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  • El espejismo del GNC: por qué el boom porteño no se ve en Paraná

    Parana » Uno

    Fecha: 12/04/2026 12:20

    Los combustibles no paran de aumentar en las últimas semanas. Si bien desde el Gobierno nacional se decidió congelar los precios por 45 días, en una medida que dista bastante de las regulaciones del propio mercado, lo cierto es que en el último tiempo aumentaron un porcentaje importante y, lógicamente, eso repercute en el bolsillo del ciudadano común que todos los días ve como su poder adquisitivo no deja de adelgazar. El espejismo del GNC: por qué el boom porteño no se ve en Paraná Mientras en CABA las consultas se duplicaron tras los últimos aumentos de la nafta, en la capital entrerriana el escenario es muy distinto. En este marco, la economía argentina suele comportarse de manera diversa a lo largo y ancho de su extensa geografía. Por caso, mientras los medios nacionales y los talleres de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), y también otras urbes del país, celebran un renacimiento del Gas Natural Comprimido (GNC) ante la escalada del combustible líquido, en la ciudad de Paraná el panorama es muy diferente. Es así entonces que, lo que en la Capital Federal se vende como el boom otra vez de la instalación de equipos de GNC, como ocurriera años anteriores, en la capital entrerriana la realidad totalmente diferente. Dos pizarras distintas En los últimos días, por citar el caso del terruño bonaerense el metro cúbico ronda los 600 pesos y con una nafta que supera los 2.000, eso permite un ahorro que amortiza la inversión de un equipo en apenas cuatro meses. Es por eso que, según los medios de aquella parte de la Argentina, la demanda se quintuplicó y se piden turnos para la instalación en el menor tiempo posible. Sin embargo, por esta zona, los números cuentan otra historia. En Paraná, el precio del GNC coquetea los 1.000 pesos por metro cúbico, situándose cerca del 50% o 60% del valor de la nafta súper, una distorsión que un poco termina con la histórica frase de la regla del tercio. ¿Qué significa esto? Que históricamente, el GNC costaba cerca de un tercio del valor de la nafta súper, pero actualmente se ubica en niveles que reducen significativamente el ahorro. De esta manera, el usuario, al menos en el caso del paranaense, el que usa el auto para trabajar o para el traslado diario, mira con desconfianza la conversión e inversión. Qué pasa en Paraná El costo de instalación de un equipo de quinta generación,necesario para la mayoría de los vehículos modernos, según los datos relevados por UNO, hoy representa una cifra que oscila entre los 1.2 y 1.5 millones de pesos. Después, claro, y según se explicó, depende de los requerimientos del cliente en particular. Es poca la demanda, expresaron desde uno de los comercios especializados en la instalación de equipos que funcionan en la capital entrerriana. En el negocio no vemos eso que dicen los medios de Buenos Aires. La realidad acá es que hace un tiempo viene demasiada tranquila la situación y sin dudas que nos preocupa. El momento que se atraviesa no se trata de una caída estacional, sino de un cambio de paradigma. De realizar unas 60 instalaciones años atrás, hoy hacemos unas cuatro, en promedio, por semana, dijeron desde el comercio ubicado en Avenida Almafuerte. Con el aumento de los combustibles, ¿aumentaron los llamados por consultas? Llama un poco más la gente para preguntar, pero la instalación de equipos en sí viene siendo baja desde hace bastante tiempo. Hoy, la verdad, no es tanta la diferencia que se hace teniendo en cuenta el valor del gas con la nafta por ejemplo. En Paraná, el conductor diario y el laburante del volante han sido históricamente defensores del GNC. Pero hoy, frente al surtidor local, la realidad es otra bien diferente: el ahorro mensual a duras penas alcanza para cubrir la cuota de un equipo o los gastos de mantenimiento técnico exigidos por el Enargas. En conclusión, en Buenos Aires el GNC es la respuesta a la crisis, en Paraná se ha convertido en una dinámica totalmente diferente. El mantenimiento Si bien en Paraná, como se contó en la nota, la demanda de equipos de GNC es baja, bien vale hacer la salvedad que se realizan instalaciones todavía. Entonces, para los que se preguntan una vez colocado el equipo que mantenimiento requiere, todos los años hay que renovarle una oblea cuesta en promedio 50.000 pesos, aproximadamente. En tanto que, cada cinco años, hay que hacerle al equipo una prueba hidráulica para saber si sigue en condiciones, la prueba, la oblea y el cambio de válvula de cilindro ronda en los 230.000 pesos (hoy), si la válvula es importada. Además, hay que hacerle un mantenimiento al equipo: al reductor, a la rampa de inyección, se cambia el filtro de gas y las mangueras de gas cuando llegan a los 90.000 o 100.000 kilómetros. Hay un dato que es insoslayable y es que el ahorro para los que trabajan en taxis, aplicaciones o remises es indudable. No lo es tanto para algunos particulares a la hora de ver el ahorro. Una mirada especializada El mercado del Gas Natural Comprimido atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. Así lo sostiene Luis Navas, consultor especializado en GNC, quien describe un escenario de caída sostenida y advierte que, sin medidas urgentes, la tendencia podría profundizarse. El mercado está mal, tenemos que evitar que esté peor, resume. Históricamente, en períodos de crisis o pérdida de poder adquisitivo, el GNC crecía como alternativa económica frente a la nafta. Sin embargo, ese comportamiento anticíclico ya no se verifica. Hace cinco años estaba en una meseta, ahora está en decadencia, afirma. Según sus estimaciones, el sistema pierde alrededor de 100 mil vehículos por año. Las conversiones son negativas: salen más autos del sistema -por obsolescencia o por no renovar la oblea- de los que ingresan mediante nuevas instalaciones. Esto se debe parar, alerta. Entre las causas principales, Navas señala que el GNC desapareció de la agenda del consumidor promedio. Un comprador de su primer vehículo cero kilómetro, generalmente entre 25 y 40 años, ya no considera la conversión como opción. No sabe que existe, nadie se lo ofrece, no registra el ahorro potencial, simplemente no está en su radar, explica. A esto se suma un cambio en el parque automotor. Los vehículos actuales son de menor cilindrada y menor consumo de nafta, lo que reduce el incentivo económico para convertirlos. Además, el precio del kit de conversión con su cilindro correspondiente y la falta de financiación accesible desincentivan la decisión. Frente a este panorama, el consultor advierte que la caída continuará si no se toman medidas coordinadas. Y plantea que la respuesta debe involucrar a todos los actores del sistema: distribuidoras, estaciones de carga, fabricantes, importadores, productores de equipos completos, talleres de montaje, centros de revisión periódica de cilindros, organismos de certificación, servicios técnicos y representantes técnicos.

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