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  • Ya no alcanza con decir Malbec: qué cambió en el vino más argentino

    » TN

    Fecha: 17/04/2026 08:40

    Cada 17 de abril, el Día Mundial del Malbec pone en primer plano a la cepa que se convirtió en símbolo del vino argentino. Pero más allá del brindis, hoy el Malbec atraviesa una transformación que redefine su estilo, su identidad y su lugar en el mundo. Con el 23,9% de la superficie cultivada del país, según el Instituto Nacional de Vitivinicultura, sigue siendo la variedad más plantada de Argentina. Sin embargo, el desafío ya no es que el mundo lo conozca, sino que entienda sus diferencias. Del varietal al origen: un nuevo mapa del Malbec Durante años, hablar de Malbec era suficiente. Hoy, en cambio, el foco está puesto en el origen. El Malbec no es solo un varietal emblemático, sino una plataforma para construir vinos con identidad, señala Lucas Löwi, Director General de Terrazas de los Andes. El desafío ya no es que lo conozcan, sino que entiendan de dónde viene. Desde Mendoza, regiones como Luján de Cuyo y el Valle de Uco consolidaron ese cambio, con vinos cada vez más ligados a parcelas, suelos y microclimas. En esa misma línea, desde Escorihuela Gascón, el enólogo Matías Ciciani Soler resume la filosofía con una idea simple: Somos intérpretes de un paisaje único. Nuestro trabajo es traducir lo que dicen la tierra, el clima y el sol. En Mendoza, esa diversidad aparece incluso entre viñedos separados por pocos kilómetros. En Huarpe Riglos Family Wines, la convivencia entre Agrelo y Gualtallary permite mostrar dos expresiones muy distintas del Malbec: una más amplia y clásica, otra más tensa y mineral. Nuestros Malbec cobran vida en las entrañas de Gualtallary, al pie de los Andes. Es la montaña la que nos regala suelos únicos; una geografía llena de fuerza que buscamos embotellar con absoluta nitidez, explica José Hernández Toso. Para la bodega, el Malbec sigue siendo una de las expresiones más claras de la identidad argentina. Como el fútbol, es parte de lo que somos: diverso, apasionante y capaz de representar al país en cualquier escenario, resume Hernández Toso. Altura, sur y Patagonia: un país, muchos Malbec Ese mapa no se limita a Mendoza. Hoy el Malbec argentino se entiende como un conjunto de territorios diversos. En el norte, los Valles Calchaquíes llevan la vitivinicultura al extremo. En Bodega Colomé, con viñedos que superan los 3000 metros, la altura define el estilo. A mayor altura hay más radiación, la piel de la uva se vuelve más gruesa y el vino gana concentración. Pero al mismo tiempo, la amplitud térmica permite mantener frescura y elegancia, explica Thibaut Delmotte. Eso nos da vinos que combinan potencia y delicadeza, algo poco habitual. Entre los nuevos mapas del Malbec también empieza a destacarse el Valle de Pedernal, en San Juan. Allí, entre los 1200 y 1700 metros de altura, el clima frío y los suelos ricos en calcáreo y sílex dan lugar a vinos de perfil más filoso y mineral. Un ejemplo es Fuego Blanco Valle del Silex Malbec 2024, elaborado en la zona más alta del valle y pensado como una expresión precisa de ese terroir. Sus particularidades se deben a las diferencias geográficas, de clima y suelo, además del manejo del viñedo y de la elaboración, explica Andrea Ferreyra, de Bodega La Celia. Eso hace que el Malbec se exprese de manera distinta según el terruño donde se encuentre. En la Patagonia, en cambio, el clima frío y el viento marcan otra identidad. En Bodega Familia Schroeder destacan que esas condiciones dan lugar a Malbecs con frescura, intensidad aromática y taninos suaves, con un perfil más elegante y sutil. Los vinos patagónicos son diferentes a los del resto del país. Y, puntualmente, San Patricio del Chañar es una región con características ideales para hacer Malbec de la más alta calidad, afirma Juliana Del Aguila Eurnekian, presidenta de Bodega Del Fin Del Mundo. En Patagonia se preserva una acidez natural que aporta equilibrio y hace que los vinos sean más bebibles, con taninos sedosos y redondos, características que marcan una diferencia frente a los Malbec de otras regiones del país, agrega Del Aguila Eurnekian. A esto se suma el sur mendocino, donde proyectos como Bodega Jorge Rubio aportan una mirada más clásica y territorial. Seguimos haciendo el mismo vino que siempre quisimos hacer, afirma su fundador, Jorge Alberto Rubio, que pone el foco en la coherencia y la identidad a lo largo del tiempo. Esa búsqueda de precisión llega incluso al nivel de un solo bloque dentro de un viñedo. En Bodega Vistalba, TOMERO Cuartel 41 nace de un sector específico de Finca Tomero, en Los Árboles, Tunuyán, a 1200 metros de altura. TOMERO Cuartel 41 rinde homenaje al cuartel del que proviene, un bloque que desde 2005 ha sido cuidado con dedicación para revelar un Malbec fiel a la máxima expresión del terroir de Los Árboles, explican desde la bodega. El nombre de la línea remite a los tomeros, los encargados de distribuir el agua de deshielo en Mendoza. Una figura tradicional que resume buena parte de la historia vitivinícola de la provincia: la relación entre montaña, agua y viñedo. Nuevos estilos: menos madera, más frescura El cambio también es estilístico. El Malbec de hoy se aleja de los perfiles más pesados y busca mayor equilibrio. Hay una evolución hacia vinos más frescos, más elegantes y con menos madera, explica Delmotte. El Malbec está en una etapa de transición y tiene que adaptarse a lo que busca el consumidor. Esa búsqueda también implica intervenir menos. Creemos que un gran vino necesita ser comprendido y acompañado, no forzado, sostienen desde Escorihuela Gascón, en línea con una tendencia que prioriza la expresión del origen por sobre la técnica. Otra de las tendencias que gana espacio es la del Malbec orgánico y de perfil más fresco. En Familia Salas Organic Estate, la línea Malbecino reúne distintas versiones de la cepa joven, blanco, rosado, reserva y gran reserva elaboradas con uvas orgánicas y certificación vegana. Buscábamos un vino fácil de beber, con mucha fruta, pero siempre aparecía algo más, cuenta Ramiro Salas sobre Malbecino Agrandado. Es un Malbec joven que ladra y muerde. Esa transformación también se ve en bodegas históricas como Bodega Nieto Senetiner, donde la evolución del Malbec siguió de cerca el cambio de estilo que atravesó el vino argentino en las últimas décadas. La evolución del Malbec en la bodega está muy ligada a la evolución del Malbec en el país. Pasamos de un estilo más concentrado y maduro a explorar perfiles donde el origen y la frescura tienen un rol mucho más marcado, explica Santiago Mayorga, enólogo de Nieto Senetiner. Hoy trabajamos el varietal desde distintos terroirs para entender y expresar esa diversidad. Incluso dentro de regiones históricas como Luján de Cuyo, aparecen nuevos matices: vinos más estructurados conviven con versiones más frescas, resultado de decisiones como adelantar la cosecha, reducir la presencia de madera o trabajar con viñedos antiguos. Esa búsqueda refleja una tendencia que hoy atraviesa a gran parte del Malbec argentino: menos peso, más tensión y una identidad cada vez más ligada al lugar de origen El Malbec se abre a nuevas formas En paralelo, la cepa se vuelve más flexible. Los blends ganan terreno como una forma de explorar nuevas expresiones. El Malbec tiene una enorme capacidad de adaptación, afirma Hervé Joyaux Fabre. Al combinarlo con otras variedades, como el Cabernet Franc, se suman capas de frescura y complejidad sin perder su esencia. Esa apertura también se ve en propuestas que combinan distintos terroirs en una misma botella, ampliando el universo del Malbec más allá del varietal puro. La línea Aventura de Bodegas Kaiken reúne tres Malbec 100% provenientes de distintas zonas de Mendoza: Los Chacayes Norte, Los Chacayes Sur y el Valle de Canota, una forma concreta de entender cómo una misma variedad puede dar resultados completamente distintos según su lugar de origen. Trabajamos los tres vinos con exactamente la misma vinificación, sin madera ni intervenciones que puedan enmascarar el carácter del lugar. El resultado fue contundente: cada Malbec desarrolló un perfil sensorial propio, determinado por el terroir de origen, afirma Juan Pablo Solís, enólogo de Bodega Kaiken. Esa evolución también se ve en los proyectos de partidas limitadas y perfil único. En Mastrantonio Wines, el Malbec encuentra una de sus expresiones más ambiciosas en Il Varone Gran Malbec 2018, elaborado en Los Chacayes y criado durante 18 meses en barricas de roble francés, con una estiba posterior de tres años. En esa búsqueda, el trabajo se vuelve cada vez más específico. Ya no alcanza con una finca: importa el bloque, el detalle, el comportamiento de cada sector. Un vino que representa a los argentinos Más allá de las tendencias, el Malbec mantiene un vínculo único con la cultura local. Quien abre un Malbec en una mesa está eligiendo algo que lo representa, señala Lucca Stradella, fundador de Cimarrón Wines Co.. Eso no lo logra cualquier varietal. Esa conexión, que va del asado cotidiano al reconocimiento internacional, explica por qué sigue siendo el vino más identificado con Argentina. Entre el crecimiento y el desafío El presente del Malbec combina consolidación global con tensiones en el mercado interno. La caída del consumo en la base es muy fuerte, algo que no se había visto antes, advierte Jorge Rubio. La única salida es mejorar la calidad. En ese contexto, la industria avanza hacia vinos más precisos, diversos y adaptados a nuevos hábitos de consumo. El futuro del Malbec, coinciden productores y enólogos, no pasa por abandonar su identidad, sino por profundizarla: hablar de origen, de altura, de suelos y de estilos. Porque si durante años el desafío fue que el mundo conociera el Malbec, hoy el verdadero objetivo es que entienda todo lo que puede ser.

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