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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 14/04/2026 08:27
El reconocido diseñador Ricky Sarkany se sentó frente a Mario Pergolini en el programa Otro día perdido y en medio del encuentro revivió una de las experiencias más dolorosas y transformadoras de su vida: la muerte de su hija Sofía Sarkany. Durante la charla, las emociones afloraron tanto en el entrevistado como en el conductor, lo que generó un momento de profunda conexión y empatía en el aire. A lo largo de la entrevista, Sarkany repasó el impacto que significó para él perder a su hija, a quien definió como la más chiquita, la primera mujer, la mujer de la cual me enamoré. La conversación transitó recuerdos, aprendizajes y la huella indeleble que dejó la joven no solo en su familia, sino también en el universo de la moda argentina, donde supo construir su propio camino. Sofía se consolidó como una figura central en el diseño y el arte. Creativa y emprendedora, logró destacarse por mérito propio en la industria de la moda, más allá del nombre de su familia. Hija de Ricky, considerado el zapatero más prodigioso de la Argentina, heredó la pasión por el arte y el diseño, impulsando su marca personal y dejando una impronta reconocida en el sector. En marzo de 2021, con 31, atravesaba un momento clave en lo personal. El lunes 22 de marzo, junto a su pareja Tomás Allende, se convirtió en madre de Félix a través del método de subrogación de vientre en Estados Unidos. Apenas una semana después de conocer a su hijo, falleció el 29 de marzo en una clínica de la Florida, rodeada del amor de su familia. La noticia conmovió al ambiente artístico y empresarial argentino, donde Sofía había forjado vínculos y admiración. Su historia, marcada por la búsqueda de la felicidad y la creatividad, resonó más allá de los límites de la moda. En la entrevista, Ricky relató con detalle cómo fue el adiós a su hija, describiendo ese momento como algo que no tiene que ver con las reglas de la vida. Sofía, antes de entrar a terapia intensiva, eligió tres palabras para resumir su recorrido: Fui muy feliz. Esa frase, simple y definitiva, se transformó en la despedida que sus padres conservan como un legado. El diseñador narró el último día de Sofía desde una perspectiva íntima. Explicó que ella ya estaba muy mal, dormía, y sus hermanas se quedaron a su lado, acariciándola y poniéndole las canciones que le gustaban. Cuando todo terminó, recuerda que sus hijas le dijeron: Fue hermoso, papá, fue hermoso. La reacción inicial de Ricky fue de desconcierto y hasta enojo, porque no entendía qué podía tener de hermoso ese adiós. Con el tiempo, comprendió que no hay nada más valioso que despedirse rodeado del afecto de quienes nos aman, en un ambiente de cariño y contención. La idea de una despedida serena y amorosa, cargada de gestos simples y música significativa, fue central en el relato de Sarkany. Ese instante, aunque doloroso, se transformó en un recuerdo luminoso para la familia. El propio Ricky lo expresó así: No hay nada más hermoso que el día que nos toque ir, estar rodeado de toda la gente que nos quiere haciéndonos mimitos, cantándonos nuestras canciones. Estas palabras, compartidas al aire, emocionaron a Mario Pergolini, quien también se vio conmovido por la profundidad del testimonio. A lo largo de la conversación, Sarkany abordó el proceso de duelo y los aprendizajes que le dejó la partida. Destacó que el tiempo nunca es suficiente, pero que haber compartido 31 años con ella fue un privilegio. Subrayó que la vida no se mide solo en cantidad de años, sino en la calidad de los momentos y emociones vividas. El diseñador compartió que Sofía fue millonaria en experiencias y enseñanzas, y que su legado sigue vivo en la familia. Mencionó cómo sus propios hijos y las personas jóvenes a su alrededor le aportaron nuevas miradas para afrontar el dolor y resignificarlo. En uno de los fragmentos más personales, Ricky confesó que tras la muerte de su hija experimentó situaciones que cambiaron su percepción de la vida y la muerte. Se definió como un ateo convencido, pero relató encuentros fortuitos, como el que tuvo con Gustavo Yankelevich -quien sufrió la muerte de su hija Romina- que le hicieron pensar que tal vez exista algo más allá de lo tangible. Yo no debería estar acá. Vos tampoco. A mí me mandaron, le dijo Yankelevich en ese encuentro inesperado, abriendo la puerta a nuevas preguntas sobre el sentido de la existencia. Esa transformación interna lo llevó a perderle el miedo a la muerte y a valorar aún más cada momento. Para él, el desafío es transformar el mayor dolor en el recuerdo más hermoso y seguir adelante celebrando la vida y la memoria de Sofía. El mensaje de Sarkany se resume en el impulso de disfrutar el presente, transformar el sufrimiento en aprendizaje, y honrar a quienes ya no están a través de la alegría y la gratitud. Así, la huella de Sofía Sarkany permanece activa, marcando el rumbo de quienes la amaron y la recuerdan.
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