Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • La visita

    Parana » La Nota Digital

    Fecha: 15/04/2026 01:58

    El pabellón 5 huele a cemento mojado aunque no llovió. Miguel lleva tres semanas contando los días desde el martes anterior, no hacia adelante sino hacia atrás, como si el tiempo pudiera gastarse en esa dirección. Mató a dos hombres. Eso se sabe. En el pabellón se dice de cierta manera, con una pausa antes del número, como quien menciona una cantidad de tierra heredada. Los otros presos lo miran diferente desde que circuló la historia. No con miedo exactamente. Con algo que se parece al reconocimiento pero que Miguel no sabe cómo sostener en el cuerpo. El cuerpo. La noche del martes de hace tres semanas cuatro hombres lo esperaban cerca de los baños. No hubo palabras previas. Hubo un orden que Miguel no eligió y que su cuerpo registró como si fuera otra persona quien lo recibía, alguien que vivía a unos centímetros hacia adentro y que miraba desde ahí. Después los mismos hombres lo saludan en el comedor. Uno le pasó cigarrillos al día siguiente. El pabellón tiene una palabra para lo que le hicieron, él no la sabe. Miguel no piensa en eso ahora. O piensa en eso de la única manera posible, que es pensar en otra cosa encima. Piensa en Graciela. Piensa en la nena, que en marzo cumple seis. Está sentado en el borde del catre con las manos entre las rodillas. Afuera se oye el patio. Cuando Graciela viene trae cosas en una bolsa de tela bordada que él reconocería en la oscuridad. Arroz, yerba, algún dulce para la semana. Y las pastillas, envueltas en papel de diario doblado cuatro veces. Un peso justo. Algo que no tiene otro nombre. La nena se llama Sofía y cuando lo ve a Miguel hace una cosa con la mano, un gesto que inventó ella, que no es un saludo sino algo más específico que un saludo y que Miguel no podría describir aunque lo ha visto veinte veces. Graciela habla del departamento, de la cuota del gas, de la hermana que consiguió trabajo. Miguel escucha y asiente y en algún momento deja de escuchar las palabras y escucha otra cosa, el tono, la textura del aire entre los dos, algo que todavía existe y que no necesita que él haga nada para existir. La sábana que divide el pabellón es celeste, con una mancha ocre cerca del dobladillo. Del otro lado se oyen otras visitas, voces mezcladas, algún llanto de criatura. Sofía mete la mano por debajo de la tela y Miguel la toma. La mano es pequeña y caliente y no sabe nada. Graciela pasa la bolsa por el mismo hueco. Miguel siente el papel doblado cuatro veces entre las cosas, no lo saca, lo deja ahí. Graciela está hablando todavía. Miguel la mira por encima de la sábana, la mitad de arriba, los ojos, el pelo. Las pastillas están en el bolsillo izquierdo y pesan lo que pesan, que no es mucho, que es suficiente. Sofía no retira la mano. J. Noriega imagen. IA

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por