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  • Paulo Kablan: de su cábala para contar crímenes a los papelones judiciales y por qué no se casó tras 33 años de amor

    » La Nacion

    Fecha: 14/04/2026 12:04

    Paulo Kablan: de su cábala para contar crímenes a los papelones judiciales y por qué no se casó tras 33 años de amor Con una voz inconfundible y un estilo propio, Paulo Kablan se convirtió en uno de los grandes referentes del periodismo policial en la Argentina. Desde sus comienzos en radio en Gualeguay, Entre Ríos, su paso por la gráfica en La Plata hasta su desembarco en la televisión, este periodista y presentador construyó una carrera sólida basada en la credibilidad y una forma muy personal de contar historias. Hoy, ese recorrido se expande en múltiples plataformas: arranca sus mañanas en el streaming de Olga junto a Elizabeth Vernaci, continúa en la pantalla de Telefe con A la Barbarossa y El noticiero de la gente, luego integra el panel de Argenzuela con Jorge Rial y en unos días se sube a las tablas con Cena Macabra, una obra que habla sobre los fantasmas de los expedientes judiciales. ¿Cómo se hace para trabajar tanto? Yo soy un tipo que desarrolla falsas promesas familiares. Empecé el año prometiendo que iba a trabajar menos, pero me ofrecieron cosas que, la verdad, me gustan; lo hago con placer. Arranco la mañana con la Negra Vernacci y con Marquitos Aramburu en Olga... Paremos ahí ¿Qué significa para vos estar en un streaming y trabajar con la Negra? Yo empecé con la Negra hace como diez años y siempre voy y vengo por cuestiones de horarios, pero la verdad es un placer. Es una amiga que siempre te está enseñando. Es muy divertida y muy creativa. Por ejemplo, el que me ve ahora me ve como el periodista de policiales que también se atreve a otras cosas y eso lo aprendí con ella. Te vas acostumbrando a hacer crónicas policiales (que son duras) desde otro lugar y la verdad es que lo disfruto. ¿Cómo es un día laboral tuyo? A las 5.30 suena mi despertador. Leo algún tema, algo que me llega por teléfono, me tomo un café y un remís a Olga. Ahí estoy con la Negra y con Marcos y algunos días me quedo un ratito más para contar algún policial con Nati Jota, Toto y todos los chicos de Sería increíble. Ya después me voy a Telefe. ¿Notás la diferencia con el público del streaming? Claro, es otro público y otra forma de contar una historia. A nosotros que venimos de otra generación, de otra escuela, nos obliga a tener otro lenguaje para otro público que en televisión abierta no nos miraba. Sigamos con tu rutina: después viene el programa de Georgina y recientemente te sumaste al noticiero de Telefe... Sí. Yo noticiero hice en el año 2005, 2006 en Telenueve y después no hice más porque el formato tan estructurado me cansa. A mí me gusta contar historias y el noticiero son títulos. Me ofrecieron esta oportunidad cuando Mauro (Szeta) se fue a América y dije: Dame unos meses para probar. Probé y me encantó porque la verdad que El noticiero de la gente es distinto. Es un grupo de amigos sentados alrededor de una mesa, charlando de todo un poco. También me sumé al de las 20 presentando informes. Ahora estoy recorriendo barrios picantes. La verdad es que me gusta porque encontrás una realidad tremenda. Fascinación por los policiales ¿Por qué creés que la gente consume tantos policiales? Hay países como los Estados Unidos que son más parejos y les gustan siempre. En la tapa de los diarios y en los portales siempre estuvieron los asesinos seriales porque a la gente le interesa eso. En la Argentina es cíclico, pero empezó allá por los 90 esa moda y no se fue más. De cinco títulos, tres tienen componente policial. ¿A quiénes de tus colegas admirás? Hay varios que son muy buenos. El Turco Sdrech, Canaletti... No sé si alguna vez hablé cara a cara con él. Me parece un crack. Mauro Szeta es excepcional. Le tengo una enorme admiración por la precisión, la búsqueda del más mínimo detalle. Yo tengo una visión más analítica de la información. Facundo, mi hijo, es la obsesión por la precisión de la información. Yo no comparto tanto eso. Hay que tener una enorme búsqueda de información, la fuente hay que chequearla, pero tenemos que tener cierto momento de desconocimiento para poder sorprendernos y preguntar para que la noticia llegue al televidente o al oyente. ¿Consumís el trabajo de tus colegas? Poco. Voy bastante a la fuente. Chequeo con el fiscal, con el juez. Hay un grupo de WhatsApp de todos los que hacen policiales, pero trato de no nutrirme de ahí. Sí participo, si hay algo que necesito, lo pido, pero trabajo más desde el análisis de la información. ¿Tu voz te ayudó mucho en este trabajo? -Yo creo que sí. A los 14, 15 años hablaba más grueso que ahora. Incluso antes hablaba más serio que ahora. Creo que me ayudó porque me identifica. Yo estudié locución y periodismo, pero la verdad es que ni siquiera tengo el carnet. Pero sí me favoreció tener esta voz para contar una historia y lo trato de usar. Usar las pausas, los tonos. A mí me gusta comunicar. Mi tono básico para contar un expediente lo empecé a desarrollar cuando salté a la televisión porque yo venía de la gráfica y de la radio. Empecé a contar un caso policial como le contaba un cuento infantil a mis hijos: Había una vez una nena llamada Caperucita Roja. A las 22.30 llegó la víctima a tal lugar, la cadencia es la misma y después le iba buscando matices. Los primeros pasos Naciste en Gualeguay, Entre Ríos, ¿cómo empezaste tu carrera? Me gustaba la radio y tenía un familiar que era dueño de la radio Gualeguay, Gustavo Carbone, que ya falleció. Me invitaron a participar a los 14 años como cadete y me tiraban unos mangos. Hacía de todo un poco. Hasta que un día salí con los resultados del fútbol al aire. A los 15, ya escribía noticias y a los 16, ya era informativista. Un día me fui a estudiar a Concepción de Uruguay. Ahí seguí trabajando en radio y empecé en gráfica, en policiales. Pero a nadie de tu familia le gustaba... No, la familia de mi mujer viene más de ese lado. Mi mamá era docente y mi papá almacenero, pero era una familia informada; eran grandes lectores y la radio siempre estuvo cerca. Fue algo que empecé a jugar de chico. Tenía un amigo que tenía un grabador y empezamos a grabarnos como si hiciéramos transmisiones de radio, relatos de fútbol. Yo era el relator y mi hermano el comentarista. Nos gustó y nos metimos en el periodismo. ¿Y a los viejos les gustaba? Sí, mi vieja era re cholula. Me alcanzó a ver con Mirtha Legrand. Mi viejo no me alcanzó a ver. En mi familia, indirectamente terminé metiendo a todos en la misma. Pedro, mi hijo mayor, es diseñador multimedial y tiene algo que ver con la comunicación desde el diseño. Diego es fotógrafo y hoy está trabajando en la producción conmigo. Mientras yo estoy charlando con vos, me está haciendo un punteo del caso que tengo que contar. Facu es periodista y Joaquín vive en Italia, pero también le gusta la comunicación. ¿Y cómo se dio esto de venir a Buenos Aires? Yo trabajaba en un diario. Recuerdo hasta los montos: me pagaban 300 pesos (estamos hablando en el 90 y pico) y tenía otras changuitas que completaban los 600 pesos. Ya tenía dos nenes. Mi mujer queda embarazada del tercero, Facundo, y la cuenta me daba que necesitaba $800 para pagar el alquiler y comer hasta fin de mes. Entonces me entero a través de un amigo de Concepción del Uruguay que Raúl Kraiselburd, el dueño del diario El Día (de La Plata) y Diario Popular, entre otros medios, andaba buscando un periodista de policiales. Me ofrecían $1000. No era mucho, pero para mí era una fortuna. Al mes y medio me pasaron a jefe de policiales del diario y empecé a ganar $1350. El Día tiene mucha producción local y eso me dio mucho entrenamiento. Y también mucho contacto con los periodistas. La Plata es una ciudad que tiene mucha resonancia en cuanto a la información, entonces así empezaron mis salidas para otros medios. ¿Qué creés que tenías de diferente siendo tan joven y con tan poca experiencia para convertirte en el jefe de una sección? Tenía mucha precisión. Siempre tuve la habilidad de encontrar el título. No es que lo entrené, me sale naturalmente. Yo te cuento una noticia que sé cuál es el título hasta el día de hoy. Eso me llevó a la televisión y a permanecer tantos años en esto. Después te permitiste jugar un poco más como fue en MasterChef... Es que yo soy más así, soy más eso. Trabajo de periodista de policiales, pero soy el que dice los chistes burdos. Y me gusta cocinar, así que me permití todo. ¿Cuál fue el primer trabajo con el que sentiste que eras famoso? Bueno, con MasterChef entré en todas las casas. Salía a la calle y un nene me decía: Hola, Paulo. Telefe tiene una masividad que te tratan como familiar en la calle. Olga es más reciente y con otro segmento, pero también me pasa. Yo voy a un lugar muy paquete y me conocen. Voy a grabar a un barrio picante y me conocen; y me tratan igual en los dos lugares. ¿Un buen periodista de policiales tiene muchos contactos con la justicia y es amigo de los policías? A lo largo de los años, vas conociendo gente. Y como te conocen, ya te atienden directamente. Yo nunca traiciono una fuente. A mí me respetan por eso. El juez, el fiscal, el policía que habla conmigo sabe que no va a salir. También tenés que tener una personalidad muy especial porque todo el tiempo estás hablando de hechos sobre gente que está sufriendo... Yo aprendí eso hace mucho. Vi muchos periodistas (mucho mejores que yo) que cambiaron de sección y se dedicaron a otra cosa porque les hacía mal. En un momento hay un quiebre en la carrera de un periodista de policiales: o lo tomás como una historia que contar con mucho respeto y mucho compromiso, pero no es tu problema, o dejás... Si una noche no podés dormir porque te angustia un caso, es el momento de cambiar de sección. Yo llego a mi casa y veo videítos de humor para desconectar. Su historia de amor Contame de la Garibotti, esa mujer que conociste hace más de 30 años... ¿Es verdad que era la hermana del DJ de la bailanta? -No, era la hermana del novio del DJ. Yo conocía a la familia de ella, pero no a ella y ahí empezamos a salir. Nunca más nos separamos, ya van 33 años. Ella fue muy generosa conmigo [se emociona]. Ella dio un paso atrás para dejarme crecer. Ella tenía sus cosas, sus intereses, pero se dedicó a criar a los chicos. Ella se quedó en el mismo lugar mientras yo crecía. Ella se dedicó a estirar la guita para mantener a la familia y a criar a los chicos para que yo pudiese crecer. ¿Y nunca te reclamó nada? Ahora sí, cuando vea esto algo me lo va a reclamar [risas]. Le ofreciste casamiento en el medio de MasterChef, ¿qué pasó que no se casaron? Sí, pero no se dio. Fue un juego en MasterChef. Ya estamos bien así. Tenemos cuatro hijos, tres nietos; ya está. Si nos casamos, nos separamos. ¿Cómo es el reencuentro ahora como pareja con los chicos grandes? -Ahora disfrutamos desde otro lado. Somos una pareja grande; nos entendemos. Capaz nos peleamos más ahora, pero por chiquilinadas. Pero disfrutamos desde otro lado, viajamos más. ¿Cómo sos como abuelo? Soy un buen abuelo. No es difícil ser buen abuelo porque el abuelo hace todo lo bueno, lo malo, lo conflictivo o lo engorroso, no es tu responsabilidad. Mis nietos son divinos. Paulina, que es mi informante, tiene 5 años. Pasa algo y me dice: Abuelo, ¿sabés lo que me enteré?. Es tremenda. Después, vino Antonia, la hermana de Paulina, que tiene nueve meses y me compró. Y Salvador, yo le digo el Torito porque es todo morrudo, es el hijo de Pedro. ¿Tu lugar en el mundo es Entre Ríos? Sí, soy de ahí y mi tumba estará ahí en algún momento. Es mi lugar de descanso. No voy tanto ahora por la cantidad de trabajo o porque también disfruto de salir en Buenos Aires. Pero los fines de semana mi cable a tierra es Gualeguay, el río, ir a pescar con mi lancha y mi hermano. Contame algo de tus hermanos... Somos ocho. Somos una banda grandota y cuando podemos nos juntamos; nos llevamos bien. ¿Tienen grupo de WhatsApp? -Sí, se llama Los Kablan. Son muy elitistas, para estar ahí tenés que llevar el apellido [risas]. Historias policiales -Además de la tele, vas a hacer teatro... Sí, Cena Macabra es la obra y la estamos haciendo una vez al mes. Empezamos el 24 de abril en Club Casa Blanca. Hay dos cantantes líricos, hay bailarinas y todo va transcurriendo en historias o en crónicas policiales que cuento yo, pero en el medio te aparece un fantasma. Cuando pasa mucho tiempo, te quedan fantasmas en los expedientes judiciales. Yo cuento esas historias que valen la pena ser escuchadas. ¿Te gusta el teatro? Sí, me encanta. La paso muy bien y aparte lo disfruto con Facu, que es mi presentador. Hasta tiro un pasito de baile. Me gusta que se juntan todos los públicos, gente que me ve en Telefe y chicos de Olga. ¿Cómo fue trabajar con Oriana Sabatini en estos episodios que grabaron para Olga? Son cuatro en total y estamos esperando que venga Oriana para grabar algunos más. La verdad, un placer hacer true crime con ella. Yo la conozco mucho a la mamá (con Cathy estuvimos en MasterChef) y al papá, son gente divina. Oriana es una chica muy preparada, muy generosa que sabe mucho. Le gustan los crímenes, le gustan las historias y estar informada. Grabamos la presentación, elegimos los casos y los hicimos. Además, hay un tercer profesional (puede ser desde un perito hasta un abogado) que nos ayuda a explicar lo que uno no puede hacer desde el periodismo. Si tuvieras que elegir dos o tres casos que te hayan marcado a vos, ¿cuáles serían? -A mí me gustan los casos históricos. Todo lo que sea caso viejo me encanta. En casa, tengo una habitación llena de archivos que la Garibotti me quiere tirar [risas]. De los más recientes, Barreda (lo entrevisté varias veces en la cárcel y estando libre), Nora Dalmasso, María Marta García Belsunce, que fueron grandes papelones judiciales. Familias que fueron destruidas por las malas investigaciones. ¿Consumís historias policiales en ficción? No, poco. Los miro para ver de qué se tratan, pero ni siquiera termino los capítulos. Me gusta leer los casos policiales. Leo casos viejos; siempre ando buscando información. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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