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  • Club de mujeres artistas, un proyecto y un libro que rescata a las grandes ausentes de la historia del arte

    » TN

    Fecha: 15/04/2026 15:53

    No hace falta militar en ningún feminismo para percibir que, en los registros tradicionales de la historia del arte, las artistas mujeres brillan por su ausencia. Como si las vanguardias del siglo XX, el impresionismo, el surrealismo, el dadaísmo, hubieran sido protagonizadas exclusivamente por varones. Como si no hubiera fundación de estilos y rupturas registradas por la historia en torno de una artista mujer. Es lo que le llamó la atención a Milagros Pochat, artista visual, escritora, docente, cuando empezó a estudiar historia del arte. Al final del clásico La historia del arte de E.H. Gombrich, anotó la pregunta: ¿dónde están las mujeres artistas? El libro sólo hacía referencia a una. Esa pregunta temprana, cuenta en el prólogo, tiró de un hilo que convirtió su inquietud personal en una suerte de archivo colectivo, colaborativo: el Club de mujeres artistas. Ahora un libro precioso, editado por Futurock Ediciones, que plasma ese trabajo de investigación y se erige como valioso volumen de consulta. Sin pretender un análisis exhaustivo, propongo explorar algunos puntos de interés para seguir descubriéndolas, dice, desde la subjetividad de una primera persona que marca todo el recorrido del libro por sus 28 artistas. Muchas de ellas se desplazaron entre países y continentes, migrando por necesidad o por deseo, y desarrollaron su obra entre esas fronteras. En algunos casos tuvieron relevancia y fueron reconocidas en su tiempo o de manera póstuma; en otros, continúan relegadas del canon y las descubrí muchas veces por casualidad. En todos los casos, son artistas que han explorado la escritura de algún modo y que han aparecido en distintos momentos de mi vida, abriéndome un abanico de sensibilidades y caminos para andar. Mujeres que me permitieron poner en cuestión las representaciones sobre lo femenino y construir formas alternativas y posibles de mirarnos, afirma. Claro que hay artistas consagradas en este club. Yoko Ono, Frida Kahlo, Louise Bourgeois, Marina Abramovic o nuestra Marta Minujín. Otras, como la surrealista Leonora Carrington, hacen honor a la premisa; pues fueron ubicadas, con el paso del tiempo, en el podio que merecían. Eduardo Costantini marcó dos récords recientes por la adquisición de una pintura y una escultura suyas, tesoros actuales del Malba porteño. Hay un gesto osado y entusiasta en Club de mujeres artistas. En palabras de su autora, desfachatado: sus obras favoritas de cada artista aparecen reversionadas con sus pinceladas, así como sus retratos, realizados a partir de fotos. También las citas de textos de todas ellas se nota que fueron cuidadosamente elegidas. Es que, además de artistas visuales, casi todas escribieron también, reafirmando la cercanía entre ambos lenguajes. Abre la fascinante artista sueca Hilma Af Klint (1862-1944), que trabajó bajo control de los espíritus en una larga etapa de su proceso creativo. En sus espirales y formas geométricas está el origen del arte abstracto, tanto como en Kandinsky, un universo increíble que hoy es objeto de culto. Y a partir de allí, incluso con las más conocidas por nuestros ojos latinoamericanos, todo es aprendizaje y descubrimiento. La alemana Käthe Kollwitz, dibujante, grabadora, escultora, que pudo transmitir el estremecimiento del dolor y la destrucción de la guerra en un trabajo increíble. La maravilla de Georgia OKeeffe y sus flores en primer plano, como vulvas naturales; Mariette Lydis, que vivió y murió en Buenos Aires y a la que el Sívori dedicó una estupenda retrospectiva reciente; Norah Borges, hermana de Giorgi, como llamaba a su famosísimo hermano. Cecilia Vicuña, Marina Abramovic, Marta Minujín, Tracey Emin, entre las vivas y en actividad que abren caminos. Todas las historias son fascinantes. En ese borde entre arte y vida, historias personales y de un trabajo que sólo una mirada preponderante masculina explica su lugar de segunda en la historia. Informativo y sensible, este Club de mujeres artistas abre el apetito de la curiosidad, llama al googleo y, sobre todo, a las ganas de ir a los museos para encontrarlas.

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