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  • El ida y vuelta con Benedetto, la reacción de Riquelme y un insólito pedido a Úbeda: lo que no se vio del triunfo de Boca por la Libertadores

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 15/04/2026 09:18

    Fue una noche especial en la Bombonera por la vuelta de los hinchas a las noches de Copa Libertadores después de dos años para ver a Boca Juniors. Es que el 2024 había sido dedicado a la Sudamericana y, el año pasado, la frustración se dio a principios de temporada con la inesperada eliminación en Fase 2 ante Alianza Lima. Con el pase asegurado a la instancia de grupos, en 2026 volvió a encenderse la ilusión de la Séptima para cada uno de los fanáticos xeneizes que, además, ya palpitaron lo que será el Superclásico del próximo fin de semana en el Monumental. El cómodo triunfo ante Barcelona de Guayaquil tuvo varios condimentos. De movida, el arribo de un futbolista que alternó (muchas) buenas y (algunas) malas durante su paso por el club. Darío Benedetto fue un goleador implacable (71 tantos) en sus dos ciclos con la camiseta azul y oro, pero tal vez haya empañado un tanto su estadía en la institución de la Ribera con cuestiones extrafutbolísticas que llevaron a colmar la paciencia de los hinchas, dirigencia y cuerpo técnico de turno. Anoche, sin embargo, fue reconocido por la mayoría del público boquense y se habrá ido a dormir con esa tranquilidad, cuando en la previa había declarado que no sabía cómo sería la bienvenida. Cuando salió a reconocer el campo de juego, recibió aplausos sobre todo de la tribuna donde se ubica La 12, donde tiene amistades y desde paravalanchas en los que supo pararse en alguna ocasión como invitado VIP. Ya durante la entrada en calor con su equipo, el director deportivo Marcelo Delgado bajó al campo de juego para obsequiarle una camiseta con el N°9 enmarcada en reconocimiento a su trayectoria en la entidad boquense. En el mientras tanto, Benedetto fue envuelto en aplausos cuando la cancha ya estaba prácticamente colmada a un 80 por ciento. Recién cuando la pelota se echó a rodar, en una de las pocas aproximaciones y de las contadas acciones en las que intervino el 9 en el encuentro, fue silbado tibiamente luego de que Marchesín le contuviera un remate desde media distancia. Y ya en el segundo tiempo, también sonaron varios chiflidos en el fragor del match cuando la voz del estadio lo nombró porque sería reemplazado. En líneas generales, el Pipa fue recordado con cariño aunque algunos simpatizantes fueron un tanto hostiles con él. *La salida de Benedetto de La Bombonera El aplausómetro, de arranque, tuvo en el tope a Leandro Paredes -como de costumbre- y otros dos jugadores ya clásicos a esta altura como Miguel Merentiel y Milton Delgado. Sin embargo, otro emerge como pichón de crack y es Tomás Aranda, que se llevó una de las ovaciones más grandes y es el niño mimado de todos en la Bombonera. ¿Nace un ídolo? El Changuito Zeballos, pese a su suplencia, llevó a que los hinchas enrojecieran las palmas de sus manos. Claudio Úbeda, en tanto, fue reconocido con tibios aplausos en medio de una notable levantada del equipo. Aunque los mayores vitores los iría recolectando con el correr de la noche. En la previa al match, hubo repertorio copero en las tribunas: del Dale, dale Bo, queremos la Copa, La 12 está loca quiere un campeonato para festejar, al clásico Boca, mi buen amigo durante la salida del equipo y un grito de guerra ya clásico que sirvió para abrir la Copa en casa y también para palpitar el duelo con River de este domingo quiero la Libertadores y una Gallina matar.... Pero, como si los simpatizantes boquenses tuvieran abstinencia de presenciar un partido del certamen continental por excelencia, remataron: Y dale alegría, alegría a mi corazón, la Copa Libertadores es mi obsesión. La cosa arrancó picante con el repudio al árbitro y las autoridades de turno cuando Wilmar Roldán le mostró la amarilla a Adam Bareiro tras un golpe con su brazo a Luca Sosa. De los silbidos contra Benedetto por su remate raso controlado por Agustín Marchesín, al baldazo de agua fría que significó la baja del arquero: se confirmó la rotura del ligamento cruzado de su rodilla. No hubo consuelo para el golero que recién había vuelto de una lesión muscular y ahora probablemente se pierda toda la competencia en 2026. Después de ser consolado por Paredes y Santiago Ascacíbar, entre otros compañeros, el 1 se fue muy aplaudido al igual que Leandro Brey en su ingreso, a quienes los fanáticos energizaron de confianza con aliento. Fue reemplazado al comienzo del partido ante Boca y Barcelona de Ecuador La llamada pausa de hidratación que fue repudiada por gran parte del público en el primer tiempo le vino bien a Úbeda para ajustar algunas cuestiones tácticas. Tal es así que antes del cierre de la primera mitad llegó el gol de Lautaro Di Lollo de cabeza, tras centro de Lautaro Blanco. Mientras todos se descargaban e inflaban su garganta con un grito desaforado, un sereno Juan Román Riquelme cebó un mate en su palco, se lo alcanzó a Roberto Pompei y se paró junto al televisor de su sector preferencial haciendo ademanes para repasar la repetición de la maniobra del tanto del defensor. También estuvo presente Pablo Ledesma, hombres que pertenecen a la estructura de inferiores de Boca. Si bien el dueño de casa se había puesto en ventaja, las falencias que exhibía Barcelona de Guayaquil invitaban a pensar en una diferencia mayor. Así al menos lo dejaron claro los hinchas cuando murmuraron por un pase hacia atrás de Marcelo Weigandt, que optó por asegurar y no arriesgar con un toque más vertical para Ascacíbar. Fue una situación que ya se había dado en un par de ocasiones a lo largo de la primera mitad. La delgada línea entre la falta de paciencia de los fanáticos y cierta parsimonia de algunos jugadores para ir en busca del arco rival. Culminada la discreta etapa inicial, en el entretiempo volvieron a acordarse de River: Gallina esperanos un poquito más, ya nos vamos a encontrar.... Se enfrentaron por la Copa Libertadores Ya en el complemento, Merentiel se armó el remate para su zurda y definió al cuerpo del arquero José Contreras, que le achicó bien. Barcelona intentó salir de contragolpe mientras el uruguayo volvió al trote agarrándose la cabeza con las dos manos sin poder creer la chance desperdiciada. A los 8, cuando Boca parecía tomar la iniciativa del encuentro otra vez, Paredes le arrancó una amarilla al capitán rival Jhonny Quiñónez luego de cubrir bien la pelota. Instantes más tarde, Bareiro gana otra infracción y levanta al público: Por eso yo te quiero dar, Boca mi corazón, yo te sigo a todas partes, gracias por salir campeón. En silencio, Ascacíbar empieza a ganarse el corazón de los fanáticos boquenses. Un pase por aire filtrado al área es resuelto por el Rusito con pecho y chilena que va a las manos del arquero rival. En las tribunas lo ovacionan por su ímpetu, por su destreza y, sobre todas las cosas, por comenzar a mostrar algo del ADN xeneize que para muchos se había extraviado. Al rato, el ex Estudiantes convirtió lo que era el segundo tanto, pero Roldán lo anuló por una clara infracción contra el guardameta Contreras, que tenía el balón asegurado. Ascacíbar tendría que esperar un rato más para desahogarse. Pasado el cuarto de hora, lo dicho: Benedetto es sustituido por el uruguayo Sergio Núñez y es silbado por varios locales. Al rato, nueva pausa de hidratación pese a que la temperatura no es baja y hasta hay gente con buzo o campera. La 12 aprovecha el parate para exponer gran parte de su cancionero con melodías y coreografías que se contagian de grada a grada. El segundo cambio en Boca se registra a los 74: Zeballos por Merentiel, aplausos por aplausos. Apenas unos instantes más tarde, Blanco vuelve a escalar por el flanco izquierdo, se tira a barrer exigido para enviar el centro al área, Ascacíbar penetra en el punto de penal y conecta de cabeza para desatar la locura en el Alberto J. Armando. Los de Úbeda no sufrían, pero necesitaban el segundo tanto para no padecer en el final como sucedió en Chile ante la Universidad Católica. Tan holgada terminó siendo la diferencia entre uno y otro equipo que hasta hubo hinchas en el sector superior a los bancos de suplentes que se atrevieron a tirarle una camiseta a Úbeda para que se la firmara. Sí, como si se tratara de un amistoso sin relevancia. El Sifón, cuestionado en otro momento y muy aplaudido anoche (así ocurrió cuando entró al túnel con una mano arriba y hasta le pidieron fotos en el estacionamiento antes de retirarse), no tuvo problemas en pedir un fibrón para cumplir con el deseo cuando todavía estaba disputándose el cotejo. Pero todavía quedaba la frutilla del postre con el tanto de Ander Herrera para el 3-0 definitivo. A River cuando lo bailo, lo bailo de noche y día, a River lo vuelvo loco, con la azul y la amarilla, deliraban los Xeneizes ya en tiempo de descuento. Y les exigieron a los jugadores: El domingo, cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar. La conquista del español Herrera, muy emocionado por haberse dado el gusto de festejar en el estadio que siempre soñó, fue a todo trapo y con otro hit muy bostero como River, decime qué se siente. El famoso clima copero volvió a sentirse nuevamente en una Bombonera que palpitó el Superclásico del domingo y próximamente se preparará para las últimas dos presentaciones en casa por una Libertadores en la que, muy de a poco, exhibe credenciales de candidato.

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