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Fecha: 15/04/2026 07:08
El 20 de febrero de 2026, en un departamento de Palermo, Alejandro Zalazar fue encontrado muerto con una vía intravenosa conectada a su pie. La víctima era un anestesiólogo, de 29 años, y a su alrededor había ampollas vacías y jeringas de propofol y fentanilo, medicamentos de uso exclusivo hospitalario. La autopsia determinó sobredosis como causa de fallecimiento. Lo que parecía un caso aislado de consumo problemático se convirtió, en cuestión de semanas, en el inicio de una investigación judicial que reveló un circuito de robo de medicamentos de hospitales porteños para uso recreativo, en las denominadas Propofest, donde se promocionaba un viaje controlado con dosis de propofol y fentanilo. La trazabilidad de los lotes de medicamentos encontrados en el domicilio de Zalazar, quien trabajaba en el Hospital General de Niños Ricardo Gutiérrez y había hecho su residencia en el Hospital Rivadavia, reveló que provenían del Hospital Italiano de Buenos Aires, institución donde la víctima nunca prestó servicios. Ese dato desencadenó un procedimiento interno en dicho hospital y, luego, una denuncia penal que puso bajo la lupa a dos profesionales de su área de Anestesiología: Hernán Boveri y Delfina Fini Lanusse. La Justicia abrió una serie de investigaciones por la muerte de Zalazar y la ruta del robo de medicamentos. Las causas avanzan con procesamientos, allanamientos y pericias en curso, que en el úlimo tiempo además sumó nuevos nombres a la escena. Quién es quién en el escándalo del propofol Alejandro Zalazar era anestesiólogo y se desempeñaba en el Hospital General de Niños Ricardo Gutiérrez. Había completado su residencia en el Hospital Rivadavia. Su muerte fue el detonante de toda la investigación. Hasta el momento, es la única víctima fatal directamente vinculada a la causa principal. Hernán Boveri, de 45 años, se formó en la Universidad de Buenos Aires, realizó su residencia en Anestesiología en el Hospital Italiano y se desempeñó allí como médico de planta. Tras quedar involucrado, presentó su renuncia. Está procesado por presunta administración fraudulenta en la causa por el robo de anestésicos. Delfina Fini Lanusse, de 29 años, se desempeñaba como residente de tercer año de Anestesiología en el Hospital Italiano. También fue procesada por el mismo delito. La investigación apunta a que ambos habrían participado en el desvío de propofol y fentanilo para uso indebido fuera del ámbito médico. Por su parte, Chantal Tati Leclercq, residente del tercer año de Anestesiología en el Hospital Rivadavia y graduada de la Universidad Austral en 2022, es otra de las figuras centrales. Amiga cercana de Lanusse desde la universidad y con relación con Zalazar, admitió ante la Justicia haber consumido drogas del hospital donde trabajaba y haberlo hecho al menos una vez junto a la víctima. La Justicia sospecha que estuvo presente en el departamento de Zalazar cuando ya estaba muerto. Incluso, la hermana de la víctima aseguró que manipuló el celular del anestesiólogo. Recientemente fue imputada por administración fraudulenta. Se realizaron allanamientos en dos de sus domicilios: una casa en un country de Tigre y un departamento en la Ciudad de Buenos Aires. La medida fue dispuesta por el juez Alejandro Litvack, a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 56. Leclercq está acusada de haber sustraído del hospital propofol, ketamina, fentanilo y midazolam, sustancias de uso restringido en anestesiología. La imputación se formalizó este lunes, tras una investigación que se inició con una denuncia ante la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA). Leclercq confesó que las drogas fueron sustraídas del hospital Rivadavia, pero que su consumo se produjo fuera del ámbito institucional. En su relato, la médica también reconoció haber consumido propofol en una única oportunidad con Zalazar, el residente fallecido, con quien mantenía un vínculo de amistad debido a que ambos habían realizado la residencia en el hospital Rivadavia. Finalmente, indicó que no consumía drogas del quirófano desde septiembre de 2025 y que la última vez que había consumido sustancias recreativas, tales como cocaína y micropunto, había sido en enero de 2026, durante un viaje a Colombia con Lanusse. El caso de Leclerqc tomó un nuevo giro en las últimas horas tras el hallazgo de agujas hipodérmicas en el lavadero del edificio donde vive en Palermo, que fueron reportadas por sus vecinos en mayo de 2025. A través de un mensaje de WhatsApp, un vecino alertó en el grupo del edificio: Por favor, revisen los bolsillos de su ropa antes de mandarla a las lavadoras y secadoras. Me encontré con todo esto en el filtro de las secadoras, escribió y adjunto una imagen donde se ve una de las agujas. Otra testigo clave es Mechi S., médica residente del área de Anestesiología en el Hospital Italiano y amiga cercana de Lanusse. No está imputada. Según su declaración, ya en 2025 Lanusse le había confesado que consumía propofol con Boveri. Al notar cambios en su amiga, decidió alertar a sus superiores este año. Cómo avanza la causa judicial La investigación avanza en dos causas que se entrecruzan. La principal, por administración fraudulenta y robo de medicamentos del Hospital Italiano, está a cargo del juez Javier Sánchez Sarmiento. Boveri y Lanusse fueron indagados en marzo por videoconferencia y negaron los hechos. Ambos fueron procesados por administración fraudulenta y se les impusieron embargos 70 millones de pesos para Boveri y 30 millones para Lanusse y se les dictó la prohibición de salida del país por 90 días, además de restricciones de contacto. No se les aplicó prisión preventiva por el momento. En paralelo, Tati Leclercq fue imputada recientemente por sustracción de anestésicos en el Hospital Rivadavia. Se realizaron allanamientos en sus domicilios y se secuestraron dispositivos electrónicos para su peritaje. Las pericias toxicológicas, histopatológicas y de trazabilidad de los lotes de medicamentos están pendientes. La causa se encuentra en plena etapa de instrucción, con posibilidad de unificación de expedientes. Según cree la Justicia, las Propofest consistían en viajes controlados: sesiones donde los participantes se administraban propofol y fentanilo a veces mediante bombas de infusión para lograr estados de sedación profunda. Un asistente designado se encargaba del monitoreo manual para evitar complicaciones como apnea respiratoria. Los encuentros eran privados, de grupos reducidos, y se realizaban en departamentos. Los medicamentos se sustraían de los depósitos de anestesiología de los hospitales aprovechando turnos y accesos jerárquicos. Una vez fuera, se utilizaban en estos eventos. Créditos Visualización de datos: Damián Mugnolo Diseño de imagen: Iván Paulucci / Sebastián Neduchal
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