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  • El trauma que atraviesa generaciones: afirman que la Argentina arrastra heridas colectivas no resueltas

    Parana » Radio La Voz

    Fecha: 11/04/2026 17:10

    La especialista Flavia Valgiusti advirtió sobre la persistencia de las crisis sociales en el ADN y la urgencia de humanizar los conflictos. La abogada y psicóloga social Flavia Valgiusti sostuvo que los traumas colectivos provocados por crisis políticas, sociales o bélicas pueden persistir durante generaciones y moldear la identidad de las sociedades. La especialista explicó que estas experiencias no procesadas afectan la dignidad, la pertenencia y la cohesión comunitaria, y advirtió que en la Argentina persisten síntomas vinculados a ese fenómeno, como la polarización y la dificultad para construir consensos. Durante una entrevista, Valgiusti repasó su trayectoria y señaló que su interés por el derecho surgió en el contexto de la dictadura militar. Esto nace también de un trauma porque fue durante el período de la dictadura militar. A mí siempre me inquietaron los temas sociales y habían cerrado muchas carreras, elegí derecho un poco porque era la opción en ese momento, relató. La especialista se formó en la Universidad de Buenos Aires y luego amplió sus estudios en el exterior, orientándose a la investigación de los traumas colectivos. Según explicó, su experiencia como jueza de menores le permitió observar patrones repetidos dentro de las familias. Empecé a advertir cómo en las mismas familias aparecían los mismos traumas generación tras generación. Vi que había algo que era también familiar, cultural y social, indicó por Splendid AM 990. Esa observación la llevó a especializarse en lo que definió como ley informada por el trauma, con trabajos realizados en países como Colombia, Venezuela, Macedonia y Líbano, además de consultorías para UNICEF. La especialista explicó que los traumas colectivos impactan en dimensiones profundas de la vida social. Cuando un trauma afecta las bases de legalidad de la sociedad, la convivencia y la supervivencia como comunidad, se necesitan tres o cuatro generaciones para elaborarlo, afirmó. En ese sentido, señaló que el fenómeno no se limita a situaciones bélicas. Aunque no haya una guerra, existe el trauma social. Lo que afecta es la identidad, la autoestima y la capacidad de estar conectados con el presente, sostuvo. Valgiusti también hizo referencia a los avances científicos que respaldan estas dinámicas, particularmente la epigenética. Un trauma que pasa una generación se transmite a las generaciones subsiguientes. No en el cambio del ADN, pero sí en la expresión de los genes, explicó, y añadió que experiencias como hambrunas o violencia prolongada pueden manifestarse décadas después en comportamientos sociales o problemas de salud. Al analizar la situación argentina, la especialista consideró que el país arrastra heridas históricas. Arrastramos traumas colectivos sin resolver. Se polarizan las posiciones, no se logra ver las distintas dimensiones de los conflictos y hay cierta superficialidad en cómo se tratan los temas, afirmó. En esa línea, vinculó la polarización con un síntoma del trauma: La grieta es polarización, la polarización es desconexión y la desconexión es un síntoma del trauma colectivo. La investigadora subrayó que la recuperación requiere procesos colectivos y no sólo individuales. Los traumas colectivos hay que trabajarlos a nivel comunitario. No hay resolución personal, sostuvo. Según explicó, la reconstrucción de los lazos sociales, la cultura y la familia cumplen un rol central en la integración de esas experiencias. Además, advirtió sobre el impacto de los conflictos actuales y el papel de la tecnología. La tecnología ha aumentado las víctimas civiles. Mueren niños, mujeres, se desmiembran familias y hay desplazamientos geográficos de gente que no puede volver a su casa, señaló. También cuestionó la falta de previsión de los liderazgos políticos: Me llama la atención la ceguera que tienen los líderes de no comprender estos procesos tan profundos. Finalmente, Valgiusti remarcó la importancia de humanizar al otro como vía para superar la polarización. El otro es una etiqueta y no lo podemos humanizar. Una vez que uno reconoce la humanidad en el otro, se crea un lazo indestructible, afirmó, y concluyó que ser testigos conscientes de lo que ocurre en el mundo también nos toca, nos provoca dolor y forma parte del llamado trauma vicario.

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