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» La Nacion
Fecha: 11/04/2026 22:40
El Boca alternativo no estuvo a la altura y empató con Independiente por un polémico penal cobrado por Merlos Boca lo pensó como una prueba; Independiente, como una oportunidad ideal. En ese cruce de prioridades y necesidades, ninguno terminó de imponerse: uno, con equipo alternativo, nunca salió del todo de la lógica de dosificar esfuerzos y pensó en la Copa Libertadores; el otro, que venía de ganar el clásico, pagó su falta de ambición y no logró capitalizar el contexto. El empate 1-1, entonces, terminó siendo una síntesis bastante fiel de lo que cada uno ofreció en la cancha. Liberados de tensiones y sin la urgencia de otros tiempos, Boca e Independiente armaron un primer tiempo entretenido, en el que las imprecisiones de ambos le dieron al partido un ritmo de ida y vuelta, con más vértigo que claridad. Boca fue un equipo lento, que buscó ser prolijo pero cayó rápidamente en una parsimonia excesiva y perjudicial. Jugó al ritmo de Ander Herrera: ordenado con la pelota, pero demasiado pausado en las transiciones y en la circulación; mientras que el Rojo, agazapado, aunque también más directo, y así consiguió llegar con cierta profundidad. Boca tuvo más la pelota, pero la utilizó poco y mal: acumuló pases laterales, no progresó y, tras cada pérdida, dejó al descubierto desacoples defensivos. Alan Velasco, por izquierda, intentaba cambiar el ritmo, aunque el volante, que volvía a la titularidad luego de dos meses y medio, no estuvo fino en el último pase y se fue diluyendo con los minutos. En esa línea, fue notoria la diferencia de jerarquía y de presente entre jugadores como Lautaro Blanco, Leandro Paredes, Tomás Aranda y Adam Bareiro -todos en el banco, salvo el capitán, que cumplió la fecha de suspensión- y futbolistas que venían sin rodaje, como Malcom Braida, Tomás Belmonte, Velasco y Milton Giménez, que, peleado con el arco, pese al gol de penal, desperdició dos chances claras. El penal fue penal, fue claro. Se revisó y nosotros lo vimos también. Hay una infracción clara. Y hay una mano muy clara del jugador de Independiente. Al ser una jugada que terminó mucho después, la pasaron de largo, pero fue el inicio de la jugada del gol de Independiente. Independiente, que precisaba ganar para asegurarse al menos por una fecha más entre los ocho mejores, fue inteligente en lo conceptual: le cerró a Boca los caminos por las bandas y buscó salir de contra con la velocidad de Matías Abaldo y el criterio de Ignacio Malcorra. Sin embargo, cometió errores no forzados tanto en ataque como en defensa, que derivaron en pérdidas en zonas inconvenientes y provocaron situaciones de riesgo. Así, y luego del buen gol del uruguayo Abaldo, con una media vuelta casi sin ángulo que venció a un desorientado Agustín Marchesin, Independiente dio la sensación de conformarse demasiado rápido y Boca avanzó más por inercia que por juego, empujado por un Independiente que defendía bien plantado pero que cada tanto dejaba alguna grieta. Cuando el Rojo parecía encaminarse a irse al descanso en ventaja, después de que Giménez, Marco Pellegrino y Tomás Belmonte hubieran tenido posibilidades de igualar, llegó la jugada de la polémica: Sebastián Valdez, el mejor de la última línea, tocó abajo a Velasco, en un roce que Andrés Merlos no consideró penal en primera instancia, pero que luego sancionó a instancias del VAR, a cargo de Lucas Novelli. Por protestar, Quinteros fue expulsado, por lo que el segundo tiempo lo dirigió Leandro Desábato. Para mí no fue penal. La vi en la tablet, en el banco. Me extrañó porque fueron al banco y se cobró. Después de eso, hubo un bajón anímico. Merlos condujo y dirigió bien en líneas generales, pero que sancionó mal el penal aún viendo la acción en el VAR. No es la primera vez que su nombre aparece en un cotejo polémico. Boca, que había terminado mejor el primer tiempo, se sintió en condiciones de ganarlo, y Ubeda buscó un plus con los ingresos de Bareiro y Miguel Merentiel, que le dieron otro peso a cada ataque y exigieron más a los centrales de Independiente, obligados a desdoblarse en los cruces y a ajustar la salida para neutralizar la presión y contener las diagonales. Pero a Boca, con Velasco intermitente, le faltó conducción y, así, volvió a depender de las fallas del rival para generar algo de riesgo, como en esa acción en la que Gabriel Ávalos se quedó protestando una falta, perdió la pelota y terminó con Rey tapándole el 2-1 a Merentiel. La lluvia del segundo tiempo levantó a la Bombonera e impulsó a Boca cuando el partido caía en la intrascendencia. Santiago Ascacibar y Exequiel Zeballos -volvió luego de dos meses- ingresaron en ese momento en que el agua empezó a condicionar el juego. Pero el equipo, lejos de contagiarse del clima y del empuje de la gente, volvió a diluirse en la misma falta de ideas. Independiente sintió el peso de la jerarquía de Boca y casi de manera automática retrocedió unos metros. Pero, ante la insipidez ofensiva del rival, se animó a adelantarse y disputar el partido más arriba, aunque en el tramo final armó una línea de cinco para ocupar mejor el ancho y no sufrir de más. Pudo haber lastimado en el cierre, pero le faltó presencia en el área, decisión para ir a buscarlo y un goleador entero: Ávalos hacía rato que estaba agotado. Lo mejor del partido En Boca, el banco de ensayos de Ubeda dejó una conclusión clara: la brecha entre titulares y suplentes quedó expuesta y dejó en evidencia que la doble competencia no será sencilla. De todos modos, el punto lo dejó al borde de la clasificación en el Apertura y estiró a 11 los partidos sin perder, una racha que sostiene la confianza. Los titulares que entraron se mostraron desconectados, con la cabeza en otra cosa, y no lograron marcar la diferencia. Este martes, el Xeneize recibe a Barcelona de Guayaquil por la segunda fecha de la Copa Libertadores, y el domingo visitará a River en el Monumental. A ambos, el resultado previo les permitió encarar el partido con otra soltura, sin la obligación de ganar a cualquier costo. El foco de Boca estaba más allá; para Independiente, el punto terminó siendo negocio. Así, entre lo que no arriesgaron y lo que no pudieron, terminaron firmando un empate que no les sentó del todo mal.
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