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Concordia » Diario Junio
Fecha: 17/04/2026 16:51
Desde el punto de vista antropológico, la humanidad atravesó tres estadios de evolución: «salvajismo», «barbarismo» y civilización, el último estadio correspondiente a la sociedad grecorromana, que daría lugar al mundo occidental capitalista de Occidente. Mientras que el «salvajismo» sería la Edad de Piedra, y el «barbarismo» fue la edad del Bronce y del Hierro, que representaron una suerte de comienzo de la sociedad dividida en clases sociales y el Estado como institución al servicio de unas clases contra otras. Las escuelas evolucionistas en antropología, arqueología e historia han visto en el desarrollo evolutivo una «necesidad» histórica de los pasos que la sociedad humana debía pasar hasta llegar al presente capitalismo global. Hubo quienes, como nada menos que Marx y Engels, definieron luchar por superar el último estadio capitalista, por la creación de una sociedad sin clases. Pero hete aquí que, a pesar de la evolución tecnológica operada en los últimos tiempos, la evolución social de la misma ha ido retrocediendo en los últimos cien años, o quizás más, salvo algunas excepciones. La aparición de nuevas ideas, conjugadas con las ideologías, fueron instrumentos nuevos de dominación de los pueblos, como las monarquías irredentas, las dictaduras fascistas, los fundamentalismos religiosos y las nuevas doctrinas políticas, que, simulando democracias con división de poderes, se ponían al servicio de poderes extraterritoriales. Volviendo a los dirigentes de los que nos ocupábamos al principio, y que protagonizan un acto de crueldad insólita con una guerra absurda, impregnada de delirios mesiánicos, lo que tienen en común es que ponderan la reacción y la vuelta a la «barbarie» de los países y pueblos del tercer mundo que se le opongan a sus designios. Tanto Netanyahu como Donald Trump, además de el «regreso a la Edad de Piedra», pensaron en su momento lanzar un artefacto nuclear táctico en la Franja de Gaza, para expulsar a dos millones de gazatíes de su propio territorio. Y lo mismo se pretende hacer con el Líbano, con el pretexto de combatir el terrorismo, destruyendo edificios enteros de civiles, como lo hizo EE.UU. en su ataque artero en medio de negociaciones de paz junto a su cómplice Israel. Que en la primera jornada fueron asesinadas 175 niñas de una escuela iraní. Para estos dirigentes, la «Edad de Piedra» es sinónimo de realidad y de destrucción total. Obviamente, no se representaron nunca el costo humano que ello significa, no en soldados sino en víctimas inocentes. Simplemente, no les importa. Esta política de barbarie tiene, por supuesto, otro objetivo, tanto en la Franja de Gaza como en Cisjordania y en Irán: desplazar o eliminar a sus moradores actuales para construir los «sueños húmedos» escritos en textos bíblicos, porque son portadores de un presunto «destino manifiesto», en lo que les indica no tener límites para conseguir los objetivos. Y eso lo sabe bien el sionismo internacional, que opera como un poder mundial económico en las sombras. En cuanto a Trump, le sedujo la «aventura» bélica contra Irán sin el más mínimo conocimiento de él y de sus impresentables asesores, de las capacidades militares operativas de una nación que hace más de 20 años que se viene preparando para esta ocasión que sabía iba a suceder. Donald aprueba la destrucción de Irán por dos razones: controlar su petróleo, porque es el principal abastecedor de China (su archienemigo), y quedarse con el corredor de tráfico comercial de Eurasia. Por eso aprueba la destrucción de Palestina (7 de cada 10 bombas que arroja Israel sobre Palestina le son dadas por EE.UU.) y que tiene planes inmobiliarios con su yerno Jared Kushner para hacer de esos territorios algo similar a la Riviera Francesa sobre la sangre y huesos de miles y miles de palestinos. O sea, la Edad de Piedra para algunos, los negocios capitalistas para otros. Pero no nos asombremos. Nosotros tenemos la versión «criolla» de Trump en Javier Milei, que con su motosierra está llevando a su país en caída libre económica y social, con destrucción del aparato productivo y con un nivel de pobreza que excede la imaginación de cualquier ser normal. Pero los colonialistas y los imperialistas de todo tipo no solo no tienen idea de la historia humana: están empecinados en destruirla sin tener idea de lo que les espera. Netanyahu, a costa de la población judía, porque tarde o temprano la sociedad judía será víctima de la reacción en masa de los árabes si no frenan la maquinaria de guerra desatada sin freno alguno en forma irracional. Ya pasaron los tiempos en que la civilización representa simplemente el sentido común de la humanidad, junto al crecimiento y el desarrollo de los siglos. Si la sociedad reacciona y avanza, hará desaparecer el sistema. Pero si no reacciona, el «sistema» destruirá la sociedad. Así de simple. Fuente: con información de Prensa Alternativa
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