrevista y, por qué no, para compartir algunas de sus mezclas, esas con las que hace bailar a los adultos mayores en los hogares que visita. Para ella, ser DJ es una pasión que decidió dejar plasmada en su piel: en uno de sus brazos se ve el tatuaje de sus auriculares, esos mismos que hoy usa para monitorear la alegría de los demás. Es su cable a tierra y, al mismo tiempo, el que la conecta con el presente. La música me ayudó un montón, expresó en diálogo con LA NACION la mujer cordobesa que reside en Mar del Plata sobre una serie de situaciones difíciles que atravesó junto a su familia. Sin embargo, esta nueva etapa de su vida la encuentra optimista. Cumplí años el 26 de febrero, soy de Piscis y hay un portal para Piscis que dice que después de un montón de años de cosas terribles te viene como el despegue, como la luz, añadió. Lo que empezó con un mix musical, estudio y preparación, siguió con una serie de entrevistas inesperadas que terminaron viralizándola. No soy DJ Abuela Famosa, soy DJ Abuela Viral, que no es lo mismo... Que puedo dar un mensaje, que puedo transmitir energía, pero yo estoy en el nivel inicial de DJ. Hago mezclas básicas y sí, quiero ser como David Guetta, pero bueno, lanzó entre risas. Pese a su autoexigencia técnica, Diana no es una improvisada. Lo que ella define como un nivel inicial es, en realidad, el resultado de un camino que empezó a transitar con firmeza hace casi cuatro años, el mismo que pudo sortear a pesar de los problemas. Empecé en noviembre de 2022 en una escuela presencial porque antes cursaba en una escuela online en Buenos Aires, donde no entendía nada. Me crucé con un DJ de acá de Mar del Plata y ahí empecé presencial, indicó. Sin embargo, a los pocos días que logró comprarse una computadora y un controlador usado, le entraron a robar. En febrero recuperé con el seguro el dinero y me volví a comprar una compu con un controlador nuevo, aseguró. Así fue que en abril de 2023 retomó el estudio y siete meses después recibió el diploma de DJ inicial. Ovacionada por sus familiares y amigos, Diana se encontró rodeada de jóvenes, lo que impulsó a muchos DJs de su edad a estudiar para familiarizarse con los nuevos equipos. Se armó como una movida, señaló. Es que, aunque le significaba un ingreso extra, el pasar música quiere que sea un disfrute y no algo que pese. Me llamaban para eventos de cinco horas que yo no podía disfrutar porque me pongo nerviosa. Entonces le pasaba trabajo a otro, se sinceró. En 2024, Diana estudió producción musical con Adrián Canu Valenzuela, uno de los fundadores de Altocamet, una banda de rock formada en 1995 en Mar del Plata, que compartió escenario con Gustavo Cerati. Cuando se acercó a él, fue con un objetivo claro. Hacer de las milongas que bailaban mis papás cuando yo iba al club con ellos, que tenía siete u ocho años. Quiero hacer música de los 80, porque fue con esa música que conocí a mi marido: me encanta el nu-disco, subrayó. Como la música inmortaliza gran parte de los momentos de su vida, al enterarse en noviembre del año pasado de que iba a convertirse en abuela de mellizos, Diana le acercó a Canu una interesante propuesta. Le dije: Yo tengo que acompañar mi vida con la producción musical, con lo que a mí me gusta. Vamos a hacer música electrónica para bebés, indicó. Aquello no quedó en palabras, sino que se volvió un hecho: Hice para descansar y dormir, una con base de películas tradicionales y otra con Gaby, Fofó y Miliki. Si bien en la industria hay música electrónica para bebés, estas no incluyen los remixes de lo que ella llama las canciones de la abuela, como por ejemplo los clásicos de María Elena Walsh, como Manuelita la tortuga, El reino del revés y La reina batata; o de Los Payasos de la Tele, como Hola, Don Pepito, hola, Don José y El auto nuevo. Esa determinación por aprender no es nueva; es el motor que la mantuvo en movimiento cuando el contexto nacional intentó frenarla. En 1976, con el sueño de ser psicóloga, Diana se topó con el cierre de la carrera en Mar del Plata debido a la última dictadura militar. Entonces, intentó con Ciencias de la Educación en Tandil, pero la realidad era asfixiante. Era un horror, te perseguían, aparecía gente detrás de los cortinados escuchando lo que decías, recordó sobre aquellos tiempos. Sin embargo, eso no la detuvo. Regresó a Lobería, donde probó con el magisterio y, en un giro del destino, el amor apareció en una pista de baile mucho antes de que ella soñara con manejar una consola. Fue en febrero de 1978, en el boliche Shamú de Claromecó, donde conoció a Rubén, su marido y compañero de vida. Vino el casamiento en 1980, la llegada de sus tres hijos Natalia, Nicolás y Luciano y la necesidad de no quedarse quieta. Mientras Rubén ejercía como arquitecto, Diana decidió que quedarse en casa sola con los niños no era suficiente. Sin poder estudiar psicología aún, buscó una alternativa práctica: estudió por su cuenta para ser martillera y corredora pública, rindió en el Poder Judicial y se puso a administrar los alquileres de la constructora familiar. Sin embargo, la espina de la vocación seguía ahí. Fue recién a los 42 años cuando Diana decidió que el tiempo de espera se había terminado. Así fue que estudió Psicología y, tras diez años de profesión donde se especializó en niñez, se jubiló. Pero el retiro, lejos de ser un silencio, fue el presagio de un nuevo ritmo. Ese nuevo ritmo se encendió con una escena que Diana no pudo dejar pasar. Fue durante el festejo de los 90 años de su madre en el hogar donde reside. El lugar había contratado a un guitarrista para agasajarla, pero lo que sucedió después cambió los planes de Diana para siempre. Yo fui y me puse a bailar, y se levantaron varios de los residentes. Hasta un señor que estaba en silla de ruedas le pidió a la cuidadora si no lo levantaba para bailar un poquito; se ve que a él también le gustaba mucho, recordó. En ese instante, su ojo clínico de psicóloga detectó algo potente: la música no era solo entretenimiento, era una herramienta de conexión y salud. Dije: La pucha, ¿qué puedo juntar de la profesión con la música en algún proyecto?, recordó. La respuesta llegó de la mano de un recuerdo de la pandemia. En 2018, Diana había empezado el gimnasio y, durante el encierro, su profesora daba clases por video en lo que llamaba la hora feliz. Diana sintió que ese concepto era exactamente lo que los adultos mayores necesitaban, pero con un giro inesperado: una disco móvil. Con la decisión tomada, le pidió permiso a su profesora para usar el nombre y puso manos a la obra. Se compró un parlante con luces, preparó una tablet con Spotify y fue a la sede de PAMI, donde pidió el listado de centros de día y hogares de Mar del Plata y salió a panfletear. Les decía: La primera vez no les cobro, conozcan lo que hago. Porque no entendían qué iba a hacer, subrayó. La propuesta era simple, pero revolucionaria para esos espacios: llevar la energía de la pista de baile a quienes creen que ya no pueden bailar. Hoy, Diana no solo se dedica a musicalizar cada etapa de la vida, sino también a curar, como lo hacía en sus tiempos de psicóloga, aunque ahora su mejor terapia no necesite palabras, sino un ritmo contagioso que lleve alegría al alma.
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