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Parana » Analisis Litoral
Fecha: 17/04/2026 11:09
El empresario entrerriano Daniel Pitón afirmó este jueves que se vio obligado a mentir durante la investigación del caso Cuadernos para evitar quedar detenido y sostuvo que nunca pagó sobornos, al declarar de manera breve y sin responder preguntas en el juicio oral que tiene como principal acusada a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner junto a otros 85 imputados. Pitón, de 60 años e integrante de la firma José Eleuterio Pitón S.A., está acusado como coautor de cohecho activo. En su exposición ante el Tribunal Oral Federal 7, optó por limitarse a un descargo sin aceptar preguntas y buscó desmentir lo que había declarado durante la etapa de instrucción, a cargo del fallecido juez federal Claudio Bonadio. Lo que no queríamos era quedar presos, explicó al recordar su indagatoria, a la que asistió junto a su hermano, entonces presidente de la empresa. Según relató, en un primer momento presentaron un escrito sin mentir, pero su abogado les advirtió que no era suficiente. Fue entonces según su versión actual cuando decidió declarar en un sentido que no refleja la verdad. Lo que dije fue para no quedarme ahí preso, insistió. El rol de Clarens y los contactos En otro tramo de su declaración, Pitón se refirió al financista Ernesto Clarens, uno de los imputados arrepentidos que durante la investigación aportó listados de supuestos empresarios que habrían pagado sobornos. Según relató, llegó a su nombre en medio de gestiones para cobrar pagos atrasados. Me decían por qué no hablás con un señor Clarens, recordó. Tras conseguir su contacto, se reunió con él en su oficina. Allí me ofreció que tenían una financiera que podía comprar certificados de obra, indicó. También mencionó propuestas vinculadas a seguros de caución y alquiler de equipos. Sin embargo, aseguró que nunca avanzó en ninguna operación ni volvió a tener contacto relevante. A Clarens no le entregué ni un peso, ni a Clarens ni a nadie, remarcó. Silencios, estrategia y reclamos de las defensas Pitón fue el único que declaró en la jornada. El resto de los empresarios convocados optó por el silencio, lo que volvió a generar cuestionamientos por parte de las defensas. El planteo central gira en torno a la imposibilidad de contrainterrogar a imputados que durante la instrucción declararon como arrepentidos y ahora se niegan a hablar en el juicio oral. Entre ellos, el ex ministro Julio De Vido volvió a insistir con la reserva de acudir a la Cámara Federal de Casación. Se vulnera específicamente el derecho de defensa, señalaron desde su entorno. También se negaron a declarar empresarios como Roberto Orazi, Julio José Paolini, Carlos Román y Carlos Arroyo. Paolini se limitó a afirmar: Soy inocente y no he cometido ningún delito. Por su parte, la defensa de José María Olazagasti solicitó ser relevado de su obligación de guardar secreto, al confirmarse su rol como agente de inteligencia al momento de los hechos investigados. Un juicio atravesado por contradicciones El proceso, que investiga un presunto sistema de pago de sobornos en la obra pública entre 2003 y 2015, continúa desarrollándose bajo modalidad mixta. El Tribunal Oral Federal 7 está integrado por los jueces Fernando Canero, Germán Castelli y Enrique Méndez Signori. En audiencias anteriores, el silencio de los imputados ya había generado tensiones. Las defensas advirtieron que la imposibilidad de repreguntar podría vaciar de valor probatorio las declaraciones de los arrepentidos. El juicio continuará el próximo martes 21 de abril. LO QUE NO SE DICE Sin embargo, más allá de sus palabras, la escena deja flotando una incógnita difícil de disipar. Si según su propia versión mintió para no ir preso, ¿qué parte de su relato debe tomarse hoy como verdadera? ¿La de entonces, bajo presión judicial, o la actual, cuando el riesgo parece haber cambiado de lugar? La afirmación resulta, cuanto menos, incómoda: admite haber falseado su declaración en un momento clave del proceso, pero al mismo tiempo pretende invalidar todo lo dicho sin someterse a preguntas. ¿Puede un testimonio autodeclarado como mentira convertirse ahora, sin más, en verdad? En ese juego de versiones, donde lo dicho ayer se desdice hoy, subyace otra pregunta que nadie termina de formular en voz alta: si no hubo pagos, si no hubo intermediarios, si no hubo nada ¿qué fue exactamente lo que se intentó encubrir con aquella mentira necesaria para evitar la cárcel? Porque si algo queda claro en este tramo del juicio, no es tanto la certeza de los hechos, sino la fragilidad de los relatos. Y en ese terreno resbaladizo, donde todos parecen haber tenido razones para callar, mentir o recordar selectivamente, la línea entre defensa y estrategia empieza a volverse peligrosamente difusa.
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