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  • Traslado de la Capital. Auge y caída del proyecto más ambicioso: el nombre para la ciudad, la nueva provincia y la oposición de enanos

    » La Nacion

    Fecha: 16/04/2026 11:59

    En 1986, hace 40 años, el presidente Raúl Alfonsín presentó un proyecto para que las ciudades de Viedma y Carmen de Patagones se convirtieran en la nueva Capital Federal del país; era apenas el disparador para la fundación de la Segunda República - 13 minutos de lectura' Es indispensable crecer hacia el sur, hacia el mar y hacia el frío. El 16 de abril de 1986, en Viedma, frente a una multitud entusiasmada, el presidente Raúl Alfonsín explicaba el proyecto más ambicioso de su gobierno: el traslado de la Capital Federal a las ciudades de Viedma y Carmen de Patagones. Porque el sur, el mar y el frío fueron casi las señales de la franja que abandonamos (...), del perfil inconcluso que subsiste en la Argentina. La noche anterior, por cadena nacional, el mandatario había anunciado al país su propósito de mover hacia el sur el centro político de la nación. Un año más tarde, el Congreso sancionó la ley que declaraba como nueva Capital al Distrito Federal de ViedmaCarmen de Patagones. Sin embargo, el correr del tiempo y los avatares políticos y económicos que debilitaron al gobierno hicieron que el proyecto nunca se concretase. Hoy aquella idea transformadora apenas se recuerda como un sueño utópico del alfonsinismo. Pero en aquel entonces la realidad era otra. Para el traslado de la Capital al sur se trabajó mucho, no fue un sello de goma. Alfonsín estaba muy decidido y la sensación era que el proyecto se iba a materializar, dice Luján Menazzi, doctora en Ciencias Sociales, investigadora del Instituto de Investigaciones Gino Germani y del Conicet. La investigadora, que estudió y escribió artículos sobre el traslado de la Capital en publicaciones especializadas, habló con LA NACION sobre el auge y la caída de esta iniciativa de cuyo anuncio se cumplen esta semana 40 años. La Segunda República Luján, ¿en qué momento político se encontraba Raúl Alfonsín cuando anunció el traslado de la capital? En 1986 Alfonsín ya llevaba unos años en el cargo su gobierno comenzó en diciembre de 1983, lo que implica un desgaste lógico. Pero en abril de 1986 venía de un envión interesante. Esto se dio, entre otras cosas, con los primeros meses del Plan Austral que tuvieron cierto éxito y con el impacto del Juicio a las Juntas. El gobierno tenía oxígeno político para plantear proyectos ambiciosos. ¿Qué otros proyectos ambiciosos se manejaron por aquellos días? En paralelo se trataba la Ley de Divorcio. Había grandes discusiones en temas estructurales de la sociedad. El proyecto del traslado de la Capital estaba enmarcado en la fundación de la Segunda República. ¿En qué consistía? Era un proyecto muy ambicioso. El nombre de Segunda República lo toma de la tradición francesa. Era una búsqueda refundacional, que tenía como norte la descentralización, la modernización del Estado, la modificación del Poder Judicial. Todo eso a través de la reforma de la Constitución. O sea, se tocaba todo. La provincia del Río de la Plata Si se trasladaba la Capital a Viedma, ¿qué pasaba con Buenos Aires? Se debatió mucho qué hacer con la ciudad de Buenos Aires. Se pensaba en un momento unirla con partidos del conurbano y armar una nueva provincia. Entiendo que tenían nombre para ese nuevo territorio: Provincia del Río de la Plata. Exacto. Pero fue muy discutido. A nivel político, hacía mucho ruido la idea de concentrar toda esa población y ese poder económico bajo un mando que no fuese el del presidente. El proyecto era tan grande que en un momento los asesores le sugirieron a Alfonsín que no se refiriera más a la Segunda República, que no fuera por ese lado. Quedó entonces la propuesta de el traslado de la Capital como puntapié. Alfonsín pensaba que si lograba el traslado, el resto se iba a desencadenar como consecuencia natural. ¿Cuáles eran los fundamentos de Alfonsín para justificar el traslado de la Capital? Para él la estructura territorial estaba muy concentrada en Buenos Aires y quería descomprimir, que no quede tanto desequilibrio entre el centro y la periferia. Y después, hay fundamentos más ligados a la Patagonia, que había sido abandonada, descuidada y que sus recursos naturales están subexplotados. Él quería cuidar a esa región a nivel militar y hacer una estructura de país más oceánica, más alejada del río. Alfonsín pretendía, básicamente, mover el centro del país. Buenos Aires seguirá siendo Buenos Aires La idea de llevar la capital a las ciudades de Carmen de Patagones, provincia de Buenos Aires, y Viedma, en Río Negro, generó por supuesto ciertas polémicas y confusiones. Voceros del gobierno tuvieron que salir a aclarar que lo que se iba a mudar al sur era la Capital de la República, no la ciudad porteña. Así, el 18 de abril de 1986, fuentes oficiales explicaban en el diario La Nación: Buenos Aires seguirá siendo Buenos Aires. La Casa Rosada será la sede de la nueva gobernación de la provincia del Río de la Plata. El Congreso será la sede del poder legislativo del nuevo estado y los tribunales asiento del poder judicial del nuevo distrito. En Viedma está previsto emplazar el nuevo edificio que albergará al gobierno federal, al parlamento y a la Corte Suprema, sin la fastuosidad que se presume. Un parque de viviendas en las márgenes del Río Negro conformarán el complejo habitacional, continuaban las fuentes gubernamentales para rematar con un esclarecimiento obvio: Se trata de crear una ciudad administrativa, no de trasladar la cancha de River Plate, la calle Florida y el Teatro Colón a la Nueva Capital. Una ciudad y dos nombres Luján, ¿qué tipo de ciudad iba a ser la nueva capital? La idea no era hacer una gran ciudad como Brasilia. Se pretendía una ciudad pequeña, de media escala, apacible. Había un discurso antimetropolitano en el proyecto, querían que la ciudad quedara chiquita. Leí que en aquel tiempo se hablaba de Bonn como modelo, que en ese momento era todavía la capital de la República Federal de Alemania. Exacto. Bonn era el referente porque era una ciudad chiquita y terminó cumpliendo funciones de capital. Como Washington D.C., son capitales que cumplen funciones políticas de alojar burocracia y que se desarrollen las decisiones ahí, pero no concentran el polo económico ni el poblacional. ¿Le habían llegado a poner nombre a esa nueva ciudad? Habían planeado hacer una consulta abierta para el nombre de la futura capital. Alfonsín quería eso. Las notas del diario decían que se estaban considerando llamarla Santa María del Sur o Carmen del Sur. El primero en homenaje a Santa María del Buen Ayre y el segundo a los habitantes de Carmen de Patagones. Voluntad de alejarse ¿Había también una idea de llevar la capital lejos para evitar los líos políticos? A ver, eso no estaba blanqueado. Lo que sí se usaba como argumento era el discurso de desburocratizar el Estado, hacerlo más eficaz. Se creía que el traslado iba a ayudar a eso, a llevar los mejores empleados a Viedma. Se creía que así se iba a lograr la excelencia, que se iba a limpiar el Estado y abandonar las viejas prácticas. Era una idea un poco fantasiosa en ese punto. Pero también se dejarían en Buenos Aires las protestas, los cortes... No hay un discurso en el que Alfonsín diga me quiero alejar de Plaza de Mayo porque estoy harto de los paros, pero sí hay relatos sobre la voluntad de aislarse de los lugares clásicos de la protesta social, del conurbano, del cordón industrial, todo ligado a la historia peronista. Alfonsín venía sufriendo paros incesantemente. Hay una voluntad de alejarse del poder económico, de las grandes corporaciones y también de las grandes presiones políticas que implican algunos partidos y movimientos sociales. En este sentido, Menazzi cuenta que dentro de la novela Viedma, escrita por Gonzalo Álvarez Guerrero, hay un relato en el que Alfonsín toma la decisión de mudar la capital, que ya lo venía meditando, cuando se anuncia un paro de la CGT. El mandatario, harto de eso, dice: ¡Basta! Tengo que irme de acá! Tengo que llevar la Capital a otro lado. El detalle es que el autor del libro es hijo de Osvaldo Álvarez Guerrero, gobernador de Río Negro en tiempos de Alfonsín, muy implicado en el proceso del traslado de la capital. Es un relato ficcional, pero en la realidad hay mucho de esa narrativa, asevera la investigadora y añade: Hay una fantasía de la nueva ciudad para aislarse de los vicios previos, de presiones de todo tipo. Enanos y cortoplacistas Luján, en los diarios de entonces se leen distintas cifras de lo que iba a lograr el traslado de la Capital, pero no hay acuerdo: se habla de 2000 millones de dólares hasta 15.000. ¿Hay un cálculo aproximado? No, como vos decís, se lanzaban cifras, se iba cambiando el discurso respecto de lo que iba a ser la Capital. No había habido una discusión interna, Alfonsín no lo había anunciado para adentro, fue algo ultrasecreto, nadie sabía muy bien... Ni los ministros, ni los gobernadores. Después empezó a funcionar el Entecap, que era un plantel interdisciplinario técnico, armando los posibles mapas de la zona, proyectando un parque industrial, zonas de turismo, y mucho más. Alfonsín, que a veces se enojaba fuerte, llamó enanos y cortoplacistas a los que se oponían al proyecto; ¿quiénes eran esos enanos? Era una respuesta del presidente a los que acusaban al proyecto de ser una maniobra distractiva. Algunos decían: Está haciendo esto para desviarnos de los problemas que tenemos ahora, una crisis económica bestial, endeudamiento con el FMI que no se resuelve, problemas con los militares. Alfonsín los llama enanos porque dice que no tienen la capacidad de ver, de proyectar hacia el futuro. Sobre esa figura de los enanos en ese momento se hicieron muchos chistes. ¿Quiénes se oponían al proyecto? Lo que pasó fue que Alfonsín logró patear el tablero con la medida, es un anuncio tan inesperado que se rearma todo el panorama político. Al principio los opositores son muy prudentes en cómo se pronuncian porque no saben el gancho que va a tener el proyecto popularmente. Los discursos al principio son súper medidos. Había referentes importantes del peronismo que estaban a favor y mismo dentro del radicalismo había algunos en contra. No se podían identificar bandos claros. ¿Y qué pasaba con la opinión pública? Algunas encuestas indicaban que la mayor parte estaba a favor. En el primer impacto logró el efecto sorpresa. Después era más difícil saber qué pensaba la gente. El Papa en Viedma Una cosa que pasó y que parecería ser una campaña de marketing muy fuerte en favor de la nueva capital, fue que se logró que el Papa Juan Pablo II visitara Viedma en abril de 1987, ¿cómo fue eso? Es algo escasamente recordado lo del Papa en Viedma. Poco antes el Sumo Pontífice había intermediado entre la Argentina y Chile para desactivar el conflicto por el canal de Beagle. La visita tiene un corolario de eso, pero se aprovechó para llevarlo a Viedma en una maniobra política muy astuta. Las imágenes de él allí son muy ricas, como también lo son las de Alfonsín ahí. ¿Alguien más visitó esa zona a nivel internacional? Sí. Viajaban funcionarios de otros países, embajadores que empezaban a pensar la ubicación de las embajadas. Si bien no se quería hacer algo ostentoso, todas las sedes diplomáticas tenían que estar ahí. Todos los edificios del gobierno también. Fueron intendentes de otras ciudades del país y hasta gente de Brasilia, como gesto simbólico, para hermanar las dos ciudades. Se tomó en serio la propuesta. Totalmente. Se trabajó mucho. No fue un sello de goma, un membrete. Fue algo que realmente pensaban hacer. Alfonsín estaba muy decidido. Se activó una maquinaria de estudios, diagnósticos, proyecciones, como sucede en cualquier intervención urbana, había un montón de gente trabajando. Hecha la ley... El 27 de mayo de 1987, se sancionó en el Congreso Nacional la ley 23.512, que declaraba como la nueva Capital Federal de la Argentina el Distrito Federal de Viedma-Carmen de Patagones. La norma establecía que las provincias de Río Negro y Buenos Aires debían ceder para este nuevo territorio unas 490 mil hectáreas. Pero la letra escrita a veces no puede hacer nada cuando se choca con la realidad. El proyecto nunca se concretó. Hay una frase en tu trabajo de investigación sobre el traslado que es que del entusiasmo se pasó a la indiferencia, ¿qué fue lo que ocurrió para que el tema se desinflara? Para mí se perdió lo impactante de la idea y fueron creciendo y haciéndose sentir los problemas cotidianos. Al principio se logró un gancho por lo motivador y el carisma de Alfonsín, pero después fue creciendo el malestar económico, la inestabilidad política y eso hizo que el proyecto quedara lejos, fuera de las vivencias de la población. ¿Puede ser que el punto final para el proyecto fuera la derrota del radicalismo frente al peronismo en las elecciones de medio término de septiembre de 1987? Sí, porque ahí ya Alfonsín no tiene margen para estas grandes propuestas. Tiene que administrar lo poco que hay, tratar de llevarlo adelante con dignidad. Es un golpe fuerte para los objetivos más ambiciosos del alfonsinismo. En tu trabajo decís que el caso del traslado de la Capital es una representación de lo que fue el gobierno de Alfonsín. ¿Qué querés decir con eso? Es una hipótesis. Para mí lo del traslado a Viedma condensa un montón de cuestiones del gobierno de Alfonsín: las ambiciones, los objetivos refundacionales y las grandes ilusiones con las que arrancó la democracia. Al mismo tiempo, se ven allí las enormes limitaciones con las que se encuentra. Cómo a la fantasía de poder transformar la realidad de modo radical se le marca el límite con los poderes fácticos y la inercia histórica. Me parece que en el proyecto eso es lo que se ve. En la nueva capital, ¿se llegó a construir algo de lo que estaba planeado? Se hicieron algunas obras de cloacas, gas natural por red, pavimentación, cuestiones así, por presión de los intendentes de ambas ciudades. Pero eso fue años después del anuncio. Porque se generaron muchas expectativas con lo del traslado de la capital y se alteraron los valores inmobiliarios de Viedma. Entonces se hizo toda una política de reparación histórica y se hicieron este tipo de intervenciones. ¿Hubo gente que se mudó por el proyecto del traslado? Sí, fue gente con la expectativa de las primeras obras. ¿Por qué se recuerda tan poco y mal este tema del traslado de la Capital? Es un tema no tratado, que choca con cierta imagen instalada sobre el gobierno de Alfonsín, debilitado y frenado por las corporaciones. A lo mejor, en esa narrativa no entra muy bien este proyecto. ¿Se arrepintió después Alfonsín de no haberlo consolidado? Sí, decía que tendría que haber ido en carpa a Viedma. Mi mayor error fue no ir a Viedma, repetía. Esa fantasía había sido, para él, algo realmente transformador.

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