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» Clarin
Fecha: 15/04/2026 09:48
Alemania 1974: de la magia mitológica del Trinche Carlovich a la irrupción de Kempes - El volante de Central Córdoba, dueño de múltiples leyendas, dejó en ridículo a los futbolistas de la Selección. - Y, en ese mismo contexto caótico, empezaba a asomar un joven Matador que luego haría historia. En abril de 1974, la Selección entraba en la última etapa de preparación. Los responsables técnicos, Vladislao Cap y sus colaboradores José Varacka y Víctor Rodríguez, habían acordado con la dirigencia de la AFA que todos los convocados del medio local ya no jugarían en sus clubes. Antes de viajar a Europa, hubo un par de amistosos contra clubes y combinados de liga. Todos querían ver a los cracks antes de la participación en el Mundial de Alemania. El 17 de abril, a 57 días del comienzo de la competencia, hubo un partido que generó mucha expectativa. Todos fueron a ver a la Selección y al combinado de la liga rosarina, plagado de excelentes jugadores. Pero la historia recordó para siempre a uno: Tomás Carlovich, el Trinche. Algunos detalles de la previa de ese encuentro: la semana anterior, el seleccionado había jugado un amistoso con Aldosivi en Mar del Plata, con un magro triunfo por 1-0 con un gol de Osvaldo Potente a los 7 minutos del primer tiempo. A partir del 15 de abril, el plantel quedó concentrado en Estancia Chica, en La Plata. Antes de viajar a Rosario, el Polaco Cap afirmaba: Al seleccionado le faltan jugadores con personalidad, de esos que sobraban antes, que no se achicaban ante nada y sabían imponer sus condiciones. Por eso creo que Perfumo, Bargas, Ayala, Yazalde y Carnevali son fundamentales para el equipo. ¿Qué estaba diciendo el técnico? Que había que convocar a los que jugaban en el exterior, algo que nunca había ocurrido en el fútbol argentino. Y agregaba el Polaco: Porque aparte de su capacidad, tienen la experiencia de jugar en Europa y saben actuar en un medio más duro. El palazo fue mucho más duro para los jugadores del medio local. Cap recién había regresado después de dirigir dos años en Colombia y le habían hablado de muchos fenómenos. Sin anestesia, dijo: A todos los vi y comprobé que, apenas tenían un nombre encima, se ahogaban en un vaso de agua. En ese clima, Argentina fue a jugar a Rosario el 17 de abril un amistoso organizado por el Círculo de Periodistas local. Carlos Timoteo Griguol y Juan Carlos Montes fueron los técnicos del combinado rosarino. Eligieron poner en la cancha a cinco jugadores de Newells, cinco de Central y, por supuesto, a Carlovich, que actuaba en Central Córdoba. Cuando finalizó el primer tiempo, el combinado ganaba 3-0 con un baile histórico y una actuación soberbia de Carlovich. Cuenta Daniel Console, autor del libro El Trinche Carlovich, que Cap, tras el final del primer tiempo, les pidió por favor a sus pares rosarinos que sacaran al cinco. Lo reemplazó José Orlando Berta. Con Carlovich es un precio, sin Carlovich es otro, tituló el diario La Tribuna de Rosario después del triunfo por 3-1 del combinado de la Liga Rosarina sobre la Selección. De ascendencia eslava, séptimo hijo, cuarto varón, nació en la periferia de Rosario en 1946. Ya no era un pibe. Un tal Carlovich, se lee en un recuadro en la revista El Gráfico tras aquel famoso partido. Allí Griguol confesaba: Es un fenómeno de jugador, pero no le gusta el sacrificio, por eso no triunfó. Jugaba conmigo en Central y prefería irse de caza o de pesca. ¡Qué lástima!. Tiré un caño y, cuando el jugador se dio vuelta, le tiré otro. Lo hacía seguido, aunque ese día la cancha se venía abajo. Fue la única vez que se abrazaban los de Newells y los de Central, cuenta el Trinche en el libro sobre su jugada, la que hacía siempre con la camiseta de Central Córdoba. Esa noche, además de Carlovich, la rompió Mario Alberto Kempes, autor de uno de los tres goles. Kempes empezó su romance con la celeste y blanca de manera traumática. La crónica de la revista El Gráfico refleja la falta de organización que aún existía en la Selección antes de la llegada de César Luis Menotti. Fernando Mitjans era el presidente de la AFA y, sin eufemismos, le contaba a los periodistas (y así se lee en la revista): Ayer mantuvimos una reunión con Cap y Varacka en mi despacho. Me trajeron un pedido de los jugadores. Querían 200.000 pesos para entrar a la cancha. Les respondí: '¿Y cuándo piensan jugar bien esos señores?'. Ellos me explicaron que 'la gente no responde'. Entonces fui categórico: 'Señores, tendrán los 200.000 pesos por entrar a la cancha, pero que jueguen bien y ganen, eh... Las dos cosas a la vez. Y además pretendo cambios. Porque yo no soy el presidente de la Asociación de Harineros, sino de la AFA, y como tal voy a dar sugerencias aunque digan que no puede ser. Los marcadores de punta andan mal y hay que cambiarlos. Y hay que poner a Mario Kempes, que lo quiere todo el mundo'. Cap se sorprendió y me dijo: '¿Kempes? ¿Quién es? Si tiene dos partidos en Primera...'. Y Varacka agregó: 'Es chiquito, flaquito, mide un metro cincuenta...'. Yo insistí en que andaba bien y Cap aceptó finalmente: 'Bueno, lo llamaremos...'. Pero de todos modos les di plazo hasta el lunes. Si no juegan bien y ganan con claridad, daré de baja al cuerpo técnico. Kempes había sido parte de la famosa Selección Fantasma, aquella que se preparó durante un mes en agosto de 1973 para aclimatarse a la altura en la previa de un partido por Eliminatorias ante Bolivia en La Paz, pero estuvo olvidada por los dirigentes de AFA y los jugadores la pasaron mal. Por eso, cuando llegó a Estancia Chica, el futuro Matador le dijo al Polaco Cap: No me siento en condiciones anímicas para jugar en la Selección. Estuve una vez en el equipo y pasé tantas vicisitudes que no me quedaron ganas, por ahora, de integrar el plantel seleccionado. Me duele íntimamente renunciar a esto, incluso mi padre me ha pedido que juegue en la Selección, pero no quiero perjudicar a los demás muchachos, porque sería un factor negativo para ellos. Y el entrenador contestó: Para estar a disgusto, prefiero que se vaya. Sin embargo, el gerente de entonces de la AFA, Ernesto Wiedrich, estuvo charlando un rato con el juvenil cordobés, le habló, le aconsejó y Kempes pegó la vuelta. Fue parte del Mundial 74 y luego se consagrará como campeón y goleador cuatro años después. Pero la historia siempre recordó al cinco charrúa. Carlovich. El que la rompió contra la Selección. Así lo presentó Clarín el 25 de abril, ocho días después del encuentro en Rosario. Yo tengo un tipo de juego y me preparo a conciencia para rendir. Pero no te voy a negar que me gusta hacerme la rabona. Creo que eso les pasa a todos los jugadores que sienten el fútbol como yo. Los entrenamientos dejan de ser juego, fue una de las respuestas del hombre que sigue siendo una leyenda. 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