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» La Nacion
Fecha: 16/04/2026 08:49
Beto César: su debut en un musical, su pasión secreta y su historia de amor de 40 años con Alicia El look de Beto César se debe a Despeinada, el musical, que todos los sábados a las 20.30 protagoniza junto a Lorena Paola en el Multiescena, con un gran elenco de actores y bailarines, y canciones de Palito Ortega, Violeta Rivas, Juan y Juan, Donald y Sandro. Me tuve que dejar crecer el pelo porque me propusieron usar una peluca, pero dije que no. Y mi pelo es un nido de hornero en el escenario y me divierte mucho porque también tengo unos bigotitos tipo anchoítas, con las patillas largas. Es un homenaje a Hugo Arana con su personaje Huguito Araña [que el intérprete hacía en Matrimonio y algo más...]. Otros me dicen que me parezco a Ugo Tognazzi en La jaula de las locas, detalla Beto César durante una charla con LA NACION, mientras disfruta de un flat white en un bar del barrio que lo vio nacer y crecer, Villa Urquiza. También reflexiona sobre el humor, habla de su historia de amor con Alicia y de su vínculo con su ex, la actriz Carmen Barbieri. Recuerda cómo fueron sus años viviendo en España y revela su otra pasión, que alguna vez fue un trabajo. -¿Es la primera vez que hacés un musical? -Sí, mi primera vez pero yo canto desde siempre; canto en mi unipersonal Beto César de papel, en mi programa del canal Somos que se llama Música y palabras. Durante muchos años, en mis inicios, tuve un dúo de humor que se llamaba Blue jeans (con Ernesto Segal) y también cantábamos. El año pasado estábamos haciendo Los sospechosos del piso 10, con Lorena, y le hice escuchar un audio en el que canto. Se sorprendió porque no sabía y propuso hacer una comedia musical juntos. Fue una cosa que se tiró al universo, y cuando la contactaron para hacer Despeinada, me propuso a mí. Así que le estoy eternamente agradecido. Vamos a estar los sábados de abril y después sumamos otro día, los viernes. Es una comedia muy linda, con canciones que sabemos y cantamos todos. Es familiar, sin nada con doble sentido, y mi personaje es un gay de los 70, mucho más solapado. -También hacés tu unipersonal cuando podés y contás la historia de tu vida, ¿por qué? -Cuando cumplí los 70 se me ocurrió hacer este unipersonal, como un balance de mi vida. Al principio se llamó Siete papeles, porque estaba de moda La casa de papel, y lo escribimos en plena pandemia con mi querido y recordado amigo, René Bertrand [el actor murió en junio del año pasado] que también la dirigió. Éramos la Logia Lautaro, nos echaban de los lugares, nos sentábamos en un café y nos miraban de lejos, usábamos barbijo todavía, y cuando debutamos había protocolos. Y quise que en el titulo estuviera la palabra papel, porque en ese momento todos nos dimos cuenta de lo frágiles que somos. -Un balance largo, porque empezaste a los 18 años en Viernes de Pacheco. -Estudiaba y trabajaba en un laboratorio todavía existe, Casasco. Y un día me enteré que había un casting en Canal 9 y me presenté. Salí de un concurso que no llegó a ser tal porque no se hizo nada, y tuve la oportunidad de debutar con Osvaldo Pacheco. E hice mi primera comedia en el Teatro Liceo, Institutriz último modelo. Cuando conté en mi casa que quería ser actor, mi papá me dijo: Bueno, acá comida no te va a faltar y lo demás es por tu cuenta. A los tres meses de estar trabajando, ganaba el triple que mi papá, pero nunca se enteró. No le dije para no amargarlo. A veces los sueldos de los actores son un poco más, pero no tenemos trabajo con continuidad. Como diría algún actor, un día comemos faisán y otro día nos chupamos las plumitas (risas). -¿Y qué recordás de esos tiempos? -La emoción de mi viejo el día que me vino a ver al teatro. Mi papá era el más sentimental de la familia. Salí a él en eso, y a mi mamá en la piel y el pelo. Mi viejo nunca me pudo decir todo lo que sentía, pero se lo decía a los demás. Y nunca me voy a olvidar su emoción, sus casi lágrimas que disimuló muy bien, y me abrazó. Y para mí fue increíble. Mamá era una propagandista mía. Cuando fui más popular con Gerardo Sofovich en La noche del domingo, mi mamá decía: ¡Cómo me conoce la gente en el supermercado y sabe que soy tu mamá!. Y yo le decía: ¿Cómo te conoce?. Les digo que soy tu mamá (risas). Me acuerdo de esas cosas que eran maravillosas. -Siempre se te relacionó con el humor, ¿tuviste que aggiornarte a lo largo de los años? -Era muy de nuestra época decir gordi, y era súpercariñoso. O negrito, como le decían a mi papá. Recuerdo estar en España, por ejemplo, y Enrique Pinti, decía cabecita negra en un monólogo, y un día le llamaron la atención. Hoy sería terriblemente cancelado. Ahora estoy viendo muchos videos porque hago una sesión nueva en el programa de Somos, que se llama La televisión que se fue, y veo trabajos de Olmedo, que muchos dicen que hoy no hubiera podido trabajar. Y creo que si hubiera nacido en esta época, se hubiera adaptado. Las redes están llenas de videos de Olmedo y Porcel, lo que quiere decir que podés cancelar lo que quieras, o cambiar lo que quieras. El humor es humor. Aggiornarme fue algo natural. Es como la moda, te vas adaptando. Nunca hice los diálogos que tenían los grandes cómicos con las mujeres y cómo las utilizaban en el escenario o en los programas, y tampoco lo censuro porque era otra época. Hoy sería súpercancelable. También pienso que hablan de humor picaresco y hoy en los streamings dicen barbaridades, de mal gusto, falta de respeto y sin gracia. -¿Es verdad que Ethel Rojo te puso tu nombre artístico? -Sí. Me llamo Carlos Alberto César. Hubo un período en que no separamos con el dúo Blue Jeans, porque cada uno tenía necesidad de hacer su camino. Y yo hice revista en el Astros, con José Marrone, y Ethel era la directora del teatro, cuyo dueño era Héctor Ricardo García, su marido. Cuando empecé en el medio era Alberto, porque el nombre estaba de moda: Alberto Argibay, Alberto Migré. Entonces, yo me llamaba Alberto César. Y en esa revista ella hizo la marquesina con Beto César, sin consultarme (risas). Le pregunté por qué y me dijo cómo te llamás vos, cómo te dice todo el mundo. Beto, le respondí. Bueno, entonces no jodas. Y me quedó Beto. -¿Siempre te ganaste la vida como actor? -El éxito mío es nunca haber dejado de laburar (risas). Siempre me invento algo. En la pandemia nos inventamos el unipersonal, o aparecen los shows, y trabajé mucho tiempo en cruceros. Cuando no tuve trabajo de actor me tocó cocinar en El gran premio de la cocina o bailar en el Bailando por un sueño. Y no sé cocinar ni bailar. Pero tengo otra cosa que me gusta mucho y es la computación. Por ejemplo, todos mis programas están editados por mí, tanto en video como en audio. -En el 2001 te fuiste a vivir a España, ¿por qué? -Con mi mujer veníamos pensando en emigrar desde hacía un tiempo. Vivíamos bien, con nuestra casa, el auto, y nuestra hija María era chiquita. Me salió trabajo en Miami y nos dimos cuenta de que no era una posibilidad mudarnos ahí. Ese mismo año, en 2000, me gané un viaje a Tenerife en un concurso de televisión y después fuimos a Madrid. Y nos enamoramos de Madrid, así que decidimos que esa era una ciudad para el cambio que deseábamos. En el 2001 ya tenía todo preparado y caen las Torres Gemelas, y el 20 de septiembre viajé. Ya veíamos y creíamos que en cualquier momento explotaba todo, no era ningún presagio. Y no nos agarró el corralito, por suerte. -¿Tenías un plan? -Sí, había un plan. Me fui yo primero, María terminó el colegio, Alicia arregló todo y viajaron. Al principio fui por una invitación de un cómico español y cuando me subí a un escenario, me di cuenta que no estaba preparado, que había un montón de cosas que no sabía, entre ellas, algunos giros idiomáticos. Entonces, me tomé un año sabático del escenario y trabajé con unos amigos que tenían una empresa de lo que a mí me gusta, que es computación. -¿Y cómo empezó este gusto por la computación? -Cuando me regalaron una computadora en un programa. Creo que fue el de Marcelo Tinelli. La miraba como si me hubiera llegado un meteorito, no entendía nada Y mi hija que tenía 3 años en ese momento, pasó por al lado mío y me dijo: Enter, papi. Iba a salita de tres, se ve que la dejaban jugar con la computadora, y me dije: No me va a ganar esta chica (risas). Hoy en día soy el técnico de la familia. Me encanta bajar programas, investigar, y me paso horas con eso. -¿Por qué decidieron volverse de España? -Todavía me está puteando mi mujer (risas). No la pasábamos mal, pero tampoco era lo que queríamos. Además, sentía también que no estaba en sintonía con mi profesión que tiene mucho que ver con el corazón. Sentía que no me podía desarrollar. Hice teatro, empecé a trabajar en cruceros Era como volver a empezar, hacer castings, y no tenía ganas. -¿Sentías que tienen otro humor? -No, porque los humoristas argentinos tenemos un timing que no lo tienen los españoles. Nos metemos con el público y eso gusta, y no lo vi en ninguna parte del mundo. No existe. Ellos son más formalitos y no se salen de la rutina. -¿Cuál es tu historia de amor con Alicia? -Alicia apareció en un momento en que yo ya era un caso perdido (risas). Si no hubiera aparecido, no me hubiera vuelto a casar. Ya habían pasado tres años de mi separación de Carmen (Barbieri). En el espectáculo le dedico una canción de Cacho Castaña que dice Apareciste tu en medio de mis noches sin amor. Estaba en una carrera desenfrenada hacia la nada (risas). Alicia es muy amiga de [la cantante] Manuela Bravo y un día la vi entrar con una rubia hermosa en un boliche que se llamaba Vía Venetto, en Recoleta. Me encantó y le pedí a Manuela que me la presentara. Me dijo que no, que estaba casada y que no era para mí. ¡Para qué me lo dijo!... Esperé hasta que se dio una situación en la que Manuela me pidió ayuda para algo que no voy a contar, y a cambio le pedí que llevara a esa cena a Alicia, que estaba separándose. Y al poco tiempo empezamos a salir. Fueron cinco años en los que fuimos y vinimos, hasta que nos casamos en el 92. Un día me dije: vamos a sentar cabeza. -Alguna vez se dijo que había competencia entre Alicia y Carmen Barbieri, ¿qué hay de cierto? -Nada Con Carmen somos familia. Siempre estamos en contacto y sabemos del uno del otro. Se dijeron muchas cosas, y si bien no son súperamigas, tienen buen vinculo. Con Fede Bal siempre jodemos con que yo podría ser su papá (risas). En un momento nos distanciamos, y cuando hicimos una comedia juntos, limamos asperezas. -¿Por qué estaban distanciados? -Fue cuando entré a la revista Barbierisima en lugar de Santiago Bal, cuando se separó de Carmen en medio de un escándalo (se dijo que él la engaño con Ayelén Paleo). Santiago nunca me tragó En realidad, no quería a ninguno de los ex de Carmen, y yo pude entrar a esa revista porque él se bajó. Un gran actor y gran comediante. Me saco el sombrero. Pero en lo personal no teníamos trato más que saludarnos. -Cuarenta años juntos con Alicia, ¿hay un secreto? -Alicia me ordenó. Me hizo mejor persona y a ella yo también le di lo mejor, que es nuestra hija María, que es arquitecta y diseñadora gráfica. Es muy creativa, y eso lo heredó de mí. Menos mal que no heredó la profesión, porque los actores sufrimos mucho. -¿Por qué sufren los actores? -Porque estamos siempre dando una prueba. No hay ningún trabajo en el mundo en que des pruebas todo el tiempo. Y cuando estaba en el Bailando por un sueño era peor porque podías perder el trabajo todas las semanas (risas). Eso es terrible. Nunca había bailando en mi vida y me resultó muy divertido, y en esta comedia musical canto y bailo, y es difícil porque te acordás de la letra o de la coreografía. En Despeinada estoy con un grupo hermoso de gente muy joven y me nutro de ellos.
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