Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • El síndrome del sofá: el hábito silencioso que apaga la pasión y confirma que la mayoría de los problemas sexuales no son de técnica ni de amor

    » Clarin

    Fecha: 14/04/2026 06:50

    Ver a tu pareja con la ropa interior agujereada, con el mismo pijama de siempre, no tener espacios propios, la presencia constante de los hijos, y ni hablar de que tu pareja no colabore equitativamente en las tareas domésticas. Todo eso muchas veces hace que el otro deje de ser percibido como alguien deseable y pase a ser el compañero de equipo. ¿Te pasa? Así describe una extendida realidad cotidiana la psicóloga y sexóloga Milagros Burgos Recci. ¿Cómo se generará un momento para el sexo o la exploración íntima si las condiciones no acompañan? El deseo necesita contexto, novedad y cierta distancia simbólica. Cuando todo se vuelve predecible (los mismos horarios, los mismos recorridos, las mismas escenas), el deseo se aplana. Aquí es donde aparece lo que llaman el síndrome del sofá, una forma de nombrar cómo esa comodidad doméstica, lejos de favorecer la intimidad, apaga cualquier destello de pasión. Cuando la casa deja de ser un espacio erótico El hogar suele convertirse en un espacio plagado de obligaciones: trabajo, crianza, organización familiar, tareas domésticas El cuerpo deja de estar disponible para el juego erótico. Muchas parejas llegan a consulta diciendo no hay momento para el sexo, y esto no tiene que ver con falta de ganas, dice la psicóloga. En La sociedad del cansancio, Byung-Chul Han describe la lógica actual de autoexigencia permanente que produce agotamiento físico, mental y emocional: cada persona se convierte en su propio jefe, y debe rendir, mejorar, optimizarse y ser productiva de forma constante. En línea con esta modalidad, el autor habla de que el sujeto moderno es un emprendedor de sí mismo, que siente que siempre podría hacer más. Esto, claro, genera estrés, ansiedad y la sensación de no llegar nunca a todo. Estamos agotados física y mentalmente. El estrés y la sobrecarga emocional son hoy uno de los mayores frenos del deseo sexual. El cuerpo pide descanso, no rendimiento, dice Milagros a Clarín. Las pantallas también juegan un rol clave: Muchas parejas se acuestan juntas, pero en lugar de mirarse o tocarse, cada quien se refugia en su celular. Están cerca, pero no conectadas. Las redes y las series ocupan ese momento que antes podía ser de intimidad, conversación o contacto físico. Y el deseo necesita presencia real, no simultaneidad, advierte la sexóloga. La convivencia permanente también genera un efecto paradojal: vemos tanto al otro que dejamos de verlo. En consulta aparece algo muy interesante: personas que dicen mi pareja no me genera deseo, pero que se excitan al verla en otro contexto (con amistades, riéndose, bailando, concentrada en algo propio). Ahí reaparece algo fundamental del erotismo: el deseo por vitalidad y distancia, es decir, la capacidad de volver a mirar al otro como alguien autónomo y deseante, y no sólo como parte de la rutina compartida. Por qué no alcanza con ponerle ganas al sexo Como el deseo no funciona por voluntad, no alcanza con decir tenemos que tener más sexo. Por eso, la psicóloga explica que la mayoría de los problemas sexuales son problemas de comunicación, no de técnica, ni de amor. Hablar de sexo incomoda, porque nos vuelve vulnerables. No estamos acostumbrados: nos da vergüenza, miedo a herir, nervios, y muchas veces nos reímos. Pero empezar a hacerlo (aunque incomode) es una forma de recuperar algo básico: el diálogo, el consentimiento, el disfrute y una sexualidad más consciente. Algunos pequeños cambios que pueden ayudar a salir de ese síndrome del sofá, según Burgos Recci: - Revisar la distribución de tareas domésticas. El cansancio y la inequidad apagan el deseo. - Pensar la sexualidad como un área más de nuestra vida. Entonces, así como nos ocupamos del trabajo, la pareja y los hijos, empecemos a ocuparnos de nuestro placer. - Volver a verse en contextos distintos, como una cita, una escapada, un espacio sin hijos ni agenda. - Cuidar los momentos sin pantallas, especialmente en la cama. - Hablar de lo que enciende (acelerador) y de lo que apaga (frenos) el deseo. Por ejemplo, hay personas a las que el estrés les inhibe las ganas y necesitan descanso o mimos; otras, se desestresan con sexo. No todos funcionamos igual. - Empezar por lo bueno: decir qué sí gusta, qué sí funciona. ¡Decir halagos! Hablar no asegura que todo se solucione, pero el silencio sí asegura distancia. - Pedir ayuda antes de que la relación esté al límite. La terapia sexológica o de pareja es un recurso más; no se trata de salvar vínculos a cualquier costo, sino ayudar a que las personas puedan adaptarse a su contexto vincular de la manera más sostenida posible. La intimidad no se pierde de un día para el otro, se va apagando en silencio. Pero puede volver a encenderse cuando se la nombra, cierra la psicóloga. Newsletter Clarín

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por