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» La Nacion
Fecha: 14/04/2026 12:47
Las lecciones que dejan los 10 curados del VIH tras un trasplante de células madre: del icónico caso de Berlín al paciente de Oslo BARCELONA.- Timothy Brown ocupará para siempre un lugar destacado en la historia de la medicina. Más conocido como el paciente de Berlín, este hombre marcó un hito sin precedentes en 2009 al convertirse en la primera persona con VIH que quedó libre del virus tras recibir un trasplante de células madre muy particular. Los médicos, con cautela, hablaban entonces de remisión. Pero, en los hechos, estaba curado. No había rastro del virus en su cuerpo y nunca volvió a aparecer: Brown murió en 2020, pero como consecuencia de una recaída del cáncer que había padecido. Su caso emblemático demostró que era posible acabar con el virus del sida y abrió el camino a una estrategia terapéutica que, aunque difícilmente extrapolable a toda la población con VIH, ya suma 10 casos en remisión: 10 personas consideradas curadas. El último caso confirmado en una revista científica se publicó este lunes en Nature Microbiology. Es el llamado paciente de Oslo. Un hombre de 62 años que, tras recibir también un trasplante de células madre poco frecuente para tratar un cáncer de la sangre, dejó la medicación antirretroviral y lleva ya cuatro años sin tratamiento y sin presencia del virus. Al principio se decía que la curación era imposible, que lo del paciente de Berlín había sido casualidad. Pero, después de 10 pacientes, sabemos que es posible curar la infección por VIH y lo que tenemos que ver ahora es cómo hacer que esto sea escalable, reflexiona Javier Martínez-Picado, investigador de IrsiCaixa y colíder del consorcio internacional IciStem, que difundió este último hallazgo. El VIH sigue siendo, hoy por hoy, incurable y un desafío para la ciencia. Astuto y persistente, es capaz de dañar el sistema inmune, refugiarse en nuestras propias células y mutar a gran velocidad. Suele infectar células sanas los linfocitos CD4 son sus preferidas e integrarse a su material genético para pasar inadvertido y escapar de las defensas del organismo. Así logra sobrevivir. Los fármacos antirretrovirales permiten reducirlo al mínimo, pero nunca lo eliminan por completo: queda latente, oculto en una especie de guarida dentro de las células infectadas el llamado reservorio viral y, si se suspende el tratamiento, vuelve a multiplicarse rápidamente. Durante años se creyó que el virus del sida siempre regresaba. Los casos excepcionales documentados, como el de Brown o el del paciente de Oslo, rompieron ese paradigma. Estos hitos nos permiten entender mejor cómo se produce la curación y avanzar hacia estrategias más aplicables a todas las personas con VIH, plantea el investigador de IrsiCaixa. La historia de este grupo reducido de casos excepcionales se remonta a la década de 1990, cuando se detectó a una persona sana que, pese a estar expuesta al VIH, no se infectaba. Los estudios genéticos revelaron que tenía la mutación CCR5 Delta 32, una alteración genética que impide al virus ingresar en la célula. Ese hallazgo quedó durante años relegado a la literatura científica, sin aplicación clínica concreta, hasta que, a mediados de los 2000, el hematólogo alemán Gero Hütter, médico de Brown, lo retomó para diseñar un plan terapéutico inédito. Timothy padecía leucemia y debía someterse a un trasplante de células madre para tratar el cáncer, por lo que Hütter decidió buscar un donante que, además de ser compatible, tuviera la mutación CCR5 Delta 32. La idea era matar dos pájaros de un tiro: curarlo del cáncer y liberarlo del VIH al mismo tiempo. Y lo logró. Matar dos pájaros de un tiro En un trasplante de células madre, el tratamiento comienza con una quimioterapia muy agresiva destinada a destruir la médula ósea, donde se aloja el tumor maligno y que, además, es uno de los reservorios del VIH. La quimioterapia elimina tanto el cáncer como las células infectadas en estado latente. Luego, con el trasplante de células de un donante sano, la médula vuelve a poblarse con células nuevas, se cura la enfermedad hematológica y se elimina el VIH. Pero el proceso no termina ahí. Cuando las nuevas células tienen la mutación CCR5 Delta 32, el virus no puede abrir las puertas moleculares para entrar en ellas y volver a infectarlas. Es decir, si quedara algún resto del virus tras el trasplante, tampoco tendría posibilidad de avanzar porque no podría ingresar en la célula. Eso fue lo que ocurrió con Brown y con un puñado de pacientes más, incluido el caso más reciente de Oslo. Tras el trasplante, se les suspendió el tratamiento antirretroviral y el virus no volvió a aparecer. Adam Castillejo, conocido como el paciente de Londres, lleva casi 10 años sin VIH. El nuevo caso documentado, el de Oslo, que padecía mielodisplasia, es uno de los de mayor edad dentro de esta cohorte. Recibió el trasplante de su hermano, portador de la mutación. Estos casos de curación del VIH ya empiezan a dejar de ser una rareza aislada en la historia de la medicina. El estudio del paciente de Oslo forma parte del consorcio internacional IciStem 2.0, coordinado por IrsiCaixa, que desde su creación sigue a 40 personas con VIH que se sometieron a trasplantes de células madre. De esos casos en seguimiento, explica Martínez-Picado, no todos recibieron células de donantes con la mutación resistente al virus. Puede haber más casos como los de Berlín u Oslo, pero hasta ahora no nos sentimos seguros como para suspender el tratamiento en personas que no tienen la mutación, admite. Sin embargo, este goteo de remisiones en los últimos 15 años ya permitió extraer lecciones valiosas sobre esta estrategia terapéutica. Se sabe, por ejemplo, que cuando el donante tiene dos copias de la mutación, se logra la remisión del VIH. En cambio, cuando hay una sola o ninguna, el virus puede reaparecer tras suspender la medicación. Aunque también hay excepciones: los casos conocidos como el paciente de Berlín 2 y el de Ginebra alcanzaron la remisión pese a que sus donantes no tenían la doble mutación. Según los investigadores de IrsiCaixa, esto indica que, si bien la mutación CCR5 Delta 32 aumenta las probabilidades de éxito, no es el único mecanismo involucrado. Aprendimos que la desaparición del reservorio viral no se explica solo por la mutación, sino por la llamada inmunidad alogénica del donante, una reacción inmune en la que las células trasplantadas identifican como extrañas a las del paciente y las eliminan, llevándose consigo también a las infectadas con el VIH. Esa reacción es clave. Luego, la mutación suma un plus porque, si algún reservorio se reactiva, el virus no tiene adónde ir, explica Martínez-Picado. El paciente de Ginebra es, por ahora, el único caso de remisión sin la mutación involucrada. La solución al VIH no es el trasplante Los científicos reconocen que, al menos por ahora, el trasplante de células madre no es una opción viable para todas las personas con VIH. Se trata de un procedimiento complejo y de alto riesgo. Solo lo indicamos en pacientes con enfermedades hematológicas. La solución al VIH no es esta. Hoy, la terapia antirretroviral es segura y, aunque no cura, es eficaz para mantener al virus bajo control. En ese contexto, someterse a un trasplante no tiene demasiado sentido, señala Martínez-Picado. De todos modos, el impacto de estos 10 casos impulsó nuevas líneas de investigación orientadas a erradicar el virus. Una de ellas apunta a eliminar las células infectadas mediante ingeniería genética. En IrsiCaixa, centro de investigación financiado por la Fundación La Caixa, se analizan las posibilidades de la terapia CAR-T, que consiste en modificar en el laboratorio las propias células inmunes del paciente para que reconozcan y destruyan a las células diana del VIH. El objetivo sería limpiar la circulación de células infectadas para que el organismo pueda repoblarse con células sanas, explica en un comunicado María Salgado, responsable de un proyecto dedicado a evaluar esta estrategia. Otros equipos también investigan terapias génicas destinadas a modificar el gen CCR5 e inducir la mutación CCR5 Delta 32, bloqueando de ese modo la entrada del virus en las células. © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, S.L.U.
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