17/04/2026 19:32
17/04/2026 19:32
17/04/2026 19:32
17/04/2026 19:32
17/04/2026 19:32
17/04/2026 19:32
17/04/2026 19:30
17/04/2026 19:30
17/04/2026 19:30
17/04/2026 19:29
Concordia » El Entre Rios
Fecha: 17/04/2026 18:10
La homilía comenzó haciendo foco en una de las más provocadoras y desconcertantes facetas del mensaje cristiano: la misericordia de Dios. Jesús se inclina ante nuestra fragilidad para levantarnos y darnos la oportunidad de resucitar, enfatizó Frigo. Yendo aún más a lo hondo, habló de que Jesucristo nos invita a salir de nuestros encierros y a tocar las heridas de otros, en las que está Él, encontrando así la paz y la vida. Al igual que Tomás, necesitamos un proceso para creer y renacer y estamos llamados a compartir la misericordia que hemos recibido con aquellos que sufren. Casi como al pasar, el sacerdote aludió a una sugestiva referencia de los Evangelios acerca del apodo de Tomás, el que no creyó hasta tocar las llegas y el costado lastimado de Jesús. Le decían el mellizo. ¿Mellizo de quién? ¿Cuál sería su hermano parecido? No se sabe. Los textos bíblicos no dicen nada al respecto. Así las cosas, el presbítero sugirió: tal vez porque los parecidos, los mellizos de Tomás, incrédulos como él, somos todos. Dicho esto, pensé para mis adentros qué parecido soy a Tomás y ni hablar de lo parecido que soy a todos los demás personajes que confiesan abiertamente su condición de pecadores y buscan ser sanados por la Misericordia de Dios. En fin, parecido a todo ser humano respecto de la fragilidad y la incredulidad. No solo que todos somos hermanos. Además, somos mellizos. Miseria y cordia Ustedes saben que, como hemos reflexionado algunas veces, la palabra misericordia tiene estas dos partes, ¿no? Miseria y cordia, corazón. Es decir, la misericordia es el corazón de Dios que se inclina, se reclina frente a nuestra miseria, frente a nuestra fragilidad. Se reclina como un papá que se abaja para levantar a su hijo que se cayó, para eso, para levantarlo, explicó Frigo.A nosotros que de tantas maneras hacemos experiencia de la herida, de la herida de nuestro pecado, que desgasta la vida, nos hace bien saber que Jesús se inclina frente a mi pequeñez para abrazarme y levantarme. Él me hace renacer. Podemos pedirle a Jesús que, en esos rincones de mi propia vida, donde necesito volver a empezar, él también me regale la gracia de renacer, agregó. Al referirse al contenido de la lectura del día, el sacerdote explicó que frente a la experiencia del resucitado, en los discípulos hay un paso del encierro, del miedo y la tristeza, a la alegría. Y, como reafirmando esta invitación a un volver a nacer, Jesús sopló sobre ellos. Y este gesto es muy significativo. ¿Se acuerdan ustedes en el Génesis, en el relato de la creación? En ese relato cargado de simbolismos, cuando Dios creó al hombre y lo hizo con el barro, luego, frente a esta escultura, dice el Génesis, Dios sopló sobre su nariz un aliento vital y se convirtió en un ser viviente. Ahora el resucitado sopla sobre los apóstoles. Ese soplo significa que el resucitado nos vuelve a crear. El resucitado nos hace de nuevo, el resucitado nos recrea. Otra vez, esta invitación a un renacer. El resucitado quiere resucitarnos como quien nos invita a nacer. Paz, pero no de cartón Pero ahí no termina la cosa. Frigo explicó que Jesús los saludó dándoles la paz, pero no una paz de cartón.Jesús los saluda diciéndoles la paz esté con ustedes, sopla sobre ellos y les dice vayan, yo los envío. Como el padre me envió, yo los envío a ustedes. Les anuncia la paz, sopla sobre ellos y los envía, vayan, salgan, salgan de acá adentro. Es curioso porque uno podría pensar, bueno, frente a los discípulos tan heridos, Jesús podría darles como una paz del tipo que no te importe nada, que estés bien, no mires lo que pasa afuera, quédense tranquilos, mirate a vos mismo. Muchas veces esa es la paz que por ahí escuchamos, ¿no?, se preguntó el párroco de Nuestra Madre de la Merced. Y prosiguió: Una paz tan de cartón, una paz tan artificial que no dura mucho, porque cuanto más me miro, cuanto más me miro el ombligo, más me atormento. Muchas veces la tormenta está en el auto encierro. Y frente a este auto encierro, Jesús les dice salgan, tengan paz saliendo, tengan paz mirando un poco más allá, ampliando el horizonte de la mirada. Porque, si se quedan acá adentro lamentándose, si se quedan encerrados en la queja, la herida va a crecer cada vez más. Y concluyó invitando a cada uno a revisar sus propios encierros: Quizás podemos hoy también nosotros preguntarnos si no hay algún encierro que hoy, de alguna manera, me está como matando por dentro. A veces nos construimos nosotros mismos encierros para protegernos, pero en esos encierros no hay vida. Se parece más al encierro de un sepulcro que al encierro donde pueda haber vida. Si hay algún lugarcito del corazón donde me encerré, qué lindo que hoy podamos decir, podamos escuchar a Jesús que nos dice yo los envío. Yo te envío a que, tocando la herida de tanta carne sufriente, de tantos hermanos, tocando la herida, vos también me encuentres allí. Yo te envío a que no te quedes encerrado, que salgas y veas, que salgas y veas cómo te espero en tantos lugares, en tantos que desean ser amados, ser abrazados, ser reconocidos, tendiendo una mano, poniendo el oído, poniendo un hombro, compartiendo algo de lo que tengo. Allí, en esas manos heridas de Jesús, presentes en la herida de tantos hermanos, allí me envía para resucitarme. Allí puedo renacer, finalizó.
Ver noticia original