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  • Vecinos vs. alquileres temporarios: ruidos, rotación y una convivencia en tensión sin reglas claras

    » TN

    Fecha: 12/04/2026 07:05

    El fenómeno de los alquileres temporarios ya no es solo una tendencia del mercado inmobiliario, sino que se convirtió en un punto de fricción cada vez más visible en la vida cotidiana de quienes habitan edificios y barrios cerrados. Lo que para algunos propietarios representa una gran oportunidad de ingreso, para otros se traduce en una convivencia más tensa, atravesada por conflictos recurrentes. El cambio, coinciden especialistas, no es menor. Pasamos de un modelo de vecindad estable a uno de hotelería atomizada, explica la abogada Mariela Valle, especialista en propiedad horizontal. Y suma: La infraestructura de un edificio residencial no está diseñada para el flujo constante de turistas. El uso intensivo de ascensores, pasillos y servicios genera desgaste y aumenta los ruidos, lo que afecta la tranquilidad que el propietario permanente espera de su hogar. Una convivencia en tensión En el caso de los edificios, en los últimos años, la vida empezó a cambiar, y bastante. Lo que antes era más o menos previsible los mismos vecinos, ciertos horarios, rutinas compartidas hoy convive con un movimiento constante de gente que entra y sale todo el tiempo. Bolsos en el ascensor, caras nuevas cada fin de semana y usos del espacio que ya no son los de siempre empiezan a formar parte de la escena cotidiana. El viraje constante de ocupantes es uno de los principales factores detrás de los conflictos. A diferencia del alquiler tradicional, donde el inquilino termina formando parte del edificio, el huésped temporario llega por pocos días y se maneja de otra manera. La tensión radica en la ausencia de compromiso con la comunidad, señala Valle. El huésped está en modo vacaciones: maneja otros horarios, otros niveles de ruido y un uso distinto de los espacios comunes. En la práctica, eso se ve en cosas bastante concretas como las reuniones en horarios de descanso, la pileta o el gimnasio usados como si fueran de un hotel, y un desgaste más rápido de los espacios comunes. Y muchas veces, los reglamentos no alcanzan para ordenar estas situaciones. Leé también: Cambios en los alquileres temporarios: cuál es la nueva obligación que deben cumplir los propietarios en CABA Los conflictos, además, no quedan ahí. Suelen escalar entre vecinos: quejas por ruidos a la madrugada, daños en espacios comunes o problemas de mantenimiento en departamentos donde el dueño ni siquiera está presente. Situaciones que se repiten cada vez más y que, en algunos casos, terminan en mediaciones o incluso en la Justicia. Seguridad y control: el punto más sensible Y, más allá de las molestias cotidianas, hay un punto que aparece de forma recurrente en los reclamos: la seguridad. En muchos edificios, la circulación constante de personas desconocidas empieza a generar incomodidad y rompe con algo bastante básico, que es saber quién es quién dentro del lugar donde se vive. Sin contar que, dependiendo de la zona y el edificio, cuentan con amplia o escasa seguridad. La rotación constante es el punto más crítico, advierte Valle. La entrega de llaves o códigos de acceso a desconocidos vulnera la tranquilidad de los vecinos. En lo cotidiano, se pierde el control de quién es quién en el ascensor o en los espacios comunes, lo que genera un estado de alerta permanente. Esa sensación no es menor y suele impactar especialmente en familias o personas mayores, que perciben con más intensidad la falta de referencias dentro del edificio. A eso se suma que, en muchos casos, los ingresos y egresos no siempre quedan registrados de manera clara, lo que dificulta aún más el control de quién vive en un mismo piso. Frente a este escenario, la tecnología patea la puerta y empieza a ocupar un rol clave. En edificios con alta rotación, saber quién ingresa y quién egresa es fundamental, explica Albano Laiuppa, director de ConsorcioAbierto. Desde el registro de huéspedes, vehículos y mascotas hasta los sistemas de control de accesos, estas herramientas permiten llevar un seguimiento más preciso y ordenar una dinámica que, de otra manera, se vuelve difícil de manejar. Leé también: Entre las apps y los alquileres temporarios, el negocio de los hoteles alojamiento está en crisis En ese sentido, la digitalización no solo apunta a mejorar la seguridad, sino también a recuperar cierta previsibilidad en la vida cotidiana del consorcio. Cuando hay información clara, accesos controlados y reglas más visibles, el margen de incertidumbre se reduce y la convivencia se vuelve más manejable. Este tipo de tensiones, además, no son exclusivas de la Argentina. En ciudades europeas como Madrid, aclaran, el crecimiento de los alquileres temporarios derivó en regulaciones más estrictas, en un intento por equilibrar el negocio turístico con el derecho a la vivienda y la convivencia. En la práctica, muchos consorcios optan por soluciones intermedias: no prohíben la actividad, pero establecen condiciones más estrictas, como límites en el uso de amenities, registros de huéspedes o incluso costos diferenciales por el uso intensivo de servicios. En este escenario, el debate sobre los alquileres temporarios deja de ser una discusión aislada entre vecinos para convertirse en un tema estructural dentro de la vida en consorcio. La falta de reglas claras, sumada al crecimiento sostenido de estas plataformas, expone la necesidad de actualizar marcos normativos y prácticas de convivencia que quedaron desfasadas frente a esta nueva dinámica. Leé también: Cuáles son los barrios más baratos de CABA para alquilar un departamento Hoy muchos reglamentos de copropiedad no contemplan este tipo de usos, y eso genera zonas grises que terminan en conflicto, dice la abogada. En esa línea, advierte que cualquier intento de regulación deberá buscar un equilibrio entre el derecho de los propietarios a disponer de sus unidades y el derecho del resto de los vecinos a vivir en condiciones previsibles. Desde la gestión, la tecnología aparece como una herramienta que puede ordenar, pero no resolver por completo el problema. Las plataformas ayudan a tener más control y a transparentar la información, pero no reemplazan la necesidad de acuerdos claros entre los vecinos, sostiene Albano Laiuppa. Así, lejos de ser un fenómeno pasajero, los alquileres temporarios plantean un cambio de fondo en la forma de habitar los espacios compartidos. El desafío, coinciden especialistas, no pasa por frenar su avance, sino por establecer reglas que permitan compatibilizar intereses en tensión y sostener una convivencia posible en un escenario que ya cambió.

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