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» La Nacion
Fecha: 15/04/2026 12:28
Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo. River vs. Boca, no siempre hubo odio: historias de vecinos, confraternidad y burlas Hubo un tiempo, impensado en estos días de tanta virulencia mediática, en el que los archirrivales de hoy alquilaban la cancha del otro y se ofrecían jugadores para ayudarse - 5 minutos de lectura' Boca venía de ser humillado 6-2 por un gran Racing y de perder 2-1 en la Bombonera contra Vélez. La tercera derrota al hilo fue en el clásico contra River, el 31 de julio de 1949, en el Monumental. 1-0 con gol de Ángel Labruna y con Alfredo Di Stéfano de arquero improvisado durante diez minutos por una lesión de Amadeo Carrizo (no se permitían los cambios). Fue la octava derrota en doce fechas. Apenas dos victorias. Boca, último (junto con Lanús y Rosario Central) y desesperado por incorporar refuerzos. Cinco días después, una ayuda inesperada. River titula el diario Crítica- le tiende una mano al viejo rival boquense. Le ofrece cuatro jugadores de su propio plantel, sin cargo. Aunque finalmente ficha a otros jugadores, Boca, afirma Crítica, agradece tan noble gesto. La revista Mundo Boquense es lapidaria: habla de burla incalificable y de bofetada quemante. Y pide morir de pena, pero no de vergüenza. La propuesta millonaria está en el libro flamante Este es el famoso River. 125 años. Vista con ojos de hoy, me concede su autor, el colega Andrés Burgo, sonaría ya no impensable, sino como pura burla en el año en el que un Boca agonizante se salvó del descenso en la última fecha (en un campeonato en el que llenó canchas y vendió un récord de más de tres millones y medio de entradas). Pero no suena a burla tal vez desde la mirada de aquellos tiempos, me dice Burgo. Dos años antes, Boca había invitado a River a celebrar en el barrio el título millonario de 1947. Hermosa fiesta de confraternidad brindó Boca a su adversario clásico, tituló La Razón. Celebró Boca con cordial alegría de hermano, agregó Crítica. En 1944, con la Bombonera suspendida por incidentes contra Platense, River alquiló a Boca el Monumental para su partido decisivo de la última fecha contra Racing: 3-0 y el Xeneize campeón. ¿Segundo a dos puntos? River Plate. Sucedió en la década del 40, para muchos, la edad de oro del fútbol argentino, con la selección campeona en cuatro de los cinco sudamericanos que jugó. Esa década gloriosa, sin embargo, terminó en crisis. Una huelga de 180 días, la más larga de la pelota criolla, medio año con amateurs en las canchas, de noviembre de 1948 a abril de 1949, y los profesionales jugando en potreros y por todo el interior para juntar dinero y artistas solidarios poniendo alcancías en los teatros. Un golpe para un peronismo en plena expansión (voto femenino, gratuidad universitaria y reforma constitucional). A Boca, en pleno recambio y también desmantelamiento de equipo, no le había funcionado en 1948 su trío de estrellas extranjeras, liderado por el brasileño Heleno de Freitas. En medio de la crisis, pases de factura a los huelguistas y éxodo de cracks a Colombia, se reforzó entonces para 1949 con jugadores del interior, entre los cuales, cuatro tucumanos, dos mendocinos, un marplatense. ¿El técnico? Renato Cesarini, símbolo de River, entrenador en tiempos de La Máquina junto con Carlos Peucelle. Pero hubo tres derrotas iniciales. Luego la goleada de Racing, la citada caída contra River y el último puesto. Los cuatro jugadores que después de ese partido ofreció a Boca el presidente Antonio Liberti no eran por supuesto titulares en River, pero algunos de ellos, detalla Burgo, tenían suficientes minutos de rodaje en partidos oficiales y amistosos de 1949. Eran los delanteros Roberto Coll (dos goles en seis partidos oficiales) y Ramón Moyano (un gol ante el campeón Racing) y los defensores Santiago Kelly y Hugo Reyes. Nada de gesto, lo de Liberti fue para sacarse esos lastres de encima, me dice hoy Guillermo Schoua, historiador oficial de Boca. El club fichó en cambio a los cracks de Chacarita Marcos Busico y Francisco Campana y al goleador de Vélez Juan José Ferraro. Aún así, terminó la primera rueda último, con once derrotas y apenas tres victorias en diecisiete fechas. Llegó el DT Franz Platko (recordado arquero húngaro que, mientras atajaba en Barcelona, fue protagonista de un poema de Rafael Alberti). El verdadero estratega era el crack retirado Ernesto Lazzatti (el Pibe de Oro). Poco cambió incluso luego del triunfo 2-0 contra River, que terminó escolta del campeón, Racing. La salvación llegó en la última fecha: goleada 5-1 ante Lanús. River y Boca, rivales este domingo en el Monumental, mezclaron jugadores y camisetas e hicieron partidos amistosos y benéficos con formaciones mixtas en sus primeros años de convivencia y de canchas precarias en el barrio de La Boca, e incluso en 1948 en partidos en Brasil y también en 1974 y 1975. En 1951, Boca alquiló su estadio a River. Tribunas de la Bombonera vestidas de rojo y blanco en un 1-1 ante Lanús. Al revés: un Boca en crisis fue local en el Monumental en el 84. El Boca campeón de Di Stéfano dio la vuelta olímpica en el Monumental en 1969, rociado, es cierto, por grifos de riego. En 1976, para evitar repetición, hinchas de River sacaron los arcos y rompieron parte del césped, pero el partido se jugó. Los tiempos, barras mediante, ya eran otros. Y el historial (escandaloso, es cierto, desde el primer clásico oficial de 1913 que terminó a los puñetazos) pasó a ser monocolor. Hoy el espacio público pero anónimo de las redes no ofrece lugar ni siquiera para alguna vieja burla cómplice. El ruido del odio le ganó al juego. No siempre fue así. Ni nada es eterno.
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