16/04/2026 14:29
16/04/2026 14:29
16/04/2026 14:29
16/04/2026 14:28
16/04/2026 14:27
16/04/2026 14:24
16/04/2026 14:24
16/04/2026 14:24
16/04/2026 14:24
16/04/2026 14:24
» TN
Fecha: 16/04/2026 12:54
La escena ya no sorprende, pero sí impacta. La cooperativa SanCor, símbolo durante décadas de la industria láctea nacional, pidió su propia quiebra ante la Justicia de Rafaela y formalizó así un desenlace que en el sector muchos consideraban inevitable. El expediente, que se tramita en el Juzgado de Primera Instancia de Distrito 5 en lo Civil y Comercial de la Cuarta Nominación, recoge los indicadores de un deterioro profundo: cesación de pagos, insolvencia generalizada y una estructura que ya no logra sostenerse. Leé también: Una láctea santafesina frenó la quiebra con un pago millonario, pero se agrava la crisis operativa y laboral La confirmación llegó desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA), el gremio que nuclea a los trabajadores, a través de un comunicado contundente. Allí se detalla que la empresa acumula una deuda cercana a los US$120 millones entre compromisos en moneda extranjera y pesos y arrastra además un pasivo que sigue creciendo mes a mes. Leé también: Contrarreloj, una agroindustria santafesina ensaya nuevas ofertas para evitar la quiebra Pero los números, aunque elocuentes, no alcanzan para explicar el cuadro completo. Detrás de ellos hay una empresa que dejó de pagar sueldos hace ocho meses, que adeuda aguinaldos y que, según denuncias sindicales, incluso habría incurrido en irregularidades en la liquidación de haberes. El derrumbe anunciado La intervención judicial dispuesta meses atrás ya había marcado la gravedad del cuadro. El juez Marcelo Germán Gelcich había señalado problemas estructurales: falta de información contable clara, incumplimientos reiterados y una crisis laboral que escalaba sin freno. Leé también: La nueva Vicentin acelera su reactivación tras el cambio de control El pedido de quiebra, en ese contexto, aparece más como la formalización de un estado de hecho que como una sorpresa. De líder a la periferia Hubo un tiempo en que SanCor era sinónimo de liderazgo. Fundada en 1938 en Sunchales, la cooperativa llegó a procesar en la década del noventa más de 4,6 millones de litros de leche diarios, encabezando con holgura el ranking del sector. Ese volumen no solo representaba capacidad productiva: era también la expresión de un modelo cooperativo que integraba a cientos de productores y que había logrado consolidarse como referencia nacional e internacional. Leé también:Las exportaciones de carne argentina reducen su dependencia de China con la apertura de otros mercados Sin embargo, el paso del tiempo fue erosionando esa posición. Para 2009, la producción había caído a 3 millones de litros diarios y la empresa ya no ocupaba el primer lugar. La tendencia continuó en los años siguientes, hasta ubicarla en posiciones marginales dentro del mercado. Hoy, con apenas unos 700.000 litros diarios sumando producción propia y de terceros, la distancia con su pasado es abismal. Las plantas, distribuidas entre Santa Fe y Córdoba, funcionan con volúmenes variables y bajo esquemas productivos fragmentados: acuerdos a fasón, tercerizaciones y estrategias de supervivencia que evidencian la pérdida de un proyecto integral. Leé también: Pastizales: una señal global para producir más sin perder biodiversidad El retroceso no fue lineal ni responde a una única causa. En su trayectoria reciente se combinan factores estructurales y coyunturales: problemas financieros persistentes, decisiones empresariales fallidas, conflictos gremiales que paralizaron la producción y un contexto macroeconómico adverso. A eso se sumó un episodio clave: la deuda de Venezuela, originada en acuerdos bilaterales impulsados durante los gobiernos de Hugo Chávez y Néstor Kirchner. En ese esquema, la cooperativa exportó productos lácteos bajo un sistema de intercambio que terminó colapsando cuando el país caribeño entró en default en 2017. Aunque parte de la deuda fue recuperada, aún quedan unos 18 millones de dólares con escasas probabilidades de cobro. Ese golpe financiero se sumó a una estructura ya debilitada y terminó de tensionar su equilibrio. Trabajadores en el centro de la crisis Si hay un actor que sintetiza el impacto de esta crisis, es el de los trabajadores. Con ocho meses de salarios adeudados y prestaciones sostenidas en muchos casos por mecanismos extraordinarios, el escenario social es tan crítico como el económico. Desde ATILRA sostienen que la empresa se sostuvo, en gran medida, a costa del propio personal. La afirmación, más allá del tono, refleja una realidad tangible: la continuidad operativa dependió en parte del esfuerzo de quienes mantuvieron en funcionamiento las plantas en condiciones adversas. Leé también: Lanzan una nueva plataforma para vender y comprar activos ambientales del campo En ese marco, la eventual declaración de quiebra abre interrogantes. El primero, inmediato, es qué ocurrirá con los puestos de trabajo. El segundo, más amplio, es si la marca podrá sobrevivir a la caída de su estructura actual. Desde el gremio plantearon una lectura que busca proyectar más allá del colapso: la quiebra no como final, sino como punto de partida para una reorganización. La idea de rescatar el valor de la marca y reconstruir sobre la base del capital humano aparece como una posibilidad, aunque todavía difusa. Leé también:Entidades granarias y agroexportadoras instan a retomar los fletes de carga, con seguridad reforzada El futuro dependerá de múltiples variables: decisiones judiciales, eventuales interesados en activos o unidades productivas y la capacidad de articular un nuevo esquema empresarial. Mientras tanto, el presente es contundente. La caída de SanCor no es solo la historia de una empresa en crisis. Es también el reflejo de las dificultades de un modelo, de las tensiones de una cadena productiva y de los costos sociales que emergen cuando las estructuras dejan de sostenerse. En Rafaela, donde se tramita el expediente, la definición judicial marcará el próximo capítulo. Pero el desenlace, al menos en términos simbólicos, ya está escrito: una de las marcas más emblemáticas de la lechería argentina enfrenta su hora más oscura.
Ver noticia original