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  • Vida bajo alarma: un uruguayense en Israel

    Concepcion del Uruguay » La Calle

    Fecha: 12/04/2026 14:34

    Víctor Niño, oriundo de Concepción del Uruguay y radicado en Rejovot, compartió su experiencia en medio del conflicto entre Israel e Irán. De paso por su ciudad natal, analizó cómo se vive el día a día bajo alerta constante y qué impacto tiene la guerra en la sociedad. Por: Matías Dalmazzo Víctor Niño tiene 69 años y en mayo cumplirá 70. Nacido en Concepción del Uruguay, hace décadas reside en la ciudad de Rejovot, en Israel, donde lleva adelante su vida junto a su familia. De visita por unos días en su ciudad natal a la que regresa con frecuencia, dialogó con la redacción de La Calle antes de emprender su regreso la próxima semana. En una entrevista directa, ofreció su mirada sobre el conflicto bélico entre Israel e Irán y relató cómo se vive, en lo cotidiano, una realidad atravesada por alertas, refugios y tensiones constantes. -¿Cómo describís tu vida diaria en Rejovot desde que se intensificó el conflicto en Israel? -Ante todo, hace ya 48 horas se estableció el cese del fuego en el conflicto entre Israel e Irán (la entrevista se realizó entre miércoles y jueves de esta semana). Este conflicto es real, ya que Irán tenía como objetivo avanzar hacia el desarrollo de armas nucleares, no solamente misiles balísticos, y esa es la base de la tensión. Contestando a tu primera pregunta, mi vida diaria no cambió mayormente. Seguí trabajando casi de la misma manera e incluso mantuve mi actividad deportiva prácticamente igual que antes. En mi caso, esto fue posible porque no tengo hijos pequeños que dependan de la escuela. Las instituciones educativas interrumpieron su actividad durante las primeras tres o cuatro semanas. Por ejemplo, las universidades retomaron sus actividades después de ese período, pero las escuelas tanto primarias como secundarias no lo hicieron en el mismo plazo. -¿Qué cambios concretos notaste en tu rutina, en cuestiones simples como salir a hacer compras o practicar alguna actividad recreativa? -Mi rutina cambió muy poco, verdaderamente muy poco. En cuanto a las actividades recreativas, como salir o encontrarse con amigos, al principio, por supuesto, no lo hacíamos. Pero más adelante retomamos esas salidas, siempre teniendo un refugio cerca. De todos modos, prácticamente en todos lados hay refugios, así que eso permite cierta tranquilidad. En mi caso personal, los cambios fueron mínimos. Con respecto a hacer compras, recuerdo que nos ocurrió una vez: salí con mi esposa y hubo una alarma. Como en la mayoría de los lugares, el supermercado contaba con un espacio de refugio para los clientes. -¿Cómo se vive el tema de las alertas y los refugios en una ciudad como Rejovot? ¿Forma parte natural del día a día? -En una ciudad como Rejovot, el sistema de alertas está muy integrado a la vida cotidiana. Cuando un misil es disparado desde Irán, se detecta su trayectoria y la zona hacia la que se dirige. A partir de esa información, las personas que se encuentran en esa área reciben una alerta en sus teléfonos celulares, sin importar la hora del día. Esta alerta indica que, dentro de tres o cuatro minutos, puede sonar la alarma. En ese momento, cada persona debe dirigirse rápidamente a un refugio. La posibilidad de que suene la sirena es real, y por eso la reacción debe ser inmediata. Se puede decir que en una ciudad como Rejovot, la gran mayoría de la población prácticamente todos sus habitantes tiene acceso a un refugio o la posibilidad de llegar a uno a tiempo. Por eso, aunque las alertas forman parte del día a día, también existe una preparación constante para actuar con rapidez ante cualquier situación. -¿Qué es lo que más te impacta en lo personal de esta situación bélica? -En lo personal, lo que más me impacta de esta situación bélica es ver a la gente, especialmente a los chicos. Muchos niños viven situaciones de mucha tensión porque sus madres entran en estados de ansiedad exagerados, y ellos absorben todo eso. Eso puede generar ciertos tipos de traumas que, en muchos casos, podrían ser evitados. Y esto resulta aún más fuerte en un país que, de alguna manera, está acostumbrado a vivir este tipo de situaciones. -¿Cómo influye el contexto de guerra en el estado de ánimo de la gente con la que convivís? -El ánimo de la gente está por el piso. Muchas veces, lamentablemente, se pierden las proporciones. A pesar de la experiencia que existe en este tipo de situaciones, no se le puede exigir a la gente que lo tome con calma o que actúe de manera completamente racional. No se puede pretender eso en un contexto así. Por eso surgen traumas y también cierto nivel de desesperación y angustia. -¿Qué diferencias notás entre lo que se imagina desde Argentina y lo que realmente se vive allá? -No sé, la verdad es que no tengo una respuesta clara. Te diría que es algo bastante personal. Con la gente con la que hablo, muchas veces se pierden las proporciones, así que no sabría definir bien esa diferencia. En general, en Argentina no se consumen tantas noticias sobre lo que pasa tan lejos, y la gente no está muy informada. A veces el tema toma relevancia cuando impacta en cuestiones concretas, como el precio de los combustibles, por ejemplo. De todos modos, la diferencia principal es clara: cuando te toca vivirlo en primera persona es una cosa, y cuando lo escuchás desde lejos por más distorsionado que esté es otra completamente distinta. -¿Qué rol juega la comunidad en momentos así? ¿Se fortalecen los vínculos entre vecinos? -Por ejemplo, en mi caso, el refugio es compartido con el vecino. Es un refugio antiguo, de hace 50 o 60 años, que está en el patio. Como son dos casas iguales y pegadas, tenemos un refugio en común, y ahí nos encontramos con los vecinos. En general, hay cierto acercamiento entre las personas. Sin embargo, como muchos tienen su propio refugio, ese vínculo no siempre se intensifica tanto. Me pasó, por ejemplo, que un día salí a correr con un amigo, sonó la alerta y nos acercamos a una pieza blindada que hay en un cruce de caminos. Esperamos a ver si sonaba la alarma; finalmente sonó y entramos. Éramos 11 personas. Por supuesto, en ese contexto se entabla conversación. No tengo experiencia personal de estar varias veces al día en refugios con 20, 30 o 40 personas, aunque sí sé que ocurre por ejemplo, en el caso de mi hijo. En esas situaciones, naturalmente hay interacción: la gente comenta, algunos están más tranquilos y otros, menos. -¿Cómo se informa la población en Israel y qué percepción tenés sobre el tratamiento de la guerra en los medios? -En esta guerra se da la situación de que una gran parte de la población diría que alrededor del 95 % estuvo a favor de una postura muy firme frente a Irán. Existe la percepción de que no se puede permitir que el régimen de los ayatolás, con más de 47 años de gobierno autoritario y opresión, continúe amenazando a Israel de esa manera. A esto se suma la preocupación por el desarrollo de uranio enriquecido con fines militares, que se percibe como un paso cercano hacia la posibilidad de construir armas nucleares. La idea de que ese tipo de armamento esté en manos de un régimen considerado extremista genera un fuerte rechazo. Es algo que muchos sienten que no puede ni debe suceder. Como mencioné antes, esta postura es mayoritaria en la población, e incluye incluso a muchos árabes israelíes, que representan cerca de 2 millones dentro de los aproximadamente 10 millones de habitantes del país. En general, hay conciencia de que la situación vinculada a las amenazas del régimen iraní no podía continuar de la misma manera. Por otro lado, también se reconoce que una destrucción total de Irán es imposible. Se trata de un país con más de 90 millones de habitantes y una gran extensión territorial. Su poderío militar no puede eliminarse completamente, y además, ese sistema político ha logrado sostenerse durante décadas mediante un fuerte control sobre la población. Algunos comparan esa prolongada situación de control y represión con procesos históricos de otros países, como lo que fue la dictadura en Argentina, para dimensionar el nivel de opresión vivido durante tantos años.

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