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» TN
Fecha: 17/04/2026 20:35
No importa si hace frío, calor o llueve: una voz se oye, constante, firme y sonriente. Buenos días, dice Alicia, y con esas dos palabras logra algo que parece simple, pero no lo es tanto: cambiar el ánimo de todos los que pasan por la vereda de la avenida Rivadavia, en Caballito. Alicia viaja desde Laferrere todos los días. Se levanta a las dos y media de la madrugada, desayuna unos mates rápidos y sale a tomar el colectivo. A las cinco y media ya está en la zona del Parque Rivadavia. Antes de empezar su jornada, camina varias vueltas a la manzana para cargar energía positiva. Después se instala y trabaja hasta la tarde. Leé también: Dar vida dos veces: Hilario tiene 3 años, recibe diálisis desde que nació y su mamá le donará un riñón Todos los que pasan por ahí la conocen y aseguran que ofrece mucho más que un pañuelito: Mira a los ojos, te sonríe y te dice buenos días. Y es impresionante cómo todos los vecinos ya la conocemos. Se hizo parte del barrio, cuenta Joaquín, que entrena en el gimnasio de la cuadra. Saluda a los chicos que van al jardín, a los adolescentes que caminan rumbo al colegio y a los adultos que van a paso rápido hacia el trabajo. Todos reciben el saludo de Alicia. Y casi sin darse cuenta, volvieron a incorporar una costumbre que parecía olvidada por muchos: responden. Aprendieron otra vez a decir buenos días, dice ella, orgullosa. Detrás de esa sonrisa, hay una historia de lucha. Alicia trabaja para sostener su tratamiento médico. Tiene una enfermedad crónica que requiere medicación diaria. Además, mantiene a su hija, que nació con hidrocefalia congénita y ya atravesó 18 cirugías. A pesar de todo, no falta nunca; aunque las ventas varíen a veces más, a veces menos, hay algo que no cambia: el afecto que recibe. Yo me voy feliz por el cariño que me brindan. Eso no lo tenía en el bolsillo, dice. Quienes pasan a su lado coinciden: acercarse a Alicia es llevarse una sonrisa, una charla breve, una dosis de energía. Te llevás un pañuelito, pero también una amiga y una fuerza enorme para vivir, dice otra vecina. Leé también: El sueño de una alumna de Bahía Blanca que se hizo realidad: logró que su maestra se convirtiera en su mamá Alicia explica que el cambio en los vecinos fue radical: de la desconfianza inicial a un vínculo genuino. Hoy, muchos se acercan no solo a comprar, sino a ayudar, a preguntar cómo estoy, a ofrecer agua o algo para comer. Alicia no acepta. Ella se trae de su casa todo lo necesario para atravesar el día y no le gusta pedir ni que le regalen nada. Con cada buen día, construyó algo más grande que un simple saludo: una red de afecto en medio de la rutina diaria. Un recordatorio de que, incluso en las jornadas más difíciles, un gesto mínimo puede hacer la diferencia. Realización: Juan Pablo Chaves. Edición: Facundo Leguizamón.
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