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» La Nacion
Fecha: 16/04/2026 20:39
Qué hay detrás de la estrategia de Caputo para conseguir dólares El ministro y su equipo negocian con el Banco Mundial y con organismos multilaterales dos préstamos; el Tesoro enfrenta vencimientos por US$9000 millones este año - 7 minutos de lectura' La noticia circuló como versión en la reunión del Fondo Monetario Internacional que se está celebrando en Washington. El equipo económico, con Luis Caputo a la cabeza, está negociando con el Banco Mundial un préstamo que rondaría los 2000 millones de dólares, a los que se sumarían otros 2000 millones de la CAF y el BID. El desembolso depende de la aprobación del directorio del Banco. El significado de esta información adquiere su verdadera dimensión cuando se advierte que Caputo y sus colaboradores analizan tomar ese crédito como garantía, en principio, para la emisión de un bono a través del cual recaudar un monto de mayor tamaño: se especula con que tomarían entre 8 y 10.000 millones de dólares. En el Ministerio de Economía se encargaron de enfriar la expectativa: fuentes oficiales negaron en la tarde del jueves que esté en carpeta una emisión de deuda de esas características. En las últimas horas, en el equipo económico comenzó a estudiarse otra opción: prescindir de un bono y utilizar los préstamos de los multilaterales para respaldar un crédito de un grupo de bancos. El Tesoro enfrenta para el resto del año vencimientos por 9000 millones de dólares. El año próximo será mucho más exigente: la cuenta a saldar será de 27.000 millones. La operación que negocia el equipo económico, si se concreta, supone una mejora significativa de las perspectivas del programa económico. Sobre todo por la caída en el índice de riesgo-país. En consecuencia, también iría en ascenso la competitividad política de Javier Milei. La emisión de deuda en el mercado convencional es una cuestión estratégica para Caputo. Pero es posible que, otra vez, quede descartada. El último intento por conseguir ese objetivo fue vetado por Milei. Fue cuando el Presidente desautorizó la emisión de un papel para captar fondos a una tasa superior al 9%. La primera derivación de esa negativa fue la renuncia del secretario de Finanzas, Alejandro Lew. Fue reemplazado por Federico Furiase. El propósito casi exclusivo de Furiase, bajo la presión de Caputo, fue que se le habilite el acceso a los fondos con un costo inferior. La solución es la que se negocia en estas horas: que parte del riesgo crediticio lo asuma una o varias instituciones más confiables que la República Argentina. Por supuesto, es una salida que provoca controversias, ya que disimula uno de los puntos débiles del Gobierno: su plan económico todavía no inspira confianza en los mercados. La fórmula en la que se contaría con la garantía del Banco Mundial, la CAF y el BID, funcionaría del modo que sigue: en el terreno de las hipótesis, partiendo de la base de una operación de 10.000 millones de dólares, 4000 millones de dólares se tomarían a una tasa de alrededor del 4%, que es la que cobran esas instituciones multilaterales. Y los 6000 restantes se tomarían con una tasa del 9%. Quiere decir que para el volumen total del préstamo se estaría pagando una tasa del 7%. El recurso a estos organismos multilaterales completa una iniciativa de financiamiento que se está trabajando en el seno del equipo económico desde hace semanas, con la colaboración de un banco suizo. La resistencia a emitir un bono privaría al Gobierno de la posibilidad de aplaudir un objetivo muy valioso: la posibilidad de financiarse en el mercado voluntario de deuda. La imposibilidad de hacerlo es una de las principales carencias del programa liderado por Milei. Los funcionarios celebran el programa como el mejor elaborado de la historia, pero los financistas no están dispuestos todavía a apostar por el experimento. Es cierto que, aun cuando se emita un título, el atractivo de ese papel no estaría dado por la solidez de la política económica sino por la garantía de organismos multilaterales. La dificultad para tomar deuda en el mercado convencional promete una discusión política. Desde temprano, algunos economistas de la oposición elaboran argumentos para objetar la operación que estudia, todavía de manera preliminar, el equipo económico. El reparo principal es que el Tesoro desvía para el pago de deuda recursos del Banco Mundial, el BID y la CAF que podrían destinarse a mejorar la infraestructura y, de ese modo, reanimar la economía. Si pudiéramos salir al mercado con un bono, con la sola garantía de la calidad de la política económica, se podrían utilizar los préstamos de los multilaterales para sacar a la economía del punto de inercia en que se encuentra, explica uno de esos técnicos. El recurso a garantías externas es una lógica que Caputo viene ensayando con contratiempos desde mediados del año pasado. Una vez que recibió el cheque de 20.000 millones de dólares del Tesoro de los Estados Unidos, buscó conseguir una suma similar para la recompra de deuda. Los bancos invitados para aportar los fondos pidieron una garantía del Tesoro, que Scott Bessent se negó a extender. El proyecto fracasó. Ahora se pretende ensayar el mismo truco de manera más modesta. Y con una diferencia: el dinero de los bancos respaldados por el Tesoro no sustraía recursos a emprendimientos que podrían impulsar una reactivación. Entre el fallido experimento con el Tesoro y varios bancos y el que ahora se realiza con el Banco Mundial reaparece un factor vital para Milei: la vocación de los Estados Unidos, en rigor, de Donald Trump, para sostener la gestión de su aliado. La influencia del Tesoro sobre el Banco Mundial es determinante, aun cuando el actual presidente de la entidad, Ajay Banga, haya sido propuesto por el demócrata Joe Biden. Durante la semana hubo un indicio de esta estrategia. Estaba en el párrafo del acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional que se refiere a financiamiento. Dice así: Se está implementando una estrategia integral para refinanciar las obligaciones cambiarias mediante la emisión continua de deuda nacional denominada en dólares, la venta de activos estatales, operaciones de recompra con bancos centrales y préstamos externos, potencialmente respaldados por instituciones financieras internacionales. Se espera que, con el tiempo, esta estrategia impulse un acceso oportuno y sostenible a los mercados internacionales de capitales. La novedad, aunque genere controversias, ofrece grandes beneficios al Gobierno. Un problema crítico para Milei y Caputo es el del financiamiento del gasto público mientras se persevera en el equilibrio fiscal. La decisión de poner todo el peso en la reducción de las erogaciones no sólo llegó a su límite. Lo traspasó. Los recortes están produciendo crujidos en toda la administración, como se advierte en el conflicto que se abrió con los proveedores del PAMI, por citar el caso más estridente. Las autoridades podrán ejecutar el presupuesto de manera menos dramática. Otro frente importantísimo es el de las reservas del Banco Central. Acumularlas es un imperativo categórico para la gestión de Milei. Pero esa mejora en el activo del Central resultaría ilusoria si los dólares que se adquieren son destinados al pago de la deuda del Tesoro. Si se confirma la posibilidad de endeudarse a una tasa más razonable el perfil de reservas del Central mejorará en términos absolutos. Este último frente es siempre importantísimo. Pero adquiere una relevancia mayor en el actual contexto internacional. Aun cuando la guerra de Medio Oriente llegue a su fin, la crisis económica que se desencadenó por su culpa tendrá una duración inconveniente. Muchos bienes se van a encarecer. Sobre todo, los hidrocarburos y sus derivados estratégicos. Por lo tanto, hay que esperar una amenaza inflacionaria, que los bancos centrales intentarán conjurar subiendo la tasa de interés. El primero de todos, la Reserva Federal de los Estados Unidos. Esa decisión financiera se proyectaría sobre la escena global como suele hacerlo: los países más necesitados de tener dólares son los primeros en recibir el azote del mercado. Es lo que sucedió en abril de 2018, inaugurando la lenta declinación del gobierno de Macri. Es el gran riesgo que enfrenta Milei, por culpa de una paradoja: su principal benefactor bilateral, Trump, es su máximo verdugo por sus jugadas en la arena internacional.
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