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» La Nacion
Fecha: 14/04/2026 22:02
Justo cuando se decidió a atacar, Atlético de Madrid sobrevivió por su arquero y es semifinalista de Europa MADRID, España.- Se sabe que la estadística es una ciencia engañosa. Y que en el fútbol los datos que ofrece suelen romperse en mil pedazos una tarde o una noche cualquiera. Decían los números que desde que Diego Simeone es el entrenador del Atlético de Madrid no había perdido ninguno de los 20 partidos de eliminatorias europeas como local. Hasta que llegó Barcelona y quebró ese invicto ganando por 2-1 en el estadio Metropolitano. Pero aun así, la noche acabó como había empezado, con la euforia desbordada de la hinchada madrileña, que celebró la victoria en la serie y su pase a las semifinales de la Champions League gracias al 2-0 obtenido en el Camp Nou en el encuentro de ida. También señalan los datos que en 62 días estos equipos se enfrentaron cinco veces (dos por Copa del Rey, otra por la liga y dos por Champions), y que en tres venció el catalán. Sin embargo, el que pasó de ronda en las competiciones directas fue su rival. Sufriendo, claro, un sello indeleble que persigue a Atlético a lo largo de toda su historia. Se fueron todos, pero Griezmann tenía que volver pic.twitter.com/aJXBqzRNO1 Atlético Stats (@atletico_stats_) April 14, 2026 La locura se desató en el estadio cuando el francés Clement Turpin sopló por última vez el silbato. Y debe ser entendida desde esa sensación ancestral de padecimiento que rodea eternamente al club colchonero y que se repitió en un partido frenético, cambiante, pleno de matices, y repleto de aciertos tanto como de errores. Los hinchas que colmaron como nunca antes el Metropolitano se negaron durante un largo rato a abandonar las tribunas y obligaron a los jugadores a regresar del vestuario para seguir cantando y saltando con ellos. Eran los mismos simpatizantes que cuatro horas antes habían saludado la llegada de la delegación desatando a fuerza de bengalas una densa humareda rojiblanca en los alrededores del estadio. También, los que habían pintado las gradas de franjas con los colores del club y la leyenda Lucha por tu camiseta en el ingreso de los equipos, y los que no habían dejado de creer en los suyos ni siquiera cuando a los 23 minutos Barça igualó la serie con dos goles centelleantes. La conmovedora celebración que acompañó el cierre de la noche abarcó a todos, incluso a Cholo Simeone. Se le notaba en la mirada cuando recordó ante los medios que afrontará su cuarta semifinal de Copa de Europa como director técnico rojiblanco. Son 14 años, ya. Hemos cambiado varias veces de jugadores y me emociona ver que el equipo sigue compitiendo. Tenemos mucha fe en lo que hacemos e iremos a buscar lo que venimos buscando desde hace muchos años, dijo, con el orgullo y el sentimiento dibujados en la cara. Pero, sin querer, puso el dedo en la llaga, porque lo que hace Atlético está siempre en la picota. Demasiadas veces, con toda la razón; en otras, con altas dosis de prejuicio. A Simeone se lo acusa, con muchos argumentos para sostener esa acusación, de ser un entrenador defensivo, y pese a que en las temporadas recientes ha dado muestras de cierto proyecto de cambio, de alguna intención de añadir al juego de los suyos más matices ofensivos que la simple espera del error ajeno para salir de contraataque, ése es un esfuerzo que casi nunca se le reconoce. Nos hemos enfrentado con un equipo que juega extraordinariamente bien. Para mí, la única manera es atacarlo, porque si no lo hacés, perdés. Superar la eliminatoria no pasaba por defender; el problema es que Barcelona obliga a hacerlo porque no podés quitarle la pelota, explicó de manera didáctica después del partido y, de alguna manera, resumió por dónde transitó el desarrollo futbolístico de la noche. Barcelona desató un aluvión de presión alta, toque, paredes, desmarques y creatividad que provocó la primera gran atajada de Juan Musso a los 30 segundos, ante un remate desde fuera del área de ese fenómeno de futbolista que es Lamine Yamal (en el período inicial hizo varias cosas prodigiosas, entre ellas, la sublime definición en el 1-0). Con ese fútbol al que elogió Simeone y está en la esencia de La Masía, la ventaja que Atlético traía en sus valijas desde el Camp Nou estuvo tambaleándose hasta los 20 minutos del segundo tiempo, cuando el cansancio de Barça y los cambios que introdujo Cholo equilibraron el juego. Antes, los blaugranas habían chocado con Musso. El arquero surgido en Racing había sido clave en el choque de ida, y fue la figura en el desquite, con tapadas de todos los colores. La más trascendente, apenas un minuto después del 2-0 (asistencia deliciosa de Dani Olmo y zurdazo alto y cruzado de Ferrán Torres): Lamine puso un centro exacto con el exterior del pie en la cabeza de Fermín López, que entraba solo en diagonal desde la izquierda, y el hombre de la selección argentina tuvo la velocidad y la técnica suficientes para achicar los ángulos y desviar el remate. La acción, que habría implicado el 3-0, acabó con el pie del arquero impactando en el rostro del delantero y requirió cinco minutos de atención al jugador culé. Un minuto después de la reanudación, el local encontró uno de esos contragolpes que tanto le gustan. Antoine Griezmann ubicó una subida de Marco Llorente por la derecha y un centro rasante de éste fue conectado por el nigeriano Ademola Lookman para establecer el 1-2 que sería definitivo y suficiente para pasar a una semifinal. Ésta es una de esas cosas que uno sueñan desde chico y de pronto se hacen realidad, contó Musso en la zona mixta tras el encuentro, a la vez que negaba que su equipo hubiese tenido que remontar el resultado: Cuando ellos se pusieron 2-0, en la serie quedamos 0 a 0. Nosotros no estuvimos abajo en ningún momento de la serie, aclaró con firmeza. Desde la seguridad del suplente de Dibu Martínez en la selección argentina, Atlético fue solucionando los problemas que le generaba la agresividad de su adversario para recuperar el balón en la mitad de la cancha, y de esa manera dejar de cometer fallas groseras en los pases en su propio campo. Mantener la calma también fue una virtud. Sabíamos que podíamos vivir situaciones como las que pasaron, afirmó Simeone. Musso fue, sin dudas, el mejor de los argentinos que pisaron el césped del Metropolitano. También resultó satisfactorio el rendimiento de Nahuel Molina, que cerró con eficacia su sector; resultó encomiable la tarea de Julián Alvarez en la persecución a los defensores y volantes de Barça (en el comienzo del segundo tiempo protagonizó una larga carrera que recordó al gol que le hizo a Croacia en Qatar, aunque esta vez frenó al llegar al área para habilitar a Lookman, que disparó desviado); en cambio, se equivocó demasiado con la pelota Giuliano Simeone, más allá de su habitual despliegue. Y acertó Cholo con el ingreso de Nicolás González, como con el de Álex Baena, porque en ese momento Atlético logró salir del asedio y después hasta sumó chances como para empatar. Compacto de Atlético de Madrid 1 vs. Barcelona 2 El arquero Joan García rechazó la ocasión más clara que tuvo el local para marcar el 2-2 y sostener el invicto de 20 encuentros que ofrecían las estadísticas. Pero la derrota no le importó a nadie y mostró una vez más que los números pueden ser muy engañosos. Tanto, que ni siquiera saben indicar quién maldice y quién festeja y se emociona hasta el paroxismo al final de un espectáculo electrizante, uno de esos partidos que reconfortan y revalorizan ese juego tan bastardeado que se llama fútbol.
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