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» La Nacion
Fecha: 14/04/2026 12:20
En una extensa charla con LA NACION, el músico habla de su nuevo disco, Día 3; de las dificultades que experimentó con su familia en la niñez y adolescencia y de las reflexiones a las que llegó al volver a vivir solo - 15 minutos de lectura' Día 3 es el día en que empezamos a elegir con inteligencia emocional el desarrollo de nuestras vidas en vez de pensar en lo que nos vamos a comprar". Dante Spinetta (Dante a secas es su nombre artístico) está reflexivo. Sus respuestas son las de alguien que se ha tomado un buen tiempo para reflexionar acerca de su vida, de su música y de su historia familiar. Por eso en una larga e imperdible charla con LA NACION se toma el tiempo no solo para hablar de lo que hay detrás de cada una de sus nuevas canciones (excelentes, por cierto) sino también para entregar recuerdos de una trayectoria que ya superó los 35 años: cuando recibió un Año Nuevo con Diego Maradona, cuando veía a su papá Luis Alberto luchar para vivir de su música o a su mamá Patricia Salazar reorganizar la economía y la logística familiar. ¿Cómo nació Día 3? El plan era hacer un Mesa dulce 2. Grabé 12, 13 tracks. Estaba re bueno ese disco, pero una de las canciones me abrió un camino nuevo y automáticamente empezaron a aparecer ideas que modificaron el concepto inicial del disco. Era casi un disco entero de funk, y tuve que dejar que brote eso. ¿Entonces? Terminé grabando 26 canciones, dos álbumes full, con cuerdas, vientos y todas las melodías. Son outtakes, van a salir en algún momento. Pero apareció una energía diferente que de alguna manera tenía un blend, una mezcla más melancólica por momentos. Empezaron a aparecer ideas tangueras, bolerísticas. La canción Solos en la oscuridad la escribí en el estudio una noche. Grabé la guitarra y la voz y me fui del estudio a las 6 de la mañana con la canción terminada. ¿Y qué pasó al día siguiente cuando la escuchaste? Cuando la escuché dije: Esta canción va al disco. Empezaron a aparecer brotes emocionales que no se podían detener. Esta especie de relación con la inmensidad del espacio. Hay una parte del disco que es medio espacial: Starlight, Universos, Soldado espiritual. Es más futurista, pero conectada a través de un escape de la realidad. Se armó una narrativa muy fuerte de amor y desamor. Me tuve que separar dos meses del material y dejar de escucharlo para tomar la decisión de qué temas iban. ¿Por qué Día 3? El número tres ya había aparecido en Pirámide y me pareció que completaba una especie de trilogía con Puñal y Mesa dulce. Y el lado espiritual: el día 3 es el día en que la vida vence al caos, el día en que se cumplen las promesas y la resurrección de Cristo. Tenía un lado muy espiritual de conexión con el amor, con volver a hacer los discos con la conciencia de que hay algo súper importante a nivel energético a cuidar en la música. En un mundo que cada vez es más sintético, hay que volver a conectar con la humanidad, con las cosas buenas y las malas. Cómo nace la impronta de un bolero? En los últimos años escucho mucha salsa, bolero, José Feliciano. Lo que más escucho desde hace 5 años es salsa: Fania All-Stars. Hay influencia del dramatismo de los boleros. Como el tango, es el corazón en la mano y eso es muy atractivo para mí. Después lo mezclé con la parafernalia urbana, porque no sé si hacer un bolero estandar me copaba. Quería hacer algo que en vivo pudiera sentir, que tuviera la crudeza del hip hop, lo mismo en Pensando en ella, que podría tener un arreglo tanguero y quedar entero, porque la letra es eso, pero siempre me gustó jugar con las épocas, ir al pasado y al futuro, pero que hubiera un hilo conductor emocional en el disco. Pasa en el disco que hay canciones re producidas que contrastan con otras como Solos en la oscuridad, que es una guitarra y una voz. Hay un hilo conductor que arranca con Pensando en ella, que es el momento de la ruptura. Maldito frenesí habla de la ansiedad, cómo estamos perseguidos por los algoritmos y nuestra cabeza manipulada con tanta información, y cae en El reset: todo lo que fuimos se borra con un botón. Después viene el momento donde empezás a salir a la calle de nuevo, El plancito: volver a conocer gente. El plancito nació para ser hit. Es la canción más sensual y sexual del disco... Y después viene la parte reflexiva, el escape: Soldado espiritual, Universos, y cae a la tristeza, al después de la joda. Solos en la oscuridad representa el momento en el que te sentís vacío y estás solo en tu casa. Está esa narrativa en el álbum y tiene que ver con esta epidemia de soledad y de ansiedad que hay en el mundo. Estamos cada vez más separados porque estamos todo el tiempo viendo el celular. Te juntás a comer con amigos y llega un momento en que hay un silencio. Levantás la cabeza y ves a todos mirando el celular. Eso pasa en los vínculos familiares, de pareja, en todos. ¿Por qué creés que te surgieron ahora estas reflexiones? La edad y la experiencia tuvieron que ver. Mis hijos ya son grandes y volví a vivir solo. Es muy loco eso, después de veintipico de años estoy solo como cuando tenía 18. Empezás a pensar en el mundo que se está edificando mentalmente, socialmente, para tus hijos, para tus nietos. También veo cómo se está torciendo la industria musical con este algoritmo inhumano. A mí me encanta la IA, me parece genial, pero no la usé en el disco; capaz algún día sí, ¿por qué no? La voy a poder usar como una herramienta como el sample. A lo que voy es a algo más vincular. Día 3 es el día en que empezamos a elegir con inteligencia emocional el desarrollo de nuestras vidas en vez de pensar en lo que nos vamos a comprar. Prince sigue muy presente en tu música, se lo siente en Día 3. Hay que tocar bastante para sonar a Prince... La banda es la misma de Mesa dulce. Pablo González en batería, Mati Méndez en bajo y Axel Introini en teclados. Yo arranco siempre con la producción, los beats, las guitarras y las voces y cuando vienen a grabar escuchan los temas por primera vez. Yo ya sé como capitán del barco a quiénes les doy la responsabilidad. Son músicos increíbles que escuchan la misma música que yo. Lo mismo con el ingeniero, Saga (Oscar Saga Herrera" y Mariano (López) en la mezcla. Después está Claudio Cardone en las cuerdas. Pensando en ella lo grabamos en ION porque es tanguero y queríamos que tuviera la impronta de Buenos Aires. Y el resto de lo orquestal lo grabamos con la Filarmónica de Praga vía satélite. ¿Por qué la Filarmónica de Praga? Es una Filarmónica muy grosa y eficiente en tiempo y grabación. Es mortal, vos estás acá en Buenos Aires conectado en video con Praga y escuchás en tiempo real en tu consola lo que están tocando allá. Entonces hacés las correcciones en el momento. Y tienen una afinación increíble. Los vientos están grabados en Minneapolis con Michael B. Nelson, que fue durante muchos años el arreglador de Prince y con quien hace varios años que trabajo. Es una bestia funkera. Cuando le mandé Maldito frenesí le dije que quería unos vientos más Old School, que el arreglo tuviera una impronta más Sly. Los arreglos que hizo en Te quiero son súper princeros, muy de la época de 1999. El hacía los arreglos de muchos de esos temas, ¡qué le voy a decir! Participa Juanse del disco y cuando lo escuché por primera vez recordé la colaboración de tu papá con Ratones Paranoicos: Sacrificio japonés... ¡Si! A Juanse lo conozco desde hace muchos años, pero no lo vi tanto de chico. Me acuerdo de cuando mi viejo estaba haciendo Pelusón of Milk. Yo tenía 14, 15 años y estaban los Ratones en el estudio con Andrew Loog Oldham. Mi viejo les mostró Seguir viviendo sin tu amor y Andrew le produjo una versión, pero mi viejo no usó nada de eso, la hizo a su manera. Y recuerdo de ir solo a ver a los Ratones a los 15 a Obras. Yo ya era re rapero, pero siempre me encantaron los Ratones y cómo escribe Juanse. Ahora nos veníamos encontrando, me había dicho que le había copado Mesa dulce. Estaba haciendo esta canción, Me quedo acá y la melodía automáticamente me remitió a él. En esa canción también hay una referencia a Charly García, al sample de No me dejan salir. Es que usé el mismo sample que usó Charly en ese tema. No lo sampleé a Charly, encontré el original y lo usé también como tributo a él y al funk argentino; a Spinetta Jade, a Fito (Páez), cosas re funkeras que hicieron ellos. Es que con ellos tenemos una influencia en común: Prince. El tema con Juanse es uno de mis favoritos del disco. Juanse vino al estudio con unas cadenas, con imágenes religiosdas increíbles. Escribió su parte y después metió unas violas que quedaron increíbles. En diciembre, Dante cumplirá 50 años. Sí, el nene de 8 que irrumpió en el escenario de su papá junto a su amigo Emmanuel Horvilleur y a los hermanos de ambos bajo el nombre de Pechugo para cantar El mono tremendo en un abrir y cerrar de ojos llega al medio siglo de vida. El que edificó con su compañero de mil batallas Illya Kuryaki & the Valderramas (hoy simplificado como IKV) y que de tanto en tanto vuelve a ese repertorio y esa energía para repasar sus clásicos. Este es mi momento, es mi vida. No aprovechar el don que te dio Dios y hacer las cosas a medias, para mí no va, reflexiona ahora y cuando lo hace vienen al recuerdo papá Luis Alberto y mamá Patricia Salazar. Perderlos tan jóvenes, 63 tenía mi papá y 64 mi mamá, me hizo respetar mucho el valor del tiempo, de la misión. Más allá de si es un éxito comercial o no lo que hago, cuando me acuesto en la cama sé que estoy en el camino correcto. Es el camino del amor por la música, que eso es lo que me transmitieron mis viejos y lo aprendí de ellos. Y comercialmente con Mesa dulce te fue muy bien... Nunca tuve siete nominaciones a los Gardel y gané cuatro; una locura. Dos nominaciones a los Grammy: gané uno y toqué por todos lados. Ahora ya tengo una gira armada a partir de mayo: México, España, Chile, Colombia. Se cumplen 35 años de Fabrico cuero, el primer disco de Kuryaki. Lo produjo tu papá. Él toca en el disco y tu tío Gustavo, también. ¿Tenés tiempo de ir para atrás, de repasar hitos como estos? Es que no me olvido de nada, todo eso es parte del camino hecho y del disfrute de la vida. Haber trabajado con mi papá, con mis amigos, con los músicos de mi papá, con mi tío Gustavo, que siempre fue como un amigo más; de golpe estaba de gira con Kuryaki con él y nos cagábamos de risa. Es una bendición. Cómo me voy a quejar y no voy a dar todo de mí, cuando hay gente que está revolviendo en la basura o los viejos que no pueden comer dos veces al día. Me da vergüenza los músicos que se quejan del éxito. ¿En qué mundo viven? Hay que mantener lo pies en la tierra. Y eso lo aprendí en casa. Estate agradecido que te colgás la viola y la gente te aplaude y tenés comida en la mesa. Hacé las cosas desde el agradecimiento. Lo vi a mi viejo hacer las cosas así, la vi a mi vieja y lo vi al Diego (Maradona) saludándome como si me conociera de toda la vida. ¿Como fue eso? Lo conocí un fin de año en una fiesta en Punta del Este. Nos invitaron, yo estaba con Emma (Horvilleur), con el Turquito (Eduardo Dylan Martí) y mi hermano Valentino. El Turquito conocía a Guillote (Coppola). Ellos estaban en un lugar que era como un jardín de invierno. Afuera, en una carpa, estaban todos los personajes del momento. Y nosotros llegamos en la época de Kuryaki de fines de los 90. El Turco le golpea la puerta a Coppola, lo ve, lo saluda y nos invita a pasar. El Diego nos reconoció, nos saludó y nos quedamos hablando. Eran como las once y media de la noche. De golpe se escuchan pa pa pa, fuegos artificiales y brindamos ahí con el Diego. ¡Feliz año!. Éramos cinco ahí, los demás estaban del otro lado. ¿De qué me puedo quejar? Y recientemente tuviste una experiencia con Messi... Con Brando [su hijo] fuimos a ver al Inter de Miami y lo conocimos a Leo. Brando le contó que había jugado en Sacachispas, que llegó hasta la primera y que dejó y Messi le preguntó por qué había dejado. Nos tiró la mejor, con mucha humildad. Hay que aprender de esa energía. A mí la energía del rock, del ego, del soy un rapero y me la creo, no la compro. Soy más fan de los héroes reales. Hace unos días se viralizó el recuerdo que compartiste de tu infancia. Contaste que se mudaban muy seguido y que casi todos los años empezabas en un nuevo colegio... Era la época de Interdisc de mi viejo. Él era casi indie en ese momento. Tocaba en jams solo con la guitarra y los discos. Era difícil para el rock nacional, con excepción de Charly [García], que era más popular. Para mi viejo era difícil y no nos faltó la comida nunca, pero la situación era inestable. Éramos muy nómades. Me acuerdo de mi viejo en Castelar. Tenía un mercedes antiguo, una camioneta e íbamos a colegio privado y dos años después ya no teníamos auto, íbamos a un colegio del Estado, no teníamos muebles... Saltábamos de una cosa a la otra y mi viejo no era un quemado, laburaba todo el tiempo, hacía discos todos los años; y qué discos. Me acuerdo de mi viejo a las puteadas porque una vez se encargó un multipistas para poder grabar. Iba a ser su primer estudio móvil para poder grabar y ahorrarse la plata de los estudios, y un bagayero le cagó la guita. Pero nunca bajó los brazos... Lo que yo vi en mi viejo es un guerrero incansable que seguía su camino, y mi vieja rearmaba toda la organización para encajar y seguir. En ese momento éramos tres hermanos [Catarina, Valentino y él], Vera vino después. Recién en los 90 tuvimos casa propia y antes vivimos un año y medio en lo de mis abuelos. Éramos medio nómades, yo aprendí un montón de eso también. Aprendí a encajar en lugares diferentes, a conocer gente diferente. Fue un ejercicio social no tan grato por momentos. Era duro despedirme a fin de año de los amigos que me había hecho. De golpe me había hecho un mejor amigo y los últimos días no quería ir al colegio porque me angustiaba la idea de tener que despedirme de ellos. Es al día de hoy que me cuestan mucho las despedidas, prefiero desaparecer en la oscuridad, como Batman. En aquellos años mudarse de barrio era como mudarse de país. Barajar y dar de nuevo. No teníamos guita pero sí una videocasetera. Veíamos a [Herbie] Hancock todo el día y Purple Rain de Prince. The Wall no era una película para chicos, pero yo tenía 15 años y ya la había visto 15 veces. Tiene su lógica, empezaste a hacer música a los 10, a los 16 ya estabas bien metido y dejaste el colegio... Crecí con una ética de trabajo fuerte, igual que Emma, que vivió una realidad parecida a la mía. Dylan [su papá] era y es fotógrafo y Mercedes, la mamá de Emma, productora de moda. Tenía unas revistas de moda increíbles y acceso a ese mundo y nosotros mirábamos cómo estaba vestido Prince o la identidad que tenían los músicos de hip hop. De todos fuimos aprendiendo algo y venimos de familias de mucho trabajo. Yo a los 14 años ya estaba sampleando, haciendo beats. Los beats de Fabrico cuero son míos, los programé yo. Iba a los ensayos de Fito [Páez] a aprender, veía qué usaban los guitarristas, chequeaba la pedalera del Negro García López, que era el que más me gustaba en un momento. Lo iba a ver a [Ricardo] Mollo, era muy fan; le pedía la púa y hablábamos. Hace poco coincidimos regresando de un festival y estuvimos dos horas hablando de violas y pedales. En Argentina tenemos esas bestias y no hay que dejar de aprender de ellas. Sigo escuchando a Fito, a Charly; veo a Mollo, a [David] Lebón. Que Lebón me invite a tocar un solo es una locura. Que me diga: Cómo tocás la viola, man, me da impresión. Tu papá insistía mucho para que tocaras más la viola... Mi viejo insistía, si. Yo, como productor, hago lo que necesita la canción. Hay temas en los que no toco la viola, pero también toco otros instrumentos como el piano. El plancito, por ejemplo, todos los synthes los grabé yo y el beat es mío. La guitarra es el hacha. Como instrumentista arranqué con la batería, entonces mi concepción rítmica es una de mis prioridades. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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